Los hermanos Safdie: cómo pulir diamantes en bruto

Salir al cine

Injustamente ninguneado en los Oscar, se estrena en Netflix 'Diamantes en bruto', el nuevo y vibrante filme de los hermanos Safdie. En la misma plataforma desembarca el imprescindible catálogo 'anime' de Studio Ghibli.

Adam Sandler, en el mejor papel de su carrera en 'Diamantes en bruto'.
Adam Sandler, en el mejor papel de su carrera en 'Diamantes en bruto'.

Los hermanos Joshua y Ben Safdie (1984 y 1986, New York) encierran su nueva película, Diamantes en bruto, entre dos grandes trips músico-visuales lisérgicos y abstractos. El de apertura nos lleva del interior de una piedra de ópalo a las paredes del colon en plena revisión de Howard Ratner, protagonista absoluto del filme, un tratante judío de joyas y piedras preciosas adicto al juego, la especulación, las apuestas y el frenesí de la vida en el límite. El de cierre, acompasado igualmente por la música electro-psicodélica de Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never) inspirada en los maestros del sintetizador de los ochenta (de Vangelis a Tomita pasando por Tangerine Dream), atraviesa el orificio de entrada de una bala asesina para regresar en un viaje inverso a los colores brillantes e intensos y las partículas minerales microscópicas de ese mismo ópalo extraído de las minas de Etiopía para su venta en una subasta.

Así, entre estos dos trips kubrickianos y alucinados, los Safdie embuten casi literalmente, con una intensidad y un ritmo apabullantes, con un ojo en Cassavetes y otro en Ferrara, una de las mejores películas norteamericanas del año, confirmación de que, tras Good Time (2017), los cineastas neoyorquinos han dado ya ese definitivo salto de calidad, control del caos y madurez desde los márgenes del indie donde fraguaron sus primeros y desiguales largos (Go get some Rosemary, Lenny Cooke, Heaven knows what), para acomodar su estilo físico, naturalista y electrizante, su inolvidable galería de tipos y rostros siempre auténticos, a los perfiles del cine de género a través de historias condensadas de ejemplar funcionamiento dramático y más amplio alcance.

Los Safdie han aprendido a domesticar el caos sin renunciar a la energía y el ritmo

Allí donde en Good Time Robert Pattinson era el personaje-guía para el viaje prohibido, peligroso, fraternal y redentor en una noche de neón continua, en Diamantes en bruto es un rehabilitado y deslumbrante Adam Sandler, casi sobra decir que en el mejor papel de su carrera desde aquella Embriagado de amor de Paul Thomas Anderson, el que sujeta fuerte, impulsa y zarandea al espectador con su atribulado y extenuante periplo por alcanzar ese sueño americano de la codicia que en los Safdie está siempre relacionado con alguna forma de adicción. Las apuestas, los empeños, el riesgo continuo, la mentira, la huida, el salto al vacío contra toda lógica sensata o conservadora (la familia, el hogar, la comunidad, parar o decir no) son los rasgos de carácter que inyectan a su personaje la adrenalina que, filmada y montada con impresionante nervio analógico por la cámara vibrante de Darius Khondji, hacen de esta película un auténtico y poderoso viaje a contrarreloj por la materia misma de la adicción, por el flujo frenético de esas bajas pasiones capaces de arrastrar los últimos vestigios de dignidad del hombre para exponerlo en toda su fragilidad enfebrecida.

Sin nominaciones al Oscar en la que se nos antoja el más flagrante de los olvidos o castigos de la Academia, Diamantes en bruto ya está en Netflix. No la dejen pasar y comparen con algunas de las candidatas de la próxima madrugada del domingo.

Trailer 'Diamantes en bruto'.

Studio Ghibli aterriza en Netflix

Netflix se apunta un nuevo tanto en su imparable política de expansión en la producción y exhibición (distribución incluida, claro está) que ya la ha convertido, junto a la todopoderosa y omnívora Disney (que, después de Marvel, acaba de comprar también Fox), en la segunda gran major de la industria audiovisual del siglo XXI.

Y lo hace adquiriendo los derechos de exhibición en su plataforma de la que hasta ahora era la joya de la corona del catálogo de cine de animación no occidental, hasta veinte títulos del Studio Ghibli que con tanto cuidado y mimo vienen gestionando desde 1985 sus fundadores Hayao Miyazaki y el desaparecido Isao Takahata junto con el astuto ejecutivo Toshio Suzuki, que se había resistido hasta ahora a que sus películas estuvieran en plataformas digitales.

Hayao Miyazaki, creador y alma del Studio Ghibli.
Hayao Miyazaki, creador y alma del Studio Ghibli.

Más allá del impacto empresarial de la operación, la noticia nos es grata en tanto que ofrece una nueva ventana de difusión (y competencia con el modelo Disney-Pixar) a títulos emblemáticos como Mi vecino Totoro, Porco Rosso, El castillo en el cielo, Nicky, la aprendiz de bruja o Recuerdos del ayer, que se encuentran ya disponibles desde el pasado día 1, y a otros no menos memorables como La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro, Arrietty y el mundo de los diminutos o El cuento de la princesa Kaguya, que se incorporán en marzo. En abril lo harán ya Pompoko, Susurros del corazón, El viento se levanta, El recuerdo de Marnie o El castillo ambulante, auténticas piezas de orfebrería animada, obras maestras del trazo limpio y atmosférico, relatos fantásticos y humanistas con una identidad propia resistente a la estandarización y el marketing globalizador. Ojalá que por mucho tiempo.

La extraña pareja: guionistas y directores

Organizado por el sindicato de guionistas ALMA, en ciclo La extraña pareja propone (en Cicus: martes 11, 19 h.Cicusmartes 1119 h, entrada libre) un diálogo entre los guionistas y showrunners Rafael Cobos (La peste) y Anna Rodríguez Costa (Arde Madrid) en el que tratarán la dinámica que han establecido con los directores de algunos de sus proyectos audiovisuales: el desarrollo de la trama, la creación de personajes, la evolución de la historia en el rodaje o la afinación de los diálogos en los ensayos.

Imagen promocional del ciclo de charlas 'La extraña pareja'.
Imagen promocional del ciclo de charlas 'La extraña pareja'.
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