Historia de un detective
Tomás Toledo, una leyenda en la investigación privada andaluza y con 43 años en el oficio, relata su trayectoria tras ser premiado su trabajo por Interior
Tomás Toledo es invisible. La prueba está en que en esta entrevista, la primera que concede en su vida, no hay ninguna foto. "Sin discreción un detective no es nada", explica resuelto al otro lado de la mesa de su despacho de la agencia Gades, una de las más veteranas de España, este hombre de aspecto noblote, corriente, de esos por los que uno podría apostar una paga a que no nos encontramos ante un hombre de acción. La puerta de la oficina del detective no tiene un cristal esmerilado con su nombre rotulado, no nos rodea una nube de humo, ni hay una petaca de güisqui en el cajón. Tampoco lleva Toledo una pistola en la sobaquera. En definitiva, Tomás Toledo no tiene ningún parecido con Philip Marlowe, pero en el oficio es casi tan legendario como él, "pero no tan guapo. Esos detectives de cine que salen tan guapos en la pantalla... ¡Eso no puede ser! Si eres guapo llamas la atención . Una vez me enviaron a un chico para un seguimiento y se me presenta con una gabardina en pleno julio. ¡Pero, chiquillo, qué haces con una gabardina en verano en Cádiz! Ponte un bañador, que es como va todo el mundo. Pasa desapercibido".
En el verano de 1971 , Toledo hizo su primer seguimiento. Era un informe prematrimonial. Aquel primer cliente del hombre invisible era "un inválido con dinero". La tarea de Tomás Toledo era seguir a su prometida. La prometida resultó ser una santa. Quizá el joven detective no podía registrar con sus cámaras si la futura esposa del inválido millonario le quería por sí mismo o por su dinero, pero la tarea de un investigador privado es "ser preciso, concreto y no aburrir". 43 años después hablar de Tomás Toledo es hablar de la historia de la investigación privada en Andalucía. Ha hecho el seguimiento de cientos de personas y jamás ha sido detectado. "Muchas horas de espera, haciendo el pipi en un tarro de plástico, sabiendo que si te duermes cinco minutos puedes perder el trabajo de doce horas..." Y ha sido felicitado por adúlteros y cornudas, por cornudos y adúlteras, por empresas engañadas y trabajadores que engañan, por falsos enfermos y por aseguradoras que pagan a falsos enfermos... "Haces un buen trabajo cuando entregas pruebas concluyentes al juez". Entonces los jueces toman con facilidad sus decisiones y los perdedores admiten su derrota y los ganadores su victoria. Hasta los polis, que en la literatura negra son los tradicionales enemigos del detective privado, se han rendido ante él y el pasado mes de diciembre Interior premió su trayectoria con una ceremonia en el que se le hizo entrega de la Mención Honorífica con Categoría A. "Siempre he tenido con la Policía una colaboración magnífica", desmitifica Toledo.
En la charla que tengo con el investigador privado, en un des pacho donde predominan las figuras religiosas y los diplomas que acreditan sus conocimientos, Toledo salpica su discurso con máximas del oficio. Se ha ganado el derecho a decirlas en estas últimas cuatro décadas porque pocos profesionales pueden presumir de lo que presume Toledo: jamás le han descubierto, como sí cogieron a los chapuceros catalanes de Método 3, a los que les encargaron espiar a la secretaria general del PP catalán y les pillaron con las manos en la masa. "Ese caso ha hecho daño, pero yo no hablo de los compañeros, no conozco de ese caso más que lo que he leído. Lo que sí le puedo decir es que yo, por norma, no trabajo el espionaje para políticos. Otra cosa es que alguien nos contrate para hacer un barrido de micrófonos. Ahí sí que nos han llamado políticos: para que viéramos si tenían micrófonos". "¿Y los tenían?" "Algunas veces, algunos muy famosos". En estos 40 años las cosas han cambiado mucho. "Ahora somos competitivos porque trabajamos con la última tecnología del sector".
