Mes de Danza La herencia de lo que vimos

  • Alberto Cortés implica a un grupo de espectadores en 'Masacre en Nebraska', el espectáculo con el que inaugura el martes el Mes de Danza

Alberto Cortés, en el centro, con parte del elenco que ha reunido. Alberto Cortés, en el centro, con parte del elenco que ha reunido.

Alberto Cortés, en el centro, con parte del elenco que ha reunido. / Juan Carlos Vázquez

Después de que el Teatro Central acogiera Mount Olympus, la desmesurada y genial liturgia de 24 horas de duración dispuesta por Jan Fabre, a Alberto Cortés le narraron diferentes personas de su entorno aquella experiencia a la que él no había asistido. El director, intérprete y dramaturgo (Málaga, 1983) empezó a recrear la pieza en su cabeza con las escenas que le habían descrito, y aquella obra cobró una fuerza inesperada gracias a su inventiva. Sin verlo, Cortés hizo suyo ese espectáculo, que mantendría en su retentiva como las producciones que le habían impresionado, como aquella versión de La dama del mar de Ibsen que firmaba Bob Wilson y que le conmocionó cuando era un jovencito que empezaba a formarse. "Recuerdo un escenario con una vela de un barco, una mujer con un vestido azul que se acercaba una caracola al oído, que dialogaba con ella. No sé si esa escena me gustaría hoy, pero entonces me animó a seguir estudiando", rememora.

Episodios como el de Mount Olympus o La dama del mar contribuyeron a que Cortés se planteara preguntas que hoy inspiran su nuevo proyecto. ¿Qué hace que las historias nos pertenezcan?¿Somos la herencia de aquello que hemos visto, que nos han ido contando? ¿No es todo ejercicio de memoria, y la memoria es lo que queda de un espectáculo una vez abandonado el teatro, una manipulación? Desde esos interrogantes, y con la ayuda de diez espectadores locales que intervienen en el montaje, Cortés ha construido Masacre en Nebraska, con la que inaugura este martes (21:00, Teatro Alameda) la nueva edición del Mes de Danza. Un trabajo que el creador, que cuenta también con Rebeca Carrera y Andrea Quintana como aliadas, define como un "dispositivo de remezcla escénica" que él y sus colaboradores han trenzado a partir de sus recuerdos, los "residuos acumulados", como espectadores.

Cortés barajaba inicialmente el título de Masacre en Nebraska para una pieza en la que llevaría a escena el poderoso imaginario estadounidense y en la que reflexionaba desde el humor sobre una paradoja: cómo las ficciones incorporan a nuestra memoria sentimental paisajes que en la realidad no hemos llegado a visitar. Aquel proyecto evolucionaría hasta algo más complejo, una especie de inventario colectivo donde los participantes evocan las secuencias y los momentos que les marcaron.

La Escuela de Arte Dramático acoge los ensayos. La Escuela de Arte Dramático acoge los ensayos.

La Escuela de Arte Dramático acoge los ensayos. / Juan Carlos Vázquez

El director, que el año pasado presentó en el Mes de Danza junto con Andrea Quintana su pieza Hollywood, lleva unos días trabajando con el elenco que ha reunido, esos espectadores valientes que se han atrevido a romper la cuarta pared y a formar parte por primera vez de la obra. Esos protagonistas desplegarán sus recuerdos con un lenguaje directo, "como lo hacemos en el bar", dice Cortés. "Es el registro con el que me identifico. Siempre me ha preocupado la comunicación. Y no se puede plantear una propuesta así, en la que recurres a los espectadores, si no dejamos que sean ellos", sostiene Cortés, que ya ha presentado Masacre en Nebraska en otras ciudades como Barcelona, Valencia o Tenerife. "Y en cada lugar el espectáculo ha sido diferente, gracias a las experiencias que aportaba la gente. En todos sitios ha sido muy enriquecedor".

En el laboratorio creativo en el que se da forma estos días al espectáculo asoma todo un patrimonio de vivencias. Durante las sesiones se revive la emoción y el asombro que han brindado coreógrafos y compañías como Akram Khan, Anne Teresa de Keersmaeker o Peeping Tom, que recalaron con sus obras en el Teatro Central, pero en la conversación se suceden los nombres andaluces, la espléndida red de creadores de la comunidad: Manuela Nogales, Mopa, María Cabeza de Vaca, las hermanas Gestring, Marco Vargas y Chloé Brûlé...

"No se puede entrar en profundidad en la memoria sin que salga lo local", señala Cortés. "Lo que se ha visto en el Central o en el Mes de Danza, pero también cosas más cercanas, esa colega tuya que baila: eso también es memoria de una ciudad", argumenta el director, que en estos ensayos aborda también "las heridas y las alegrías de una ciudad, momentos como la Feria o la Expo". Masacre en Nebraska promueve así una "activación de lo local" que se pregunta "cuáles son las historias que nos interesan".

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