Garrido televisa la crisis
El entrenador bético denuncia la existencia de topos en el club que están dificultando la contratación de futbolistas. La división interna sobrepasa ya incluso la autoridad de Bosch.
El Betis es, desde hace meses, un club con el rumbo perdido. Raro es el día que no se produce un altercado, una torpeza, un error más o menos grave... Torpedos, algunos de ellos como la destitución de Pepe Mel o la autoridad concedida a Juan Carlos Garrido, directos a la línea de flotación de la entidad.
La división interna es máxima y en los últimos días ha estallado. Al punto de que, ayer, el nuevo entrenador no tuvo reparos en hacerla pública. Las diferencias añejas entre Vlada Stosic y Pepe Mel e incluso entre el serbio y Luis Fradua y su gente son peccata minuta comparadas con las existentes hoy entre las dos facciones deportivas del club, una la que encabeza el entrenador y otra la del grupo de Stosic.
Garrido ayer, siempre de buen tono, estalló y culpó a miembros del club de la tardanza en algunos fichajes o la imposibilidad de realizar otros por las filtraciones, más allá de lo apresuradas de las gestiones o las dificultades lógicas para firmar del último clasificado de la Liga. "Es absurdo negar que se negocia por unos jugadores, porque es vox populi, pero entiendo que en el club se tiene que analizar muy seriamente por qué sale la información tan rápidamente cuando se debe mantener más en secreto ese trabajo. Hay otras muchas cosas para que todo funcione bien y que se traslade al campo. En este club está trabajando mucha gente bien, de forma profesional y estos pequeños matices hay que saber cuidarlos. Lo he hablado con Guillén, Bosch y los consejeros se va a corregir", dijo el técnico.
Su queja no es completa, pero no se quedó ahí. "No fastidian los fichajes, pero sí los retrasa, hace que se meta más gente por medio… Lo que queremos es que los jugadores que vengan, lo hagan lo más barato posible y con el mayor de los sigilos para asegurar las operaciones, porque son jugadores que entendemos necesarios para que nos puedan ayudar. Habrá que saber quién o por qué hace las cosas. Y no culpo a la prensa, porque cuando consigue una información es normal que la publique", añadió.
El problema de fondo es que Garrido llega con Sergio Fernández, un hombre de despachos, como segundo entrenador. La destitución de Stosic está ya pactada con José Antonio Bosch, así como que éste será el nuevo secretario técnico, por mucho que su contrato le otorgue otro papel.
Todo estalló el 22 de diciembre cuando fue destituido el serbio y su grupo de trabajo se vio ninguneado por Garrido y Fernández. Ángel Luis Catalina se creía el nuevo hombre fuerte de la secretaría técnica, apoyado por el abogado del club, José Francisco Ruiz Maguillo, auténtico poder fáctico del club, hombre próximo a Bosch y con padrinos que van más allá. Cañas, recién llegado de la mano de Stosic, los secunda; Pedro Morilla va por libre y se mantiene al margen, igual que Keke Durán, siempre alejado de cualquier tejemaneje.
La bicefalia es clara y, más que en paralelo, cada parte de la secretaría técnica va a su aire. En los últimos días, las diferencias se acentuaron. Garrido intentó poner paz intramuros y, al no conseguirlo, ayer estalló y publicitó las vergüenzas. La espoleta pudo ser un vis a vis en el que Ruiz Maguillo acusó a la mano derecha del entrenador de no ser del todo claro en la operación de Bryan Ruiz. El presidente del club, Miguel Guillén, presenció la escena.
Y Bosch, a las pruebas hay que remitirse, no ha sido capaz de atajar esta nueva e importante crisis. Quizá en breve lo haga, aunque hay quien dice que si tapa esta vía de agua con alguna nueva destitución, inmediatamente se abrirá otra. La tesitura es complicada. En teoría es Garrido quien tiene las llaves deportivas, pero sin el necesario apoyo logístico su mando se resquebraja. En la acera contraria, no sólo niegan las filtraciones sino que acusan directamente a Sergio Fernández, quien incluso se fue de la lengua públicamente en el Diario Al Día, de Costa Rica. El twitter del Betis le echó un capote.
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