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La negación de lo imposible

  • Wanda y Old Trafford como escenarios referentes de una transformación también posible en el Allianz Arena

  • Orgullo e ilusión, armas de los de Montella en Múnich

Guido Pizarro, en primer plano, se lamenta mientras los jugadores del Bayern Múnich celabran uno de sus goles en el Sánchez-Pizjuán. Guido Pizarro, en primer plano, se lamenta mientras los jugadores del Bayern Múnich celabran uno de sus goles en el Sánchez-Pizjuán.

Guido Pizarro, en primer plano, se lamenta mientras los jugadores del Bayern Múnich celabran uno de sus goles en el Sánchez-Pizjuán. / antonio pizarro

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Como hizo San Pedro antes del canto del gallo, en el Sevilla esperan negar por tercera vez lo imposible. Lo hizo en el Wanda Metropolitano con un triunfo que hoy por hoy lo tiene en la final de la Copa del Rey; lo hizo en Old Trafford en la noche más mágica del sevillismo reciente; y -¿por qué no?- la tercera negación puede llegar allá donde nadie ha logrado ganar esta temporada, en el temible Allianz Arena.

La decepción que supuso el 1-2 que el Bayern Múnich logró firmar el pasado martes en el Sánchez-Pizjuán ha restado ilusión de cara a un nuevo paso histórico de un club con la capacidad de superarse a sí mismo, pero no toda. Nadie ha tirado la toalla, quedan 90 minutos por jugar y el convencimiento de que la gesta es posible sigue intacto. Para argumentar ese sentimiento, al sevillismo le basta con recordar 87 minutos del partido del Sábado Santo ante el Barcelona y 30 de la primera parte frente al propio Bayern... justo hasta la entrada al campo de James Rodríguez.

El espíritu rebelde sigue presente en el grupo que adiestra Montella aun a sabiendas de que la empresa se antoja difícil. Pero menos impensable era que los blancos, en uno de sus peores momentos en la temporada tras ser goleado por el Betis en Nervión y dar una imagen paupérrima en Vitoria, pudieran dar el golpe en la mesa que dieron en la Copa ganando 1-2 al rocoso Atlético de Simeone. El Sevilla se convirtió en el primer equipo español en ganar en el Wanda Metropolitano, hasta entonces invicto en la Liga desde su inauguración.

Ahora, en similares circunstancias debe el Sevilla visitar el Allianz Arena, donde el resultado de esa ida copera ante el Atlético le valdría para forzar la prórroga. El Bayern Múnich no ha perdido en toda la actual campaña ni un partido en su estadio. Sólo dos empates ha cedido el campeón alemán, uno en la jornada 6 ante el Wolfsburgo (2-2) todavía con Carlo Ancelotti en el banquillo, y otro en la jornada 26 frente al Hertha Berlín (0-0). La última derrota del equipo bávaro en su estadio data de la temporada pasada, precisamente también en la Liga de Campeones, en cuartos de final con un 1-2 ante el Real Madrid. Cristiano Ronaldo anotó los dos tantos de su equipo.

Ni en el propio Bayern se fían del Sevilla. Consideran los alemanes un gran paso su victoria en el Sánchez-Pizjuán, pero el respeto se mantiene. El equipo de Montella ha dado muestras de ser un duro adversario comparezca en el escenario que comparezca y ése es el respeto que se ha ganado. "Quedan noventa minutos muy peligrosos y tenemos que salir como si fuera 0-0 porque si no, vamos a tener problemas. Ya se vio en Manchester, el Sevilla le ganó 1-2 a un equipo como el Manchester United, que es un grande, así que tenemos que tomar ese ejemplo para ser precavidos, mantener la concentración y salir como si nada". La reflexión, ya con el 1-2 reflejado en el acta del italiano Daniele Orsato, la puso de manifiesto Javi Martínez, consciente del esfuerzo que tendrá que hacer todavía el Bayern para pasar la eliminatoria y plantarse en semifinales del mayor torneo continental a nivel de clubes.

Un dato, el Bayern puede proclamarse campeón de la Bundesliga este sábado en su partido ante el Augsburgo y en el Sevilla esperan que la celebración se le atragante el miércoles en el partido de vuelta.

El Sevilla, en su historia europea, no es que cuente con espectaculares remontadas que acabaran con final feliz. Sólo en una ocasión, aunque sonada, pasó la eliminatoria tras perder el partido de ida en Nervión. Fue en la Liga Europa 13-14, cuando un derbi en octavos de final acabó con un inquietante 0-2 a favor del Betis con tantos de Leo Baptistao y Salva Sevilla que parecían el fin de la andadura europea de los de Unai Emery. Pero en el partido de vuelta en el estadio Benito Villamarín se desató la locura cuando el Sevilla igualó la ronda con tantos de Reyes y Bacca. En la tanda de penaltis los protagonistas fueron Beto y Gameiro, autor del último lanzamiento. El Sevilla siguió adelante en la competición y acabaría alzando el título en Turín al vencer también por penaltis al Benfica en la final.

El amor propio y la ilusión es algo que no se negocia en el Sevilla. Apelar al "dicen que nunca se rinde" viene como anillo al dedo a la situación de un equipo y de una afición que tiene un mes de abril a flor de piel, con citas marcadas en rojo y que van a quedar para la historia. La final de la Copa del Rey el sábado de Feria está en la mente de todos, pero la vuelta en la capital de Baviera no ha perdido ni un ápice de interés por el resultado del martes sobre la hierba del Sánchez-Pizjuán.

Todos sabían que eliminar al Bayern Múnich no iba a ser fácil, pero en Alemania también saben que eliminar al Sevilla tampoco lo es. Una, dos, tres veces la negación de lo imposible. El Sevilla es así...

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