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La violencia se enseñorea del fútbol

Desde mi córner

La trifulca doméstica de hace unos días en Triana tuvo repetición en el Brasil-Argentina

IMPACTANTES a más no poder las imágenes de la batalla librada en Maracaná antes de que el balón empezase a rodar en el partido entre brasileños y argentinos. Un Brasil-Argentina es una sobredosis pasional que nunca había explotado como explotó antier noche y lo cierto es que hay que intentar, al menos intentarlo, que la espiral de violencia que se está creando en el fútbol nunca es tarde para ser erradicada, pero algo de prisa vendría bien.

Violencia repudiable que se da en todas partes y no tiene por qué anunciarse un partido entre rivales encarnizados para que brote. Lo de Maracaná se zanjó de forma menos cruenta de lo que se temía y para ello fue crucial que los futbolistas argentinos reaccionasen ante lo que sufrían sus compatriotas en las gradas. Una jauría acosando a una afición en minoría que fue defendida por la enérgica actuación de Messi y la compaña providencial para un efectivo alto el fuego.

Y de Maracaná a Triana con la emboscada fallida de unos ultras a otros que estaban en pacífica convivencia. Hay que ponerle vallas al campo y zanjar con mano dura estos comportamientos que no son de ahora, pero que a tiempo se está para que las aguas no abandonen sus cauces. Entre los cánticos insultantes y esas guerrillas urbana, no puede ser que ir al fútbol sea una ocupación de alto riesgo y que hacerlo con niños entra de lleno en actividad ciertamente arriesgada.

Pasa que como el río revuelto conlleva el beneficio de pescadores digamos que ponerle el cascabel a este fiero gato es cuestión de urgencia mayúscula. No estaría mal endurecer las penas de cuanto ocurre dentro y fuera del estadio, pues la educación que falta ya es complicado imbuírsela a quienes no la adquirieron en tiempo y forma. Es muy atractivo este hermoso juguete llamado fútbol que tanto interesa, pero hay que cuidarlo y alejar de él a tanto indeseable suelto.

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