Sevilla FC: planificación

Caparrós, Cordón y la búsqueda de la identidad perdida

  • El Sevilla dibuja con premura la reestructuración prometida del área de fútbol

  • Caparrós, tras 15 días de trabajo, ayudará a reconstruir la plantilla antes de acceder a su nuevo cargo

Castro observa un entrenamientos dirigido por Caparrós, en primer plano. Castro observa un entrenamientos dirigido por Caparrós, en primer plano.

Castro observa un entrenamientos dirigido por Caparrós, en primer plano. / juan carlos muñoz

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La irrupción de Joaquín Caparrós en el Sevilla, cuando pocos ya lo esperaban, ha sido una mirada hacia el interior de un club que intentó dar una vuelta de tuerca a un estilo, tanto en lo deportivo como en lo socioeconómico, marcado a fuego y a punto estuvo de quemarse: la ampolla ha quedado definida con la destitución de Eduardo Berizzo, Vincenzo Montella y Óscar Arias. Quizá suene exagerado esto, teniendo en cuenta que la clasificación final asegura la participación en Europa, aunque en el vagón de cola y teniendo que pasar el incómodo -y hasta cierto punto inquietante- fielato de las rondas estivales, después del hito de los cuartos de final de la Liga de Campeones y de jugar la final de la Copa del Rey. Pero el sevillismo, tras su sonora y abrupta contestación por la final copera, no se conforma con las cabezas de turco que le ofreció José Castro, que prometió entonces una reconstrucción en la que anda enfrascado con premura.

El comité ejecutivo tiene un primer frente clave: dar con el director deportivo. Ya han trascendido tres nombres, pero el de Antonio Cordón, no tan cerca como pudiera parecer, es el único con el que el Sevilla ha tenido verdaderos contactos. Lo de Omar Milanetto, vía Gianlucca di Marzio, no es más que un rumor, así como lo de André Geraldes, el joven secretario técnico del Sporting luso. Aparte de Cordón, que está complicado, el abanico va por otro lado.

Sí está definido que Caparrós, una vez que concluya su labor como entrenador el sábado, con el cierre de la temporada ante el Alavés en el Ramón Sánchez-Pizjuán, tomará su nuevo cargo. La definición del mismo, el perfil ejecutivo que tendrá y el nombre de su nuevo rol es lo que está limando el comité ejecutivo, pero es obvio que será una persona con rango en algo muy importante y que había extraviado el Sevilla en ese proceso de cambiar su filosofía hacia algo más atractivo para el aficionado tras la etapa del aburridoUnai Emery: la identidad.

La forma, quizá excesiva en ciertas sobreactuaciones, en que Caparrós irrumpió en el banquillo, con mensajes de emotividad, más de una vez llevado por la procacidad ante la necesidad de reanimar a un Sevilla moribundo y reactivar a la afición, incidieron en esas señas de identidad extraviadas: la casta, el coraje, la irreductibilidad, la entrega absoluta. Pero eso luego habrá que traspasarlo, con concretos hilos conductores, a la definición del primer equipo: la filosofía del entrenador, la tipología del futbolista, el estilo de juego, la versatilidad táctica, la imbricación de la cantera... En teoría, Caparrós le dará importancia a la continuidad de la cantera, últimamente cortocircuitada antes de dar el salto al primer equipo. Y será el director deportivo el que defina los primeros aspectos: entrenador, estilo de juego y elección de futbolistas.

Castro, en línea directa con Caparrós, no necesitará ni que éste presente ante el consejo de administración la evaluación deportiva que realizaba Monchi al final de cada temporada. Por esa misma línea directa recibirá orientación sobre qué futbolistas, de la actual plantilla, deben continuar; quiénes deben ser renovados; qué otros no tienen cabida en la reconstrucción; quiénes pueden ser imprescindibles y quiénes prescindibles: así de sencillo. Y también sobre las carencias, tanto en posiciones como en roles. Es obvio que han faltado líderes con presencia en el equipo (las lesiones de Pareja y Carriço), han sobrado desencuentros (N'Zonzi) y caprichos (la elección de las camisetas negras para el derbi) en una plantilla amanerada durante dos temporadas. Pero en apenas 14 días Caparrós ha podido dar un diagnóstico durante su disección de urgencia. Ha usado a 20 futbolistas y ha realizado convocatorias con llamativas ausencias (Correa), así como ha contado con futbolistas infrautilizados (Roque Mesa), mientras que ha sorprendido abriendo el abanico de oportunidades para tantos jugadores en tan escaso margen, apenas tres partidos. Y ese caudal de información servirá para la reconstrucción. El 26 de julio ya está ahí.

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