Elecciones municipales Sevilla Santa Clara: a 4,5 millas del Ayuntamiento

  • La ‘garden city’ que linda con el Polígono San Pablo es estadísticamente la zona de mayor renta de Sevilla, pero en la práctica es un barrio olvidado durante décadas donde la campaña pasa de largo

  • Sus casi 9.000 vecinos confían en la continuidad de las obras iniciadas en los últimos mandatos en una zona que urge un plan integral

Postes de madera con cables colgando entre los chalés de Santa Clara. Postes de madera con cables colgando entre los chalés de Santa Clara.

Postes de madera con cables colgando entre los chalés de Santa Clara. / Víctor Rodríguez

Hay postes de madera y cables colgando que atraviesan calles sin aceras. A primera vista parece muy americano. Una estampa del pasado en la que sólo faltan los Chevrolet metalizados detrás de los setos. Pero hace décadas que los militares de EEUU, desplazados a las bases de Morón y Tablada, se fueron. Hace cuatro décadas que Santa Clara es un barrio más de Sevilla, pero hace sólo unos años había concejales que dudaban de si la zona estaba o no recepcionada, pensando que seguía siendo una urbanización privada.

Suena a chiste, sin gracia. Ninguna le hace a sus representantes vecinales oír cómo este barrio se señala como el de mayor renta de Sevilla. Las estadísticas, las mismas que sitúan a Tres Barrios-Amate como el más pobre de la capital, apuntan a una media que elevan residentes de alto nivel adquisitivo que siguen censados en esos antiguos chalés de los americanos. “Éste es un barrio de clase media, de profesionales liberales, médicos, abogados, arquitectos y pequeños empresarios, autónomos, también de funcionarios de nivel y en cualquier casa pueden entrar dos sueldos medios de 2.000 euros, eso es clase media-alta, no son millonarios”, explica Faustino Escobar, presidente de la coordinadora que desde hace un par de años aglutina a una veintena de colectivos vecinales de una zona donde hay censadas casi 9.000 personas.

Faustino Escobar, junto al hostelero Ángel Jiménez, en su local de los comerciales de Santa Clara. Faustino Escobar, junto al hostelero Ángel Jiménez, en su local de los comerciales de Santa Clara.

Faustino Escobar, junto al hostelero Ángel Jiménez, en su local de los comerciales de Santa Clara. / Víctor Rodríguez

Uno de estos vecinos es Ángel Jiménez, Pancho, que regenta un bar en los comerciales que hay frente a la parroquia. “Aquí nos tienen olvidados, el barrio funciona solo y, a veces, casi lo prefiero porque cuando vienen es para multarnos e inspeccionarnos hasta un nivel insoportable. ¿Por qué? Porque pagamos la multas y muchos impuestos, porque tenemos casas grandes, claro está. Aquí hay gente con nivel que sabe razonar y entendemos que no nos deben dar ni más ni lo mismo que a los del barrio de enfrente, porque allí hay más población y más necesitada, pero algo de vez en cuando no estaría mal....”, comenta haciendo una radiografía que comparten quien le escuchan en los veladores de la plaza interior de esta zona comercial.

Los representantes de los vecinos, casi 9.000 de clase media-alta, congeniaron con Ciudadanos y el PP y ven ahora interés en Juan Espadas

Sólo algunas urbanizaciones, como Jardín 27, suma más residentes que un pequeño pueblo de la provincia, pues pueden rondar por los 1.300. Un volumen de población que justificaría muchos más servicios. Manuela Cañadas, una de las representantes de la asociación Las Praderas, la más antigua de Santa Clara, recuerda la batalla que libró para conseguir que se abriera un colegio público en el barrio y un semáforo que diera salida al tráfico por Kansas City. De eso hace ya varias décadas. Entonces vivían en Santa Clara muchos políticos de izquierda, entre ellos, Alfonso Guerra, que sigue instalado allí. “Aquí hay muchos jubilados también”, comenta Jetty Buxant, un belga que se afincó en Santa Clara por los años 80 y que se indigna al ver cómo los servicios municipales siguen siendo deficientes.

Jetty Buxant, vecina del barrio, muestra la falta de limpieza. Jetty Buxant, vecina del barrio, muestra la falta de limpieza.

Jetty Buxant, vecina del barrio, muestra la falta de limpieza. / Víctor Rodríguez

Hoy el vecindario se ha rejuvenecido, con la construcción de nuevas viviendas que rodean al núcleo primitivo, pero también hay otra población de edad, con buen nivel adquisitivo, que paga las hipotecas de sus hijos. Es la huella de la crisis y la nueva situación económica en una población que, directamente, no tiene motivos para sufrirla.

