El punto imposible de Alcaraz que arrancó los aplausos de Nadal en la final del Open de Australia 2026
La genialidad del murciano ante Djokovic en el tercer set provocó la sonrisa y los aplausos de Rafa Nadal desde la grada del Rod Laver Arena.
Carlos Alcaraz conquista el Abierto de Australia y completa el póker de Grand Slams a los 22 años
La final del Open de Australia 2026 fue cualquier cosa menos sencilla para Carlos Alcaraz. El murciano tuvo que exprimirse al máximo para doblegar a un Novak Djokovic combativo, inspirado y dispuesto a llevar el duelo al límite, en un partido que rozó el desenlace más largo posible. La conquista del título, que completó el pleno de Grand Slams en la carrera del español, se construyó pelota a pelota, con esfuerzo, valentía y talento puro.
El enfrentamiento entre dos leyendas dejó momentos imborrables en el Rod Laver Arena, pero hubo un punto concreto que quedó grabado en la memoria colectiva, tanto por su dificultad como por las reacciones que provocó dentro y fuera de la pista. Ocurrió en el tercer set, cuando el serbio dominaba por 2-1 y el encuentro se encontraba en su tramo de máxima tensión.
Djokovic, muy abierto, lanzó un revés paralelo que parecía definitivo, rozando el límite exterior de la red. La grada ya daba el punto por perdido, pero Alcaraz, en una carrera imposible, llegó con una zancada descomunal y devolvió la bola cruzada, cambiando por completo el signo del intercambio. La acción desató el asombro general.
El propio Djokovic no pudo ocultar su sorpresa: negó con la cabeza y sonrió, exhausto, consciente de haber sido víctima de una genialidad fuera de lo común.
Pero la imagen más comentada llegó desde la grada, donde Rafa Nadal reaccionó con aplausos y una sonrisa de incredulidad, maravillado ante el despliegue del joven tenista español.
Alcaraz celebró el punto señalando al cielo de Melbourne y llevándose el dedo a la oreja, contagiado por el rugido del público. No fue solo un golpe espectacular, sino un punto de inflexión emocional, una jugada que simbolizó el nivel extraordinario de una final destinada a ocupar un lugar privilegiado en la historia reciente del torneo.
Ese intercambio, mezcla de resistencia, intuición y descaro, resume a la perfección la grandeza de un partido que ya es referencia en el Open de Australia y que confirmó que el relevo generacional no solo está en marcha, sino que ya protagoniza noches legendarias.
Temas relacionados
No hay comentarios