Raya y el último dragón | Estreno en Disney+ Estados Unidos de Disney

Una imagen de 'Raya y el último dragón'. Una imagen de 'Raya y el último dragón'.

Una imagen de 'Raya y el último dragón'.

A la conquista del mercado asiático y de los nuevos retos de lo políticamente correcto, los ejecutivos y guionistas de Disney siguen imaginando universos orientalizados y heroínas empoderadas con los que seguir globalizando sus discursos sobre la unión que hace la fuerza y, en el caso de esta Raya y el último dragón, contra toda idea o tentación de nacionalismo excluyente.

Nuestra heroína, prima hermana de Mulan en paisajes digitales que remiten por igual a la tradición y a la fantasía, busca unificar de nuevo a los cinco pueblos escindidos de Kumandra como gran gesto que la reconcilie con la herencia paterna y, de paso, haga convivir en armonía lo telúrico y lo mágico con la esperanza de progreso en el horizonte.

Raya atraviesa así edades, etapas y pantallas bien señalizadas en pequeños reinos que suman personajes y criaturas entrañables a esa conquista de la hermandad de los pueblos, las razas y las especies que ahuyente el mal (en forma de fuego negro petrificante) y libere las aguas purificadoras traídas por unos dragones mansos y amanerados.

La fórmula se salda con el entretenimiento preprogramado habitual, los mensajes bien claros y un diseño animado espectacular (del prólogo vintage a las escenas en clave de vídeojuego) que hace hincapié en lo racializado e incluso en el indisimulado abrazo a la diversidad (sexual) que convierte este producto de temporada en un nuevo jalón hacia ese paraíso de la corrección, la educación en valores y la virguería fotorrealista en el que quieren convertir hoy cada producto de la factoría creada por el bueno de Walt hace casi 100 años.