¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
La ‘espantá’ de Uclés
EL último bastión del negacionismo de izquierdas es Cuba. Aunque esta palabra designa a quienes relativizan o niegan el Holocausto, la izquierda tiene su propia patología negacionista en lo que a los crímenes perpetrados por el comunismo se refiere. Recuérdese el olvido activo del papel que jugaron los Partidos Comunistas europeos, especialmente el francés, mientras duró el pacto entre Hitler y Stalin (1939-1941); una actitud que un colaborador de Otto Abetz, el embajador nazi en París, definió así: "Los comunistas se convierten en antisemitas y en antimarxistas, y les falta poco para convertirse en nacionalsocialistas".
Situaciones excepcionales al margen -porque excepcional, aunque revelador, fue el pacto nazi-soviético-, tras la II Guerra Mundial los crímenes estalinistas fueron tachados por los comunistas occidentales de propaganda yanqui-imperialista. Incluso tras la muerte del dictador en 1953, del reconocimiento de sus crímenes por el XX Congreso del PCUS, del aplastamiento de la rebelión húngara en 1956 y de la invasión de Checoslovaquia en 1968 -en el mismísimo umbral del giro eurocomunista- no pocos comunistas siguieron negando los crímenes estalinistas y justificando a la Unión Soviética, China o los Jemeres Rojos. Neruda cantando a Stalin e invitándole a "castigar más", Chomsky justificando a Pol Pot y calificando la denuncia de sus crímenes de "propaganda antirrevolucionaria" o Sartre bendiciendo las atrocidades de la Revolución Cultural maoísta son algunos ejemplos conocidos de negacionismo de los crímenes comunistas.
Caído el muro, desaparecidos (PCI), mutados (PCF) o menguantes (PCE) los partidos comunistas europeos, los supervivientes tienen en Cuba su última meta negacionista. Lo prueban los 12.000 euros destinados por el Ayuntamiento de Sevilla a celebrar el 50 aniversario de la Revolución Cubana y las declaraciones del concejal sevillano de Juventud y Deportes o del alcalde de Puerto Real. Para el primero se conmemora "un proceso revolucionario que marcó un hito no sólo en América Latina sino en el resto de la humanidad, donde el pueblo cubano se hizo con la soberanía de su destino aun teniendo enfrente al país más poderoso de la tierra". Para el segundo el régimen cubano es una democracia, no una dictadura, más perfecta que la nuestra: "En Cuba cualquiera tiene la oportunidad de salir elegido como representante del pueblo, algo que no ocurre en España". Si esto no es negacionismo y celebración de la geriátrica y nepotista dictadura castrista, se le parece mucho. Lo raro es que no hayan huido a ese paraíso de la soberanía popular.
También te puede interesar
Lo último