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El brasileño volvió a ser protagonista en el triunfo ante el Manchester United

A pesar de estar encargado del equilibrio del juego, se erigió en actor principal en los momentos clave

Casemiro celebra el gol que marcó al Manchester United, el primero de la Supercopa de Europa. / Georgi Licovski / Efe
Jorge Aldea (Dpa)

Madrid, 10 de agosto 2017 - 08:53

Casemiro volvió a ser protagonista en la conquista de la Supercopa de Europa del Real Madrid, afianzándose como el medio centro defensivo que durante tantos años estuvo buscando el conjunto blanco.

Un gran gol ganando la espalda a la defensa del Manchester United, un cabezazo al palo y varios robos de pelota clave alzaron el martes a Carlos Henrique Casimiro -no Casemiro, como luce en su zamarra- como uno de los artífices del triunfo del equipo madridista en Macedonia.

De 25 años, el centrocampista debe su nombre futbolístico a un error tipográfico en su camiseta durante un partido que jugó en su Brasil natal. Tan bien le fue que decidió adoptar para siempre ese cambio de letra.

Tres años después de su debut con el Sao Paulo llamó la atención del Madrid, que primero se hizo con una cesión del jugador, Más tarde, tras su rendimiento en el filial madridista y su debutar en Primera División, precisamente a las órdenes de José Mourinho, el club blanco decidió comprar su ficha.

Casemiro nunca ocultó sus deseos de triunfar en el Madrid. Por eso tuvo claro que resultaría clave su cesión al Oporto en 2014, equipo en el que pudo tener los minutos que en la capital española no podían darle. Sólo así mantendría su crecimiento. Por eso aprovechó con creces aquella temporada y, para cuando regresó a Madrid, su equipo ya le tenía reservado el puesto de medio centro defensivo.

En los dos últimos cursos, el brasileño no sólo se ha hecho un fijo en el esquema madridista, sino que, a pesar de estar encargado del equilibrio y de la parte menos vistosa del juego, logró ser protagonista principal en varios momentos decisivos. Sirvan como ejemplo sus zapatazos desde fuera del área a la Juventus y al Nápoles en la final y en los octavos de la última Liga de Campeones, respectivamente. Dos goles fundamentales.

"Sí, otro gol, pero otro trabajo de equipo", declaró el martes. "Hay que valorar el trabajo del equipo, porque no es fácil. Hemos trabajado mucho para estar aquí", añadió.

"Casemiro vale por dos", señaló el diario AS en un artículo, mientras que Marca, en medio de la espectacular escalada de precios que está experimentando el fútbol, se preguntó: "¿Cuánto vale Casemiro?"

Tan importante es el brasileño que algunas de sus ausencias tuvieron consecuencias fatales para su equipo, y también para su entrenador: fue titular en la época de Rafa Benítez hasta que él decidió no alinearlo en el clásico de 2015 ante el Barcelona que terminó en derrota por 0-4 en el Santiago Bernabéu. Aquel fue el principio del fin de Benítez, que daría paso al exitoso ciclo actual que lidera Zinedine Zidane.

Con Casemiro, el Madrid solventa una cuestión, la del medio centro defensivo, que tenía pendiente desde que en 2003 la salida de Claude Makelele desequilibró el sistema de juego de aquel equipo denominado como el de los Galácticos. Desde entonces, el conjunto blanco, de siempre potentes ataques y buenas defensas, sufrió para encontrar el balance que impidiera que ambos aspectos del juego se partieran en el césped, lo cual significó años de quebradero de cabeza para el club.

Desde la salida de Makelele, sólo un mediocampista triunfó en esa posición pese a tener un perfil más creativo y organizador: Xabi Alonso. El resto llegaron y se fueron sin convencer del todo. Entre los más cercanos están a Lucas Silva, Asier Illarramendi o Sami Khedira. Antes que ellos lo intentaron Lass Diarra, Hamit Altintop, Nuri Sahin, Thomas Gravesen, Emerson, Mahamadou Diarra, Pablo García, Esteban Cambiasso y Rubén de la Red...

Incluso hubo casos como los de David Beckham, Guti, Sergio Ramos o Pepe, a los que se probó en el puesto alguna vez pese a no ser su posición natural.

En definitiva, al que muchos vieron desde temprano como el heredero de Mauro Silva, terminó siendo el de Makelele, con la notable diferencia de que, además de aportar orden defensivo y estabilidad en el mediocampo, esconde una capacidad de remate clave en los momentos de mayor necesidad de su equipo.

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