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Los brasileños se despiden del viejo Maracaná

Fútbol

El mítico estadio brasileño, inaugurado en 1950, permanecerá cerrado hasta 2013 para ser reformado.

Diana Renée (Dpa)

Río de janeiro, 06 de septiembre 2010 - 19:50

El principal templo del fútbol brasileño, el estadio Maracaná, de Río de Janeiro, se despidió anoche de la hinchada con un "Hasta pronto" exhibido en el marcador electrónico al final del empate sin tantos entre Flamengo y Santos, por el Campeonato Brasileño.

El estadio inaugurado en 1950 con capacidad para recibir a un público de 200.000 personas y que enfrentó desde entonces una serie de reformas que redujeron su aforo a menos de la mitad, reabrirá a tiempo de recibir la Copa Confederaciones, que se disputará un año antes del Mundial de Brasil 2014.

La nueva reforma, que se realizará en un costo estimado en 397 millones de dólares, se destina a adaptar el Maracaná a las exigencias de la FIFA para que el estadio pueda recibir la final del Mundial de Brasil y contemplan, entre otras cosas, la instalación de 14 nuevos ascensores y de equipos para facilitar el acceso de minusválidos a todos los puntos del estadio.

En un primer momento, las autoridades barajaron la posibilidad de seguir permitiendo la realización de partidos allí al menos durante la etapa inicial de las obras, pero luego la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) decidió cerrar el estadio, por temor a que la reducción de la capacidad de público generara una situación crítica ante la gran demanda por entradas en la segunda ronda del Brasileirao.

"Se trata de una decisión motivada estrictamente por motivos técnicos, con el objetivo de preservar la seguridad y la comodidad de los aficionados", afirmó la entidad, en un comunicado divulgado hace diez días.

El cierre de las puertas del Maraca -el apodo cariñoso dado por los brasileños al estadio- generó un ambiente de nostalgia entre los aficionados del Flamengo que acudieron al partido contra el Santos.

"Vengo al Maracaná desde la época de Zico, y cada vez que miro la cancha me acuerdo de sus jugadas. El cierre del estadio me entristece. Esta es la casa del Flamengo, y la considero como mi segundo hogar", dijo Marcio Soares, quien expresó su temor a que su equipo "pierda la identidad" sin su estadio más querido.

No sólo buenos recuerdos ha dejado el Maracaná en sus seis décadas de existencia. El gigantesco estadio fue testigo de uno de los momentos más tristes vividos por la hinchada local: la derrota por 2-1 ante Uruguay en la final del Mundial de 1950, el primero realizado en Brasil.

La incredulidad del público de 200.000 personas ante el traspié, que frustró el sueño de conquistar el título mundial -logrado a la postre en cinco ocasiones por el gigante sudamericano- pasó a la historia con el nombre de "maracanazo".

Ahora, además de una reforma que haga justicia a la historia de glorias del estadio, los brasileños esperan que el nuevo Maracaná sea escenario, en 2014, de la conquista del hexacampeonato, para sumar un título más a los conquistados en los Mundiales de Suecia 1958, Chile 1962, México 1970, Estados Unidos 1994 y Corea/Japón 2002.

Si el sueño de los 190 millones de hinchas del país del fútbol se convierte en realidad, la larga espera habrá valido la pena.

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