Teatro Central Preguntas del tiempo en que vivimos

  • La compañía La Rara presenta en el Central, con las entradas agotadas, 'Si yo fuera madre', una reflexión sobre la maternidad y la forma de gestionar los afectos en la que dos actrices participan con sus bebés

David Montero, Julia Moyano y Rocío Hoces, en la sala B del Central. David Montero, Julia Moyano y Rocío Hoces, en la sala B del Central.

David Montero, Julia Moyano y Rocío Hoces, en la sala B del Central. / José Ángel García

Las actrices Rocío Hoces y Julia Moyano apenas se conocían entre sí, pero vivían circunstancias similares: ambas habían sido madres, la primera de Julieta y la segunda de Lucas. Por casualidad, cada una mandó un mensaje al dramaturgo y actor David Montero, que en el pasado, en distintas etapas, fue pareja de las dos, en el que le proponían embarcarse en algún proyecto. Hoces y Moyano compartían, sin saberlo, un momento difícil: la maternidad les obligaba a un parón en sus carreras, a la invisibilidad; y poner arreglo a aquello, trabajar en una obra, significaría apartarse de sus bebés. Montero, entretanto, que no había tenido descendencia pese a que lo había deseado, vio en aquel envite la oportunidad de poner en palabras esa herida íntima. Así surgió Si yo fuera madre, la pieza que estos tres profesionales –reunidos en la compañía La Rara– presentan este viernes y el sábado a las 19:00 en la sala B del Teatro Central. Un montaje insólito ya que en él participan los dos niños, aunque no es precisamente una obra enfocada al público infantil, sino una creación adulta planteada "desde la perplejidad y la herida", que se pregunta por "el amor después del amor, el hecho de ser madre (o padre) y el lugar que ocupa la crianza en la sociedad".

Si yo fuera madre explora "cuestiones que están en el presente", señala Montero, que junto a sus compañeras intuyó el alcance del proyecto cuando descubrió el interés que despertaba. "Cuando lo contábamos, no nos planteaban que era una locura, sino que nos decían: adelante", comenta el intérprete y autor. A Montero le gusta pensar que "a la palabra utopía le hemos quitado la u y hemos creado un lugar, para que Julia y Rocío no tengan que elegir entre dejar a sus hijos y trabajar". La obra indagaría también, añade, en el concepto de vínculo, "el vínculo que crean ellas con sus hijos o el que me liga a mí a Julieta y a Lucas, pero también el que tiene la gente que ha sido pareja, que comparte un pasado común y que también puede vivir eso de otra manera. Si yo fuera madre habla de que los humanos necesitamos vínculos, y de la forma de entender el amor y la vida en el presente".

La pieza ha sido "escrita casi a pie de escena. David ha volcado lo que tratábamos en muchas reuniones, cuando afrontábamos cosas que nos remueven y nos conmueven", detalla Julia Moyano sobre un relato que desprende "verdad, que está hecho desde nuestras entrañas". Una dramaturgia que refleja, entre otras cuestiones, la vulnerabilidad y el desamparo que provoca la crianza, o que defiende que una madre no deja de ser una mujer compleja con todas sus necesidades, "una mujer que sigue follando, que baila, que hace otras cosas más allá de cuidar a sus hijos", asegura Montero.

La obra habla, para sus creadores, "de la forma de entender el amor y la vida en el presente"

El texto ha ido adaptándose a la particularidad con que se plantea la obra, con los bebés en el escenario. "El proceso ha exigido mucha paciencia, encontrar el ritmo ha sido un reaprendizaje", admite Hoces. La singularidad de los artistas invitados ha obligado a no dar nada por sentado. "Llevamos reuniéndonos desde noviembre de 2018, pero la última versión del texto es de hace unas semanas", exponen. "Pensábamos, por ejemplo, que uno de los tres podría encargarse de Lucas y de Julieta mientras los otros dos defendían su parte de la obra, pero no contemplábamos qué ocurre cuando dos niños andan: que cada uno toma una dirección distinta y una persona sola no puede ocuparse de ellos", comentan.

Así, Si yo fuera madre va, inevitablemente, al encuentro con lo imprevisible. Si hay que cambiar los pañales en un pasaje, se cambian. Si hay que sacrificar un fragmento "bellísimo" porque Julieta y Lucas reclaman atención en ese momento, se hace. "Es como si hubiera dos obras en una, pero en vez de estar peleándose entre ellas se acompasan en un paso a dos", afirman. Las concesiones y los cambios de guión, no obstante, valen la pena: los intérpretes han dado con una autenticidad que creían perdida. "Yo", confiesa Moyano, "descreía del teatro y esto me ha reconciliado con él, aquí he vivido un enamoramiento de la profesión".

Los tres actores contaban en una parte de la obra que finalmente se ha suprimido por qué habían elegido La Rara como nombre de su compañía. "Yo era la rara", comenzaba cada uno en un monólogo que concluía con una certeza compartida: no pertenecían a ningún lugar. Y rara podría verse la forma en que han gestionado los afectos. "Julia y yo, yo y Rocío", apunta Montero, "veníamos de una relación. Decidimos mantener el vínculo y comprometernos de otra manera. Fuimos muy inconscientes al reunirnos en un proyecto, podía haber acabado como el rosario de la aurora, pero no ha sido así".

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