Un tercio sevillano en Madrid
Real madrid | cajasol · la previa
El Cajasol aspira a eliminar al suntuoso equipo de Messina recurriendo a su carácter guerrillero. El bloque de Plaza ya no mira acomplejado al rival
"No queda sino batirnos". La frase aparece en Alatriste, esa película basada en el libro de Arturo Pérez Reverte ambientada en la España imperial del siglo XVII. Al Cajasol, como aquellos regimientos de soldados españoles, como aquellos tercios de Flandes, no le queda otra que matar o morir por su lucha, por su escudo, por la perdurabilidad de un sueño, un reto, una victoria que mande al traste el suntuoso proyecto de Florentino Pérez y siga en la lucha por el título el equipo que goza sobre el campo de batalla, que no da un balón por perdido, que disfruta haciendo que su rival, la tropa oponente, no anote, no se divierta, no esté a gusto.
Es la única fórmula para que el Cajasol se adjudique la serie y se clasifique para las semifinales, llevar este tercer partido a la batalla táctica, a volver a dar un ejemplo de una defensa perfecta y apocar a un contrincante con mucho más armamento y que duplica en número de soldados al pequeño escuadrón manejado por Plaza.
Ese espíritu combativo que ha recibido los halagos de España y parte del extranjero es el filón que tiene que explotar obligatoriamente el Cajasol para que Vistalegre, ese coso taurino que echa en cara a su equipo los discretos resultados de la temporada, despida la campaña del Real Madrid con gritos, abucheos y pitada general, como en el primer encuentro del play off.
Al ejército también hay que motivarlo y seguro que Plaza ha usado la frase de Messina de que habría preferido no jugarse el pase en casa y la declaración de Ivanovic afirmando que su rival en semifinales será el Madrid para que sus chicos salgan espoleados, con ganas de morder a los blancos y de que vuelvan cabizbajos al vestuario diciendo adiós a sus posibilidades de ganar el título.
Ese carácter aguerrido, de gladiador en el circo romano, no puede evaporarse en una cita de esta trascendencia. No puede suceder como en los primeros 15 minutos del choque en San Pablo, cuando fue el Cajasol el que sufrió en sus carnes el tembleque por tener a tiro de piedra la gesta de eliminar a un grande de Europa. Después, remó y remó contracorriente y tuvo ocasión de remontar, pero Garbajosa y Bullock, dos viejos generales, se encargaron de salvar el pellejo del resto de sus compañeros para llegar con vida a la tercera y definitiva contienda.
Lo mejor de este Cajasol es que en los dos choques de la fase decisiva ha desterrado el complejo que arrastraba de los dos enfrentamientos previos con el Madrid. Ahora sabe que puede tutear al conjunto de Messina y que no tiene que mirar a las estrellas blancas de abajo a arriba. Atacar desde la defensa, como hizo hincapié Plaza el sábado, es la mejor virtud para zarandear a un oponente que no pasa por un buen momento y cuyo juego colectivo, por rifirrafes internos con el entrenador por medio en todos ellos, ha bajado muchos enteros en los últimos meses.
Si el grupo de Plaza lleva el partido a su terreno, jugando a ralentizar el ritmo, a pocos puntos, acabando extenuados por el trabajo en la retaguardia y generando presión, responsabilidad máxima, al Real Madrid, tendrá los suficientes recursos para liquidar al bloque de Messina.
Nadie afirma que sea fácil el compromiso, pero sí que no está perdido el cruce ni tiene por qué ser un choque cómodo para los blancos. Al contrario. Calloway, Savanovic, Kirksay, Miso, Triguero, Radenovic y Ellis, los únicos cajistas que jugaron el sábado, superarán el cansancio y los dolores provocados por una largo curso para arrebatar la única esperanza de éxito que le queda a Messina y a los suyos. "No queda sino batirnos".
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