"Todos los hoteleros nos equivocamos al competir en precio y no en calidad"
Rufino Calero es el reflejo del éxito de la constancia: hijo de la posguerra, entró en el sector hace 57 años como auxiliar administrativo y escaló hasta fundar dos nombres clave en el turismo español: Tryp y Vincci
Jubilación es palabra tabú para Rufino Calero (Madrid, 1935). El 29 de julio cumple 58 años de dedicación al sector hotelero, donde se inició como auxiliar administrativo con 18 años de edad. Era el día de Santa Marta, patrona de la hostelería, y tuvo la tarde libre. "¡Qué chollo!", pensó. Pero su abuela, que le crió tras fallecer su madre, se echó las manos a la cabeza al ver frustrada su aspiración de colocarle en un banco. "Pero hijo mío, ¿en una fonda?", le espetó. No auguraba que su nieto iría escalando en la profesión hasta fundar y dirigir durante más de 25 años Tryp Hoteles hasta convertirlo en el tercer grupo español. Y no contento con eso, tras vender Tryp a Meliá, creó Vincci Hoteles, cadena que cuenta ya con 35 establecimientos de cuatro y cinco estrellas, diez de ellos en Andalucía, y prepara dos aperturas inminentes: en junio en Benalmádena, y a finales de año en Lisboa. Su éxito profesional no le ha desvinculado de su verdadera pasión: el mundo de los toros, donde participa no sólo como aficionado sino como propietario del Hotel Vincci La Rábida, elegido por el 80% de las figuras que actúan en la Maestranza para vestirse y como dueño del hierro de Río Grande.
-Usted pertenece a una generación que vivió las penurias materiales de la posguerra. Cuando le hablan de la crisis, ¿en qué piensa?
-En que no es la primera crisis que me ha tocado vivir. Me acuerdo de que cuando estalló la Guerra del Golfo y el petróleo empezó a subir, inmediatamente formé un comité de emergencia creyendo que era el fin del mundo. Al final se superó y no pasó nada. Esta crisis es fuerte porque es mundial, no sólo de España. Pero tengo el convencimiento de que vamos a salir adelante.
-Cuando lanzó la cadena Tryp, en 1976, no era precisamente el mejor momento económico de España.
-No lo era bajo ningún concepto y salimos adelante. Yo he sido durante 15 años profesor de la Escuela de Turismo de Madrid. El primer día del curso les decía a los alumnos algo que repito a mis directores: pensad que ésta es una profesión vocacional. De verdad, el que no sienta la vocación más vale que no sea hotelero.
-Y usted es vocacional reincidente.
Tenía 65 años cuando vendió Tryp. ¿Cómo es que se lanzó a una nueva aventura profesional en vez de retirarse a jugar al golf?
-Mi hijo Miguel Ángel, que ahora trabaja conmigo, me dio el quid de la cuestión de una manera muy sencilla. Yo llegué a un acuerdo con los señores Escarrer para que mis hijos siguieran trabajando en Meliá. Después, pensándolo fríamente, sabía que no lo podían cumplir porque mientras hubiera un Calero por medio no se iban a considerar propietarios de la cadena, y largo habían pagado por ella. Un día vino mi hijo a casa y me dijo que le habían echado. Yo le respondí: "No te preocupes porque lo que nos han pagado me permite el lujo de asignaros una cantidad todos los meses". Entonces me dijo muy serio, y fue lo que me hizo cambiar el rumbo: "¿Pretendes que yo me levante a las 11 de la mañana y no tenga absolutamente nada que hacer y que mis hijos tengan el ejemplo que tú nunca me has dado?" Y me dije: "Rufino, hay que montar otra cadena". Y ese mismo día firmé el contrato del Hotel Lys de Valencia.
-¿Le ha servido su experiencia para ponderar la crisis o se enfrenta a algo totalmente desconocido?
