“A mi museo solo le falta el baúl de la Piquer”
Francisco Jiménez Rodríguez | Coleccionista y fundador del Museo de la Copla
Francisco Jiménez Rodríguez (Cájar, Granada, 1944) trabajó en la hostelería, aunque su verdadera pasión ha sido coleccionar objetos relacionados con la copla. Ha estado casi 70 años coleccionando piezas y ha montado en su propia casa un museo dedicado a este género musical. La mayoría de estas piezas han sido donadas por los propios artistas o por sus familiares. Además, es letrista de casi doscientas coplas.
Pregunta.–¿Cómo se le ocurrió montar un museo dedicado a la copla?
Respuesta.–Yo vivía de pequeño en Cájar, una localidad cerca de Granada. Allí no había cine y teníamos que ir a la Zubia. Me dio por coleccionar prospectos de películas en las que salían artistas copleros. Llegué a llenar dos cajas de zapatos con estos prospectos o programas de mano. También iba a comprar los carteles de esas películas, que los vendían a una peseta. Recuerdo que mi padre me daba ese dinero para ir al cine, pero yo prefería el cartel. Ahí empezó esa afición. Luego comencé a coleccionar cosas sobre la copla. Así he estado más de sesenta años. Hasta que hace poco decidí montar el museo.
P.–¿Qué cosas interesantes puede ver alguien que vaya a verlo?
R.–Hay discos de pizarra antiguos de todos los cantaores y cantaoras de coplas como Marifé de Triana, Juanita Reina, Lolita Sevilla, Macarena del Río, Antonio Molina, Concha Piquer… El cantante Joselito vino hace poco a ver el museo y se extrañó de que yo tuviera un disco de pizarra que él grabó hace setenta años. Hay vestidos de muchas cantaoras, objetos personales, joyas… Por estar está el primer acordeón de María Jesús, una peineta de Marifé de Triana o las últimas gafas que se puso La Niña de la Puebla, que me las dio su hija, Adelfa Soto.
P.–¿De dónde ha sacado tanta pieza?
R.–Pues la mayoría me la han dado los mismos artistas o su familia. También he comprado algunos objetos, pero menos. Además, todo está autentificado, bien por la firma del artista o por las fotos en las que se ven con las piezas que lucen. Son siete habitaciones en total llenas de objetos de toda clase. La verdad es que ya no tengo sitio.
P.–Son todo piezas antiguas que huelen a nostalgia.
R.–Bueno, también tengo objetos de artistas actuales. Por ejemplo, hay un vestido de Diana Navarro y una chaqueta de Miguel Poveda, que están ahora muy de actualidad.
P.–¿Hay alguna pertenencia que le resulte entrañable?
R.–Es difícil nombrar alguna porque hay muchas. Pero mire, tengo el sombrero que Pepe Isbert llevaba en la película Bienvenido Míster Marshall, cuando iba agarrado del brazo de Lolita Sevilla y de Elvira Quintillá. El sombrero me lo dio la misma Lolita Sevilla, con la que tuve cierta amistad. Cuando murió, su familia me dio muchos de sus cosas personales. Para mí son entrañables. Lo mismo que un disco de pizarra de La Argentinita.
P.–A su museo le falta el baúl de la Piquer.
R.–Sí, [risas]. De la Piquer tengo carteles, pero ningún baúl. Si lo tuviera sería la repera. Es lo único que me falta.
P.–¿Cree usted que la copla es un cante que se puede perder?
R.–Yo creo que no. Es cierto que ya no es lo que era. En los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado todo el mundo cantaba coplas. Tenía mucho éxito. Las mujeres hacían las labores cantando canciones de Juanita Reina, Miguel de Molina o Marifé de Triana, por ejemplo. En la radio siempre estaba sonando una copla. Luego vino el declive y casi desaparece. Pero en los ochenta y noventa aparecieron artistas dispuestos a recuperarla. Ya no es lo que era, pero sigue viva.
P.–Tengo entendido que Lola Flores venía a Granada hacerse sus vestidos para cantar.
R.–Sí. Venía a Molvízar, un pueblo de la costa granadina, donde vivían dos modistos que le confeccionaban su vestuario. De Lola Flores tengo en el museo los bocetos que ella misma pintaba para decirle a los modistos cómo quería los trajes. Los bocetos están firmados por ella. Y tengo también un vestido de Lola, de cuando cantó con su hija Lolita en un homenaje que le hicieron en Miami. Y una carta de su padre fechada en 1942, cuando la artista empezaba.
P.–Ahora tiene usted una exposición sobre Juanita Reina en el Centro Artístico de Granada. ¿Qué podemos ver allí?
R.–Pues por lo pronto están los carteles de las 11 películas en la que ella intervino. También hay discos, vitrinas con recortes de periódicos sobre su vida, felicitaciones de Navidad que ella enviaba, fotos de su boda… También hay un cuadro de ella que pintó José Hernández Quero. Y otro de Antonio Montiel. Igualmente, carteles de sus espectáculos. En fin, muchas cosas.
P.–También ha montado usted un pequeño museo sobre el torero El Fandi.
R.–Sí. Tengo en él seiscientos carteles de sus corridas, un traje de luces, dos capotes de paseo y dos de brega. Él mismo se quedó extrañado cuando vino a verlo hace tres años. Me dijo, Paco, tienes más cosas que yo. Soy un gran fan de torero. Poseo 300 entradas de las veces que he ido a verlo y, además, le he compuesto una canción.
P.–Por cierto, ¿sabe usted cantar?
R.-Cantar no, pero he sido letrista de al menos doscientas coplas. Llevo la copla en la sangre.
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