Aparte de los políticos, tampoco quiere saber nada de asuntos relacionados con el mundo de la droga. "Una vez rechacé 500.000 pesetas de la época en que 500.000 pesetas eran mucho dinero por hacer un trabajo que consistía en averiguar si una persona tenía un diente de oro. Formaba parte de ese mundo en el que en la agencia no entra".
El secreto del sigilo que lleva a gala la agencia Gades que fundó este licenciado en Comercio, que empezó a ejercer de agente comercial antes de convertirse en la sombra de adúlteros, pillos y tunantes, se encuentra en los orígenes, en el propio nombre de la agencia: Gades, Cádiz. "Empecé en Cádiz y es aquí donde tuve que aprender a pasar desapercibido. Ser invisible en Madrid es muy fácil".
Anécdotas tiene a puñados, pero si tiene que elegir su gran elefante blanco, se queda con el caso de un desaparecido, un desaparecido hallado, lo que es extraño, "porque a la mayoría de los desaparecidos los encuentro en el cementerio". Toledo fue contratado por una familia para que les diera noticias del padre, que se había marchado de casa 30 años antes. En su día la policía dio el caso por cerrado. Con una foto del desaparecido, una foto de hace 30 años, Toledo consiguió dar con él en la frontera entre Huelva y Portugal. El desaparecido era un ermitaño de luenga barba. Lo suyo había sido un auténtico 'quitarse de en medio'. En otras ocasiones, ese 'quitarse de en medio' causa un problema a una mujer que no cobrará pensión alguna mientras no se demuestre documentalmente que es viuda. Eso supone leer muchos libros en el cementerio para que en algunas ocasiones el muerto esté muy vivo, como un moroso dado por muerto y que apareció en Ibiza con dinero y, además, cobrando una pensión.
"A algunos les puede parecer que nuestros honorarios son caros, pero un caso medio puede salir entre 1.200 y 1.500 euros, dependiendo de los gastos. Y consigues la pensión de la que eres merecedora o, si eres una empresa, consigues dar con el trabajador que te hace la vida imposible. No parece una mala inversión, ¿no cree?".
En la trayectoria de Toledo abundan divertidas historias, si no eres el que estás en el pellejo de sus pesquisas. Un taxista creía contar con un método infalible para no ser descubierto en sus aventuras. Quedaba con su amante en un parque y, a determinada hora, aparcaba el coche y metía discretamente a la chica en la parte trasera del vehículo tapada con una manta. Tanta prudencia no le sirvió de gran cosa. El informe de Gades le delataba y a la siguiente noche la mujer que estaba escondida en el parque, con un grupo de amigas y vecinas, era la suya. El taxista pasó un mal rato. Tan malo como el del arquitecto que iba de congreso en congreso para mantener su relación con una compañera. "La mujer no se lo creía, mi marido es incapaz, está malo del estómago, decía... Acompáñeme, le dije, y se vino al hotel de Marbella. Ella misma llamó a la puerta de la habitación diciendo que era del servicio de ropa... el marido abrió la puerta y se descubrió todo. La mujer quedó contentísima de nuestro trabajo".
Toledo ha investigado mucho fraude escolar de padres que quieren meter a sus niños en los mejores colegios, trabajadores con vértigo que aparecen cortando setos en escaleras, empleados alérgicos al polvo que tienen marmolerías en Ceuta, robos masivos de solomillos en un supermercado de Córdoba en los que participaba casi toda la plantilla, chavales que dicen a sus padres estar en 4º de Derecho en Madrid y que ni se han matriculado en 1º,supervivientes de incendios que cobraban invalidez por su pavor a lo inflamable y trabajaban en negro con gasoil en viveros, mujeres difrutando de la playa en bikini con diagnósticos de horribles hernias discales que las incapacitaban, mujeres que cobran de sus ex maridos y viven en la antigua casa común con sus nuevos compañeros... y sigue desgranando casos. 43 años de investigación y una máxima: "¿Duda? ¿Sospecha? Sepa la verdad". Eso sí, recuerde que la mayoría de las veces, la verdad no es bonita.
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