TRENES
Reanudada la alta velocidad entre Sevilla y Madrid

Paloma Jiménez: “José Alfredo canta el amor del bueno, no es una moda”

Paloma Jiménez Gálvez, hija del compositor mexicano, reivindica su legado en el centenario de su nacimiento: “El Rey es su testamento”

Diego Ramos: "No parecerse a nadie: esa fue la lección de Rafael de Paula"

La Embajada de México en España fue, el pasado mes de enero, sede de una ceremonia para celebrar el legado del gran compositor mexicano José Alfredo Jiménez. El evento estuvo encabezado por Paloma Jiménez Gálvez, hija del creador. / A.S.
Gloria Sánchez-Grande

17 de febrero 2026 - 06:59

En estos días en que febrero se rinde al amor y las ciudades se llenan de promesas susurradas, el nombre de José Alfredo Jiménez (Dolores Hidalgo, Guanajuato, 1926 - Ciudad de México, 1973) vuelve a latir con una fuerza especial. Nadie como él supo cantar al amor herido y al amor orgulloso, al que se va y al que regresa, al que duele y al que salva. Cien años después de su nacimiento, su voz sigue acompañando a los enamorados de medio mundo. Y quien mejor conoce el pulso íntimo de ese corazón que se volvió canción es su hija, Paloma Jiménez Gálvez: filóloga, custodio de un legado universal y la niña que, antes de saber que su padre era mito, lo tuvo simplemente como papá.

Pregunta.De niña, antes de entender quién era José Alfredo Jiménez para el mundo, ¿quién era para usted en casa?

Respuesta.De pequeña era solamente mi papá. Fue un hombre muy casero, le gustaba pasar tiempo con nosotros. Había construido una oficina al fondo de la casa con vista al jardín, pero mi hermano y yo la invadimos con juguetes. Cuando regresó de gira y vio aquello, decidió dejarla como cuarto de juegos. Pasábamos horas ahí con él. Pedro Infante le regaló a mi hermano un tren eléctrico alemán precioso, y mi padre disfrutaba armando las vías y enseñándonos a cuidar cada vagón. También nos llevaba a misa a la Basílica, al fútbol, a los toros, al centro del Distrito Federal a ver los alumbrados. Y recuerdo con mucha ternura cuando nos ayudaba con la tarea.

P.Dice que fue su primer cuentacuentos.

R.Claro, porque en sus canciones estaban esas historias. Cuando grababa un LP nuevo, llegaba a casa y ponía cinco discos en la tornamesa para escucharlos toda la tarde. Así viví esas narraciones en su voz. Nos contaba la aventura de El caballo blanco, nos llevaba discos de Cri-Cri y nos cantaba en los viajes por carretera.

Tenía el poder de convertir el dolor en canción

P.Sus canciones hablan del dolor, pero también de celebrar la vida. ¿Era así él?

R.El sufrimiento late en su obra, pero fue un gran observador, curioso y buen oyente. Gozó y sufrió, y tuvo el poder de convertirlo en canción. También sabía escuchar las historias de otros y volverlas verso: Tierra sin nombre, Sucedió en la barranca, El perro negro… Y tenía muy buen sentido del humor; aunque era introvertido, contaba los chistes con mucha gracia.

P.¿Por qué sigue emocionando cien años después?

R.Porque canta el amor del bueno. No es una moda: siempre nos vamos a enamorar.

P.Usted defiende que sus letras son literatura. Si no hubiera sido compositor, ¿qué habría sido?

R. Poeta, sin duda. Su obra está escrita en versos. Quizá también narrador de microrrelatos.

P.¿Qué canción se parece más a él?

R.Muchas son autobiográficas. Entre las primeras, El hijo del pueblo; después, Gracias y El Rey. Las que fueron encargo para películas quizá no lo representan tanto.

'El Rey' es un orgullo de humildad y su testamento; él sabía que estaba llegando al final

P.Usted sostiene que El Rey también es una despedida.

