Así se revisan las vías de los trenes en España: tren auscultador, ultrasonido, mediciones...
El accidente de Adamuz reabre el debate sobre el mantenimiento de la infraestructura ferroviaria y los sistemas de seguridad de la alta velocidad en España
Óscar Puente apunta a la vía como causa del accidente en Adamuz: "Es muy raro"
El descarrilamiento de dos trenes en la localidad cordobesa de Adamuz, ocurrido el pasado domingo y que se ha saldado con 45 víctimas mortales y 125 heridos, ha provocado una profunda conmoción en todo el país. El siniestro ha vuelto a situar en el centro del debate público cómo se mantienen las vías ferroviarias en España y qué sistemas de seguridad operan en la red de alta velocidad.
El choque fue el resultado de una coincidencia fatal. El tren Alvia 2384, que cubría la ruta Madrid-Huelva, no dispuso del margen necesario para activar el frenado de emergencia y evitar la colisión con el Iryo 6189. Por el momento, hay varias hipótesis abiertas en la investigación del suceso. Aunque se investiga el descarrilamiento de ambos trenes, la posible rotura de la vía se ha convertido en uno de los principales focos de atención de los técnicos y peritos.
El presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, explicó tras el accidente que el intervalo entre ambos trenes fue de apenas 20 segundos, un margen insuficiente para que los sistemas automáticos de seguridad pudieran evitar el impacto. Fernández Heredia descartó además que el siniestro estuviera relacionado con un exceso de velocidad: uno de los trenes circulaba a 205 km/h y el otro a 210 km/h, por debajo del límite de 250 km/h establecido en ese tramo.
El mantenimiento, bajo escrutinio
Tras la rueda de prensa ofrecida el pasado miércoles por el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, el foco se ha desplazado hacia el análisis técnico del suceso. El ministro defendió que ni la falta de mantenimiento ni la supervisión de las vías parecen estar entre las causas del accidente.
Puente subrayó que las comunicaciones de los maquinistas sobre el estado de la vía forman parte del funcionamiento habitual del sistema, pero que estas observaciones se contrastan con otros mecanismos de control reglados. En el tramo donde ocurrió el siniestro se realizaron cuatro inspecciones en los últimos tres meses, sin que se detectaran fallos que apunten, de forma directa, a una relación con el accidente.
Según explicó el ministro, se registran de media unas cuatro observaciones diarias por parte de los maquinistas, aunque en los días posteriores al siniestro esta cifra se ha incrementado notablemente. Aun así, insistió en que el suceso apunta a una causa mucho más compleja, ajena a la inversión, la obsolescencia o la falta de controles.
Así se revisan las vías de los trenes
La red ferroviaria española se somete a un control permanente, basado en un sistema continuo de vigilancia que combina comprobaciones diarias con inspecciones técnicas especializadas. El objetivo es anticiparse a cualquier anomalía que pueda comprometer la seguridad de la circulación.
Antes del inicio de los servicios comerciales, trenes sin pasajeros recorren determinadas líneas para verificar que la vía se encuentra despejada y en condiciones adecuadas. A estas comprobaciones iniciales se suman los trabajos de equipos técnicos que no se limitan a una inspección visual.
Las revisiones incluyen mediciones precisas, controles mediante ultrasonidos y el uso de maquinaria pesada encargada de nivelar la vía y compactar la infraestructura. Estas labores se realizan de forma periódica para garantizar la estabilidad del trazado.
Una pieza fundamental en este proceso es el tren auscultador, un convoy específico que recorre la red con inspecciones programadas. Este tren analiza el estado de los carriles, las sujeciones y posibles deformaciones que no siempre son visibles. También se examinan elementos esenciales como el balasto, las traviesas y los propios raíles, que deben mantenerse perfectamente alineados y nivelados.
Cómo se controla la vía en tiempo real
La red ferroviaria cuenta con sistemas interconectados que permiten conocer el estado de la vía en tiempo real. Su función principal es supervisar la circulación, controlar la velocidad y reaccionar con rapidez ante cualquier incidencia.
En la alta velocidad, la seguridad se apoya en un entramado de cables situados entre los carriles y balizas de señalización que transmiten información de forma constante. Estos datos llegan tanto a los trenes como a los maquinistas y a los centros de control de ADIF, desde donde se monitorizan más de 12.200 kilómetros de vías.
En caso de descarrilamiento o incidencia grave, el sistema responde de manera automática:
- Las señales pasan a rojo y los trenes próximos reciben la orden de frenar.
- Si se dañan los cables, se interrumpe el suministro eléctrico del tramo afectado.
- El maquinista puede activar un aviso de emergencia que ordena la detención de otros trenes cercanos.
- Los convoyes disponen además de frenos automáticos.
Sin embargo, hay un factor que la tecnología no puede eliminar por completo: la distancia de frenado. Cuando el margen entre trenes es mínimo, evitar una colisión resulta extremadamente difícil. En Adamuz, el intervalo fue de solo 20 segundos.
Medidas de seguridad en la alta velocidad
La alta velocidad española dispone de varias capas de protección destinadas a supervisar la circulación y confirmar en todo momento si una vía está libre. Estos sistemas no evitan físicamente un descarrilamiento, pero reducen de forma drástica el riesgo de que se produzca por exceso de velocidad o por una señal incorrecta.
En España operan principalmente dos grandes sistemas de control. Uno de ellos es el LZB, de origen alemán, presente en algunos tramos como los de la línea Madrid-Andalucía. Este sistema mantiene una comunicación continua entre el tren y la vía mediante un cable situado entre los carriles y permite frenar automáticamente si se detecta una anomalía.
El segundo es el ERTMS, más moderno y utilizado por operadores como Iryo. Combina comunicación por radio con balizas instaladas en la vía, que transmiten información al ordenador del tren y permiten supervisar velocidad, posición y señales.
Ambos sistemas son complementarios y pueden coexistir en la red. Aun así, la seguridad ferroviaria depende siempre de la combinación de tecnología, infraestructura, mantenimiento y actuación humana. Un equilibrio que, como ha demostrado la tragedia de Adamuz, puede verse superado cuando los acontecimientos se desarrollan en cuestión de segundos.
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