Con perejil a San Pancracio

Los altos niveles de paro en el barrio y los mercadillos semanales pasan factura a los comerciantes de la plaza de La Candelaria

Con perejil a San Pancracio
Cristina Díaz

26 de enero 2014 - 01:00

Un sentimiento de desprotección y falta de apoyo recorre entre los comerciantes del Mercado de la Candelaria, una plaza a medio camino entre Los Pajaritos y La Candelaria. Los altos índices de paro de este barrio y un vecindario cada vez más mayor repercuten en la economía de un mercado abierto al público en 1966 y que, según cuentan sus tenderos, vivió muchos años de prosperidad cuando el barrio lo componían familias trabajadoras y con hijos pequeños. "Mucho perejil hay que ponerle a San Pancracio para que cuide y dé trabajo a estos placeros", apunta a sus 72 años Rosa Guerrero, al mismo tiempo que pide a un frutero dos kilos de naranjas.

Un total de 69 puestos constituían en sus orígenes el Mercado de La Candelaria. Hoy no llegan a 30. Según las palabras de Antonia González, carnicera de la plaza desde hace 35 años, "el 60% de las personas que acuden hoy a comprar al mercado son ancianos, que, además, tienen que ayudar a sus hijos en paro". Esta situación, sumada a la caída de las ventas y al cierre de negocios como consecuencia de la crisis y la jubilación de algunos comerciantes, otorgó al espacio una imagen negativa. Así, hace casi tres años, el Ayuntamiento de Sevilla llevó a cabo unos trabajos de rehabilitación, destinando parte de las naves del mercado a oficinas municipales y concentrando a los comerciantes en un espacio más reducido. "Se instalaron nuevos servicios, se colocaron bancos nuevos, se pintaron las paredes. La imagen de la plaza mejoró mucho", señala el presidente de la Asociación de Comerciantes del Mercado de La Candelaria, Joaquín Aguilar, al frente de su negocio desde hace 42 años. No obstante, "aún quedan muchas cosas por arreglar, como por ejemplo la fachada del edificio".

Pintadas, humedades, paredes desconchadas y manchas negras de fogatas provocadas bañan la fachada de un mercado que comparte edificio con el Centro de Servicios Sociales Comunitarios Tres Barrios-Amate. Además, no son pocas las puertas con cristales rotos que se pueden ver. Según ha informado el Ayuntamiento de Sevilla a este periódico, el gobierno local "conoce el estado del Mercado de La Candelaria y se están llevando a cabo los trámites para arreglar todos esos desperfectos durante el año 2014".

Los tenderos, que luchan por sacar adelante sus negocios, muchos de ellos con una larga trayectoria, reconocen sentirse desprotegidos por la Administración pública, principalmente al permitir mercadillos ambulantes en los alrededores: "Esto no tiene nada que ver con lo que era antes. Es la noche y el día. Ahora, sobrellevamos la semana como podemos, esperando siempre la llegada del viernes y del sábado, nuestros mejores días. Sin embargo, desde Navidad, todos los viernes hay un mercadillo, autorizado por el Ayuntamiento de Sevilla, aquí al lado, en la zona de la ronda del Tamarguillo, entre Marqués de Pickman y Los Arcos, que nos está matando. Lo mismo te venden naranjas que zapatos. Nos está hundiendo", reconoce la carnicera Antonia González.

"Estamos rodeados de mercadillos", completa Soledad Pachón, que junto a su marido, Antonio Morejón, regenta una frutería que abrieron sus padres en los inicios del mercado. "El nuevo mercadillo se suma al ya existente los miércoles en Santa Aurelia. Por otro lado, en los bajos de las viviendas, los propios vecinos abren pequeños comercios que nos hacen competencia. Yo entiendo que, ante la situación actual, la gente se tiene que buscar la vida para sobrevivir, pero están acabando con el mercado", puntualiza esta frutera. "El futuro está muy negro. O la situación cambia, o nos vamos a quedar muchos por el camino, entre ellos nosotros".

Mercedes García es una de las empresarias que se ha visto obligada a echar el cierre. Menos de un año ha permanecido abierta su zapatería. "Me he llevado 20 años trabajando mañana y tarde en una charcutería del Polígono San Pablo", relata la mujer. "Decidí cambiar de negocio y ganar en calidad de vida pero, aunque sabía que mis ingresos iban a ser menores, nunca pensé que me fuera a ir tan mal". Mercedes García es vecina del barrio pero, al trabajar en otra zona, reconoce que cuando abrió su tienda no era consciente del mal momento por el que estaba pasando la plaza. "He ido tirando estos meses, pero la campaña de Navidad, donde había volcado todas mis esperanzas, ha sido pésima. Esto ha sido lo que me ha llevado a plantearme cerrar el negocio a finales de este mes de enero". La zapatería es el tercer comercio que cierra tras las navidades en esta plaza. "Hace unos días cerraron una panadería y una tienda de ropa. Sólo 15 días permanecieron abiertos".

Según el propio presidente de la asociación de comerciantes, "hay gente que viene y pregunta por los puestos vacíos, con la intención de abrir un nuevo negocio al margen de los gremios tradicionales, pero tras ver la poca afluencia de público, la importante inversión de dinero que tienen que hacer y lo que tardan en solucionarse los trámites administrativos, cambian de idea".

No obstante, hay emprendedores que apuestan por el mercado de abastos de La Candelaria para abrir comercios diferentes, como una peluquería o una joyería, abierta desde hace doce años.

Cuando se les pregunta sobre las posibles soluciones a su problema, los placeros encuestados no tienen una respuesta clara: "más atención por parte del Ayuntamiento", "ayudas públicas", "el fomento de empleo en el barrio" o, incluso, "un milagro", se escucha decir. Lo cierto es que, aunque no hayan tirado la toalla, comerciantes como Joaquín Aguilar no desean que sus hijos continúen con el negocio. El futuro es incierto.

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