Carlos Navarro Antolín
Ese ratito diario del cura del Porvenir
Pepe Mel está en vías de cuajar un equipo. Velocidad y juventud han sido las características más buscadas este verano en el mercado de fichajes y, sin duda, le han dado otro aire a un equipo que, precisamente por ello, ha adolecido de falta de oficio en estos primeros compases del campeonato.
El Betis tardó en tomar forma y aún no se puede decir que se haya convertido en ese equipo maduro al que aspiran todos los entrenadores. Frente a aquél que trataba de basar su fútbol en la posesión del balón y en el buen trato a éste, saliendo jugado ya desde los pies del guardameta por mucho que el escenario fuese el Camp Nou, hoy puede verse otro Betis más pragmático, sin tanta apetencia por la pelota y bajo la consigna de llegar menos a portería pero con más claridad.
La efectividad es, por tanto, superior a la temporada anterior y en este aspecto el combinado de Mel se sitúa entre los mejores de la Liga. 18 goles a favor en 11 partidos lo atestiguan.
La idea de Mel de abrir el campo y jugar con extremos ha ido mutando con el discurrir de la competición a un fortalecimiento del centro del campo, de ahí que el 4-4-2, que sólo una vez fue asimétrico con Nono en la banda izquierda en Valladolid -al rato se cambió con Agra-, ha ido perdiendo protagonismo en favor del 4-3-3 de los últimos partidos y que será la ordenación de hoy en Nervión.
SIN BALÓN
El Betis ha mejorado defensivamente. A la consolidación de Paulao se le ha sumado Perquis, un zaguero contundente que, a la fecha, ha suplido con garantías las ausencias del central franquicia, Mario, a quien sus problemas físicos siguen obligando a dosificar.
En la portería, tras los titubeos iniciales con Fabricio y Casto, se ha asentado de forma sorpresiva Adrián, cuyas actuaciones también han servido para dar confianza a la defensa. Y en los laterales ha habido cambios: Álex Martínez ha acabado con la eterna titularidad de Mario y Ángel, incluso ya en este partido, podría desbancar a un Nelson que no acaba de convencer.
Al contrario del curso anterior, tanto el portero como los defensas no dudan en jugar en largo si se sienten presionados. Los problemas para sacar el balón jugado son latentes y no es extraño ver a Beñat perdiendo metros para socorrer a sus compañeros.
Pero, sobre todo, el Betis funciona fuera de casa, cuando cede más aún la posesión y es capaz de presionar en el centro del campo para contraatacar. Así cimentó sus dos grandes victorias a domicilio, la del estreno liguero en San Mamés ante el Athletic (2-5) y la última en Getafe (2-4).
CON BALÓN
Todo ello se traduce en un fútbol menos elaborado. El Betis busca rápidamente la velocidad de sus extremos e incluso no descarta, cuando Jorge Molina está sobre el campo, acudir al juego directo sobre el alcoyano, quien, pese a su estatura, no es un referente muy válido en este sentido.
LO MEJOR
La pegada de los delanteros, auspiciada en gran medida por la claridad de las escasas ocasiones de gol que genera. La calidad gana por goleada a la cantidad. El juego aéreo también es notable en las dos áreas, de ahí que obtenga fruto de la estrategia en la rival.
LO PEOR
Le faltan criterio con el balón y paciencia cuando va por detrás en el marcador. Beñat no llega en su momento óptimo.
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