-Desconocido no es. Mantengo la teoría de que todos los profesionales del turismo nos hemos equivocado por algo que repito hasta la saciedad: hemos concienciado al cliente de que compita en precio y no en calidad. Esta mañana leía un anuncio de todos los hoteles de cuatro estrellas de Gijón que vendían a 30 euros el alojamiento y desayuno. A este precio, si al hotelero le garantizan el 100% de la ocupación, sigue perdiendo dinero.
-Su planteamiento parece suicida en estos tiempos. ¿Cómo le fue el año pasado?
-El año pasado fue malo para la cadena Vincci porque nos pilló la crisis de Túnez, donde tenemos 4.500 camas y ocho hoteles. Eso nos ha afectado muchísimo. Pero aun así, no hay mal que por bien no venga. En Canarias hemos tenido una repercusión positiva porque todo el turismo del norte de África se ha ido allí.
-¿Cómo ve la situación en Túnez?
-Primero, me sorprendió la revolución porque no la esperaba. Y segundo, tengo el convencimiento de que van a salir de ella. De hecho, hace tres semanas estuve en Túnez y la vida allí es totalmente normal.
-¿Qué espera para este año?
-Para este año, ¡Inshallah! Si me permite hacer una profecía, creo que va a ser un buen año turístico, pero siempre con el condicionante de que vivimos unos precios tremendamente bajos. Por ejemplo en este hotel donde estamos (Hotel Vincci La Rábida de Sevilla), me decía ayer el delegado de la zona Sur, mi hijo Rafael Calero: "Padre, ¿te acuerdas de cuando exigíamos en Feria semana completa y pago por adelantado?" Hoy estamos al 80%.
-Hace unos años tenía varios hoteles en EEUU y ahora sólo mantiene uno en Nueva York. ¿Qué pasó?
-No fue un problema. Teníamos un hotel en Miami, otro en San Francisco y uno en Nueva York. Llegó la oportunidad de quitarnos dos en buenas condiciones y lo hicimos. A finales de año abrimos el segundo hotel en Lisboa. Portugal es un país que en el que dentro de sus dificultades nos va bien.
-¿Cuál es en su opinión el principal pecado del sector?
-El mayor pecado que ha cometido el mundo del turismo y no hay visos de que cambie es la no formación del personal. Hay una carencia total. Para mí, en este momento no hay más que una escuela de turismo en España que funcione: la de Santiago.
-Hubo una época en la que los empleados empezaban a trabajar muy jóvenes, la empresa les formaba e incluso podían llegar a lo más alto. Usted es un ejemplo de ello. ¿Se ha perdido esa labor formadora de la empresa?
-Creo que se ha perdido fundamentalmente porque la Administración no suple esa formación que tenemos que afrontar.
-Usted también se opone a las comisiones que se están pagando actualmente a las agencias.
-No sólo yo sino el sector entero. No hace muchos años hablábamos de entre el 8% y el 10%. Ahora resulta que en cualquier reserva que te venga es del 20%. Estamos llegando a un momento en el que nos estamos cargando la gallina de los huevos de oro.
-¿Tienen un servicio directo de reservas por internet?
-Sí. De momento la contestación es todavía modesta: el 8% o 10% de las reservas. Pero al menos estamos consiguiendo que sean a coste cero.
-¿Qué opina de las redes sociales como canal de comercialización?
-Mi mujer dice que los que ya estamos en los 75 somos los auténticos analfabetos del siglo XXI y tiene toda la razón del mundo.
-Vincci tiene varios hoteles en las principales ciudades españolas: Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga... En cambio, en Sevilla sólo cuenta con uno.
-En Sevilla sólo tenemos uno... de momento. No me cierro nunca las posibilidades.
-Una de sus aspiraciones confesas es abrir hoteles en Londres y París. ¿Cómo va ese sueño?
-Los sueños sueños son, dijo Calderón. Pero no lo abandono. Espero no morirme sin tenerlo cumplido.
-El Hotel Vincci La Rábida es la plasmación de uno de esos sueños: siempre quiso tener un hotel emblema de la torería en Sevilla.
-He cumplido muchos de mis sueños. No lo esperaba cuando comencé como auxiliar administrativo hace 57 años. He sido tocado con la varita mágica de los afortunados.
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