Un jardín portugués en las aguas del Atlántico

07 de julio 2011 - 01:00

ISLA DE MADEIRA

El Jardín de Europa o la Perla del Atlántico son algunos de los nombres con los que locales y foráneos han bautizado a la región autónoma portuguesa de Madeira, al norte de Tenerife. Tan sólo 57 kilómetros de largo y 22 de ancho definen la isla principal del archipiélago, Madeira, donde se encuentra el bosque del Laurisilva, declarado Patrimonio Natural Mundial por la Unesco.

La principal actividad económica de la región es el turismo, pero más que un destino de playa (por su origen volcánico), Madeira se caracteriza por su flora y fauna, predominando un turismo aficionado a la naturaleza y al senderismo. No obstante, a 75 kilómetros de Madeira, se encuentra la isla de Porto Santo con aguas turquesas y arenas doradas.

El archipiélago lo completan las Islas Desiertas y Salvajes, que, como su propio nombre indica, están deshabitadas y poseen una fauna y flora exclusiva. De hecho, estas islas son el refugio de la foca monje, considerada una de las focas más raras del planeta.

Volviendo a Madeira, el bosque del Laurisilva abarca una extensión de 15.000 hectáreas ubicadas principalmente en la costa norte de la isla y está constituido por árboles, arbustos de hojas planas, helechos, musgos, líquenes, hepáticas y otras plantas pequeñas con un sinfín de endemismos. También es posible caminar por las veredas y admirar las levadas, una obra de ingeniería que cuenta con 600 años de historia. Con cerca de 50 centímetros de profundidad, las levadas son canales de irrigación escarbados entre las rocas que captan las aguas torrenciales para suministrarlas a las áreas de difícil acceso. Un lugar para hacer senderismo y apreciar el paisaje es el parque de Queimadas, en la ciudad de Santana.

Funchal, al sur de Madeira, es la capital del archipiélago, un lugar donde la tradición convive con lo cosmopolita. El Jardín Botánico, con más de 2.000 especies, es uno de los principales atractivos de Funchal, así como su teleférico, la posibilidad de ver y bucear con los delfines, sus bodegas (la producción de Vino de Madeira se remonta al siglo XV, se sirve como aperitivo y digestivo) y el Mercado dos Lavradores.

Las fiestas y festivales tradicionales de Madeira son otros de sus reclamos turísticos. El año comienza con el Carnaval de febrero y continúa en abril con la Fiesta de las Flores que da la bienvenida a la primavera. En esta celebración, un desfile de carrozas repletas de flores recorren las calles de Funchal.

Durante el mes de junio se celebra el Festival del Atlántico, fecha en la que también transcurre el Concurso Internacional de Fuegos Artificiales. En agosto, la prueba de automovilismo Rally Vino de Madeira cobra protagonismo, y en septiembre es el turno del Festival del Vino y el Festival de Colón, este último en Porto Santo, donde se rememoran los tiempos en los que Colón vivió en la isla.

La gastronomía maderiense posee influencias de todas las culturas que a lo largo de los años visitaron la isla y que finalmente terminaron por dejar huella. Entrantes como el bolo-caco con mantequilla de ajo, las lapas asadas, la sopa de tomate y cebolla o las huevas de pez espada destacan en la cocina de esta región, así como la carne de cerdo al vino y ajo, la espetada (carne vacuna en pinchos de louro) y el lomo de atún con maíz frito o un bodião asado.

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