Faltan cuatro días para las elecciones municipales y la campaña ni se huele en Santa Clara. Ni un cartel, ni una propaganda, ningún acto, ni tampoco visitas durante este periodo. Los representantes vecinales se pasan por las redes sociales el programa del PP y del PSOE, los únicos que recogen medidas concretas para el barrio. “Con Ciudadanos teníamos muy buena sintonía, se han preocupado mucho durante este mandato, pero el grupo ahora es otro y de momento no sabemos nada de ellos”, comenta Escobar que preside el Club Social Santa Clara desde hace siete años y que ha logrado hacer fuerza y situar a esta zona en el “mapa de Sevilla”. Era su propósito, pero ahora queda muchísimo por hacer.

Los vecinos comprueban las obras, sin concluir, en la calle Pinta. Los vecinos comprueban las obras, sin concluir, en la calle Pinta.

Los vecinos comprueban las obras, sin concluir, en la calle Pinta. / Víctor Rodríguez

Las cosas comenzaron a cambiar gracias a su trabajo en el mandato de Juan Ignacio Zoido, cuando se rehabilitó el azulejo original de la entrada que limita la velocidad de circulación en millas y en kilómetros. Un gesto simbólico y algunas obras menores de asfaltado. El proyecto mayor, con una inversión de más de 330.000 euros, ha sido la reforma integral de la calle Carabela Pinta, que la campaña electoral ha dejado sin inaugurar y que muestra detalles sin rematar que indignan a los vecinos, pues no se ha soterrado el cableado y se han conservado, con una valla de protección, postes de madera y un antiguo transformador rotulado con azulejos de la Compañía Sevillana de Electricidad. Aun así, los vecinos agradecen la atención en este último mandato. “Es cierto que Juan Espadas ha mostrado mucho interés en los últimos dos años, pero no sabemos si habrá continuidad”, comentan mostrando un detallado informe que tienen elaborado para todo aquel político que quiera conocer la realidad del barrio convencidos de que el consenso vecinal es primordial para lograr avances desde el Ayuntamiento.

Miembros de la plataforma vecinal del barrio posan en la puerta del Club Social Santa Clara. Miembros de la plataforma vecinal del barrio posan en la puerta del Club Social Santa Clara.

Miembros de la plataforma vecinal del barrio posan en la puerta del Club Social Santa Clara. / Víctor Rodríguez

La plataforma le da parte de los deberes hechos ya al gobierno municipal y ha establecido sus prioridades. “Sabemos que el barrio necesita un plan integral, se aprobó en pleno, y que eso supone mucho dinero, que habrá que empezar poco a poco”, asume Agustín de la Quintana, de la asociación Las Praderas. Y lo suyo es hacerlo garantizando itinerarios peatonales para los escolares y reurbanizando la avenida de los Conquistadores, un trazado donde crecen sin piedad los jaramagos. La lista vecinal continúa con la recuperacion del proyecto de línea de bus BTR, paradas de la línea 27, una mejor señalización para el tráfico, la eliminación de los aparcamientos en batería en avenidas como Antioquía, más limpieza y reposición de árboles enfermos, entre otros asuntos, algunos tan básicos como el arreglo de las aceras. “No hay, esa acera que se ve en la puerta de mi casa es de hace 40 años, cuando estaban aquí los americanos”, comenta un vecino de la calle Obispo Zumárraga, donde los cables cuelgan hasta la altura de las puertas de entrada a las viviendas, que en su día fueron antiguos pabellones para los militares de menor graduación.

Estado actual de la Avenida de los Conquistadores. Estado actual de la Avenida de los Conquistadores.

Estado actual de la Avenida de los Conquistadores. / Víctor Rodríguez

Los problemas son urbanísticos, de servicios básicos. No hay grandes conflictos de convivencia ni de inseguridad. La vista de los vecinos se fija ahora en los problemas de ruidos causados por una discoteca en la Avenida de Montesierra y que aviva estos días el debate, según explica uno de ellos, Esteban Medina. El vallado del parque, que fue un campo de rugby, se acabó hace cuatro años y esta zona verde es frecuentada hoy por familias, “no por porretas” como hasta hace poco”, recuerda aliviado Escobar, padre de una chica adolescente.

La tarde suena a risas y gritos de niños que hacen deporte en el club social, que hace las veces de centro cívico. Suben las cuotas, pero las inscripciones no cesan. “Nos quejamos porque hay carencias pero ninguno de los que llevamos aquí años cambiaríamos esto por nada”, asegura Manuela Cañadas, que destaca la convivencia en un barrio horizontal, urbano, con un tejido social importante y unido desde hace años donde, todos coinciden, se vive “de lujo”. Y todo ello, a pesar de las 4,5 millas aproximadas que lo separan del Plaza Nueva. Los americanos abandonaron el garden city de Santa Clara de Cuba, pero los kilómetros siguen siendo los mismos. Una distancia que se recortaría, más que con inversiones, con gestos políticos ahora y después de la campaña.

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