R.Yo creo que manifiesta un orgullo de humildad, aunque suene a oxímoron. Él sabía lo que había creado y que su vida se acercaba al final. Fue de sus últimas canciones; de algún modo, es su testamento. Llegó a la meta que vislumbraba, sin prisa y con contundencia.

P.¿Qué sintió al tener en sus manos la Bitácora, el cuaderno de su padre?

R.Es uno de los objetos más valiosos para la familia. Mi madre me la dio y no dimensioné su valor hasta que comencé a estudiarlo. Recorrer sus páginas, ver que guardaba flores entre las hojas… es un tesoro. Me entristece que no la continuara; la vorágine lo llevó por otros caminos.

Mi padre no me pertenece solo a mí, es de México y del mundo

P.¿Pesa más la responsabilidad o el privilegio de custodiar su legado?

R.Ambos. He sido responsable y he tenido gente maravillosa a mi lado. Mi esposo Javier Senosiain, que diseñó el mausoleo y convirtió la casa de mis abuelos en museo; amigos como Eulalio Ferrer; maestros como Ferrusquilla. Lo colectivo me encanta: desde niña aprendí a compartir a mi padre. No me pertenece solo a mí, es de México y del mundo. He escuchado El Rey en ruso, en holandés, en árabe. Eso me llena de orgullo.

P.En el centenario, ¿hay algo que le emocione especialmente?

R.Todo es importante, pero me emociona que Santa María la Ribera sea reconocida como el barrio de José Alfredo. Ahí vivió desde los diez hasta los 24 años: su escuela, la Alameda, la iglesia, la cantina donde escribió canciones, la cafetería donde le cantó Cuatro caminos a su Paloma querida. Dolores es su pueblo adorado, pero Santa María fue su casa.

P.Si escuchara hoy a quienes lo versionan, ¿se reconocería?

R.Vivió adelantado a su época y se identificaba con los jóvenes, incluso con los “greñudos”. Con Joaquín Sabina se identificaría de inmediato, como lo hizo con Chavela Vargas o cuando escuchaba a los Beatles y Pink Floyd con mi hermano.

P.¿Qué letras la conmueven más hoy?

R.Mundo raro y Las ciudades me sorprenden siempre; son poemas elegantes, distintos a las bravías. También Un pedazo de luna, Serenata sin luna, El jinete o Amanecí en tus brazos. No pasarán de moda.

P.¿Qué rasgo humano suyo la hace sonreír?

R.Era muy cariñoso y generoso. Siempre iba a dar gracias a la Virgen al regresar de gira o cuando recibía una buena noticia. La gratitud y la generosidad iban de la mano en su vida.

P.Si pudiera ver hoy la Casa Museo y los estudios sobre su obra, ¿qué diría?

R.Intentó comprar la casa de Dolores para devolvérsela a mi abuela y no pudo. Creo que estaría feliz de verla abierta al público. No sé qué diría sobre los estudios académicos; quizá se sorprendería y se le escaparían unas lágrimas. Después de un rato, estoy segura de que diría: “Gracias”.

¿Quién es Paloma Jiménez?

Paloma Jiménez Gálvez (Ciudad de México) es doctora en Letras Hispánicas y cursó la maestría en Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana. Segunda hija de José Alfredo Jiménez y de Paloma Gálvez —su primera esposa y musa—, vivió junto al compositor hasta los 19 años, cuando falleció en 1973.

Tras la muerte de su hermano José Alfredo Jiménez Jr., en 2021, se convirtió en la principal heredera y guardiana de su legado. Ha impulsado la creación y desarrollo de la Casa Museo José Alfredo Jiménez en Dolores Hidalgo (Guanajuato), además de coordinar exposiciones, homenajes y proyectos editoriales dedicados a estudiar y difundir la dimensión literaria y musical del autor de El Rey. Su labor combina rigor académico y memoria personal: preservar no solo la obra del mito, sino el pulso humano del padre.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales

Pablo Antonio Fernández: "El mundo está igual de majara que antes"

Lo último