En los albores de una nueva temporada
EL REPASO
La Medalla de Andalucía de Morante o la presentación de la encerrona madrileña de Borja Jiménez en Pinomontano marcaron una semana en la que no hubo tregua
Morante estará dos tardes en la Feria del Caballo
Borja Jiménez invoca la figura de Sánchez Mejías en Pino Montano
Las cocinas del toreo andan a tope y la semana que se fue -prácticamente sin salir del ámbito hispalense- ha sido una buena muestra del frenético ritmo de los acontecimientos de esta peculiar cuaresma taurina que camina paralela a la litúrgica. Si en la Puerta de Carmona se anuncian capirotes -la célebre pancarta, que forma parte del patrimonio sentimental de la Semana Santa, se ha hecho de rogar- en el planeta de los toros se diseñan estrategias y se suceden actos de todo pelaje mientras crece la certeza del comienzo de una nueva campaña que ya ha calentado motores en Sanlúcar la Mayor, Écija, Cantillana o en el singular festival de Pineda.
Pero a la vez que estrenamos soles y oreamos humedades las conversaciones con los criadores de bravo, los grandes sufridores en casa, giran en torno al calamitoso estado del campo tras este invierno de lluvias torrenciales. Los veedores y conocedores avisan del problema que se viene encima. Las reses de las primeras ferias saldrán a la plaza prácticamente desde el barro, con dificultades de alimentación y sin estar puestas como debía ser habitual para estas fechas. La primavera, eso sí, será esplendorosa. Habrá que tenerlo en cuenta…
De San Telmo a Plaza Nueva…
Pero ha habido otros temas de conversación y sobre todo hay que celebrar como merece la ubicación del toreo en los mejores estratos sociopolíticos: ahí está la entrega de la Medalla de Andalucía de la Cultura y el Patrimonio a Morante de la Puebla. La distinción no podía ser más oportuna y además de reconocer la dimensión artística del genio cigarrero certifica la grandeza de una de las ramas de las artes populares que más y mejor se identifica con la región. Premiando a Morante también se galardonaba y engrandecía la tauromaquia a la altura que merece.
Pero mientras el diestro de La Puebla ensancha su aura había vuelto a pasar la oportunidad de recoger en tiempo y forma el Premio Taurino Ayuntamiento de Sevilla que, por ahora, se queda sin fecha y sin hora. Cosas del genio.
Y ya que hablamos de Morante: el artista de La Puebla sigue ampliando su agenda camino de una temporada global que, eso sí, ha prescindido de los fielatos del primer tramo de la campaña. Al despliegue de Sevilla le seguirán las dos tardes de Jerez y el bolo de Nimes; se asegura su presencia en Ronda; tiene compromiso en Zaragoza… La varita del mago ha convertido una retirada en un tour de arte y ensayo en el mejor momento de su vida artística. Ojalá le acompañe la salud, para el bien de los aficionados.
…pasando por Pino Montano
No fue el único acto potente de la semana que quedó atrás. Borja Jiménez había convocado a una maciza representación de las huestes del toreo, la sociedad, la política y la cultura en las estancias de Pino Montano para presentar su gesta madrileña. Ya es sabido: el diestro de Espartinas se encerrará con seis toros en memoria de Ignacio Sánchez Mejías.
La evocación del polifacético diestro de la Edad de Plata planeaba en ese acto, maravillosamente conducido por Antonio García-Barbeito, que tuvo el sello de las cosas bien hechas. Sobró metraje en alguna alocución innecesaria pero quedó claro el sentido y la oportunidad de una corrida que tiene sabor a pronunciamiento para un torero al que no le regalan nada.
A nadie se le escapa a estas alturas que Borja sobra o molesta en según qué carteles. Ahí está el órdago reciente en la presentación de la isidrada -retó a Roca Rey, con el que no se cruza ni en el ascensor- o las cuentas del Gran Capitán que iba a echar después su apoderado, Julián Guerra abriendo la caja de Pandora. La ausencia del empresario Rafael García Garrido en Pino Montano fue elocuente. La marejada es evidente.
Tardes de Soledad en los Goya
Pero no se vayan todavía, que aún hay más, el pasado sábado se celebró la inevitable gala de los Goya. La película Tardes de soledad fue premiada como mejor documental alargando la extensa lista de reconocimientos al trabajo de Albert Serra que, con su descarnada visión de la intimidad del toro y el torero, ha llevado la dimensión taurina a órbitas insospechadas en las que los toreros son mirados con desdén. Convendría estarle agradecido por más que se quieran sacar interpretaciones infinitesimales de su discurso. Por cierto, a nadie se le ocurrió invitar a Roca Rey, su protagonista.
En contraposición, el gobierno no ha perdido la oportunidad de echar otro palo a la rueda prohibiendo los espectáculos cómico taurinos con la presencia de los clásicos enanitos toreros. Dejemos a un lado el flagrante atentado contra la libertas de esos toreros menudos, cada vez menos, que sentían y amaban lo que hacían. Desgraciadamente era una actividad en recesión, casi desaparecida. No se habrían atrevido con ella en su apogeo.
Una hermosa idea para el 12O
Mientras tanto en algunas esquinas del toro se habla de una hermosa idea a la que, a día de hoy, no podemos aventurarle el recorrido. El asunto giraría en torno a convertir el festival benéfico del próximo 12 de octubre -en la cola figuraba la Hermandad de la Estrella, aunque hay alguna otra llamando a la puerta- en un meeting de toreros veteranos y retirados.
Ése era el sentido de los festivales en los que, los que ya peinamos canas, pudimos hacernos idea de los esplendores de toreros como Manolo Vázquez, Camino, Puerta o el mismísimo Manuel Benítez El Cordobés.
La estela del festival organizado por Morante en la mañana del día del Pilar -fue el prólogo de su (no)retirada vespertina- refrescó ese camino gracias al concurso impagable de Curro Vázquez y César Rincón. Mejor omitimos los nombres que se barajan en Sevilla. El tiempo dirá si la utopía es posible.
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