Clases que se salen del pentagrama
45 alumnos disfrutan de los cursos que se imparten en el Festival de Música de Cámara Joaquín Turina
Ensayos, preparación de instrumentos, nervios y audiciones son algunos de los ingredientes que definen un día en los cursos del Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Una vorágine de sensaciones que envuelve a músicos y alumnos desde que empieza la jornada hasta que guardan sus instrumentos en los estuches.
Todo comienza a partir de las nueve de la mañana, cuando los profesores -músicos de renombre como Gordan Nikolic, James Dunham o Julian Steckel- aparecen por las aulas del conservatorio Cristóbal de Morales. En sus pasillos se arremolinan decenas de inquietos alumnos del curso, los cuales esperan para poder gozar de unas clases con estas figuras de la música mientras empiezan a afinar sus instrumentos. La expectación no quita que sean conscientes de que no pueden dejar perder ni un minuto.
Estas clases magistrales se imparten a lo largo del día, donde los diferentes docentes se van compaginando en varios turnos para poder atender a todos los alumnos. Dentro de una de las aulas, el violinista serbio Gordan Nikolic enseña a uno de los jóvenes a mejorar su manejo sobre este instrumento. "Coge el violín como si fuese un amigo, no te muestres distante a él. Es como una extensión de tu cuerpo", aconseja el maestro de una manera muy cercana y distendida. Una lección que, como dice Benedicte Palko, directora artística del festival, "es una oportunidad increíble para el desarrollo de los chicos. Yo he sido alumna y se lo que significa para ellos, por eso hemos trabajado para que los mejores artistas puedan venir al festival".
Pero la práctica no es algo que sólo quede relegado a los alumnos. Los mismos profesores ensayan entre clase y clase para los conciertos que darán durante el festival, mientras que los adolescentes lo hacen de cara a las funciones que ofrecen por las mañanas y a las que acuden muchos curiosos.
Otra de las prestaciones que las jornadas ofrecen es el servicio del luthier Christian Bayon. El francés, especialista en la construcción y mantenimiento de los instrumentos de cuerda, está siempre a la disposición de los estudiantes para ayudarles a poner a punto sus herramientas. Destaca la habilidad del artesano para afinar un violín mientras está conversando con uno de los integrantes del curso acerca de la procedencia y calidad del objeto, sin que le haga falta mirar sus manos para saber por donde se deslizan la gubia y el cuchillo. Otro ejemplo de porqué los cursos son tan prestigiosos y reúnen a estudiantes de todos los rincones de la geografía española.
Prestaciones saboreadas por todos los alumnos, los cuales se muestran encantados. "Profesores que son artistas de primer nivel, un luthier de renombre... Lo que se aprende no tiene precio. Estás absorbiendo información todo el día", confiesa Julia, una de las alumnas que participa por segundo año y que asegura que volverá a repetir. Múltiples conocimientos que no han sido del todo asimilados por estos alumnos cuando termina el día, y que se funden con otros nuevos que los artistas comparten con ellos a la mañana siguiente. Ejemplo éste de que el arte no tiene fronteras.
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