"El separatismo catalán es un populismo a lo Hugo Chávez"
Fernando savater. filósofo y escritor
Savater,Catedrático de Filosofía y ganador del Planeta en 1998, participó junto a Antonio Miurae en el vigésimo cuarto Mano a Mano organizado por la Fundación Cajasol
–En San Sebastián prohibieron los toros, pero conservan el cine. Sin miuras, pero con Mauras. ¿Es seguidor del Festival?
–He ido muchísimo al Festival de cine de San Sebastián, vivíamos intensamente la llegada de los actores y las actrices. Últimamente me he alejado porque las fechas del certamen casi siempre me coinciden con otros compromisos. Era muy aficionado a ese ambiente, lo viví entre los14 y los 25 años.
–Usted tenía una página en la revista de cine Casablanca que dirigía Fernando Trueba. ¿Llegó a ejercer de jurado?
–Sí, en una ocasión, en la época de crisis en la que el festival perdió la categoría A. En esa ocasión, coincidí en el jurado con Taiji Tonoyama, la suculenta actriz de El imperio de los sentidos de Nagisha Oshima.
–Ha venido a Sevilla a un mano a mano con los ganaderos Miura. ¿Conoció al dramaturgo Miguel Mihura?
–Nunca coincidí con él, y eso que vivía muy cerca de mi casa en Madrid, en la calle General Pardiñas.
–¿Quién le transmite la afición a las carreras de caballos?
–Mi padre, que era granadino.
–¿Qué hacía un granadino en San Sebastián?
–Era notario y los notarios viven donde sacan las oposiciones. Estuvo treinta años destinado en San Sebastián. Por eso soy antinacionalista. Mi padre granadino, mi madre madrileña, un abuelo de Buenos Aires, mis bisabuelos catalanes. Cuando dicen lo de las raíces, tengo tantas que no me puedo entretener en buscarlas.
–Su libro La infancia recuperada fue un clásico para mayores sin reparos.
–Hablaba de libros que me marcaron y que me siguen marcando. Esas etapas no se superan. Yo sigo leyendo a Salgari.
–¿Está en la Universidad cociéndose un nuevo mayo francés?
–Hay un enfado y un cabreo que pueden estar justificados, pero con matices. No creo que haya una gran preocupación por la educación pública cuando no sólo no se dice nada de la inmersión lingüística sino que en algunos sitios se sale a la calle a favor de esa inmersión. Que me parece que está en las antípodas de la verdadera educación pública.
–¿Se sintió objeto de plagio cuando el escritor noruego publicó El mundo de Sofía?
–No, hombre. Lo que ocurre es que él sí tuvo noticia del éxito de mi libro Ética para Amador. Mi idea era haber hecho un ensayo para niños y jóvenes sobre la historia de la Filosofía y a él le salió un cuento.
–¿Qué tiene más mérito, ganar el Planeta (2008) o ser finalista con Vargas Llosa (1993) quince años antes?
–Fue mucho más divertido lo segundo. Recorrimos juntos España entera. Desayunar, comer y cenar con Vargas Llosa es todo un máster.
–¿Fue con Lituma a los Andes?
–He estado en Perú varias veces. Y en el Machu Picchu.
–Tras las pragmáticas de Barcelona y San Sebastián, ¿contra los toros como fiesta nacional, la prohibición como contra-fiesta nacionalista?
–Los toros no son una fiesta española. También existen en muchos países de América y en Francia. En cuanto al nacionalismo, tras la prohibición de San Sebastián, Bildu intentó extenderlo a la provincia. En Azpeitia, donde gobierna con mayoría, perdieron el referéndum para prohibir los toros. Yo parto de una premisa de libertad. Esto no es como los mahometanos, que tienen que ir una vez a La Meca. Nadie está obligado a ir a la Maestranza.
–En su novela Caronte aguarda aparece en portada el cuadro de Goya de dos españoles a garrotazos. ¿Es vigente la postal?
–Me temo que sí, que sigue tan ancestral hábito.
–En la foto-finish del separatismo, parece que Cataluña va por delante del País Vasco, y sin derramamiento de sangre...
–Son dos populismos diferentes. El del País Vasco es un populismo a lo Che Guevara que tenía tintes violentos, de terrorismo. El de Cataluña es un populismo más a lo Hugo Chávez. En cualquier caso, son movimientos de masas profundamente antidemocráticos.
–¿Prepara algún libro?
–Estoy tratando de encontrar tema, pero todavía no hay nada concreto.
–¿Su próxima cita en los hipódromos?
–El domingo (por hoy) en el premio Arco del Triunfo de París.
–¿Es hijo de su tiempo?
–Nací en 1947, un mes y medio antes de que un toro matara a Manolete.
–El mismo año que llegó Evita Perón a España, que sacó tanta gente a la calle como la Diada catalana...
–Ya le digo que entonces yo era muy pequeñito.
–¿Tiene algún recuerdo de las visitas de Franco al palacio de Aiete?
–Franco se paseaba por San Sebastián con más tranquilidad que ves ahora a los alcaldes por la calle. Bajaba al Azor, Le gustaba ir al frontón, iba a dar los premios.
–¿Es de la Real Sociedad?
–Me gustan los toros, los caballos, el ciclismo si me apuras. El fútbol ya no.
–¿A quién le sigue interesando el mensaje de Fernando Savater?
–El otro día, al final de un debate sobre toros, se presentó un periodista de Radio Caracol para preguntarme sobre Bogotá.
–¿Qué crítica a los toros está más fundada, la nacionalista o la animalista?
–Me temo que ninguna de las dos. Casualmente coincide con dos de mis mayores aficiones, pero hay dos animales que viven toda su vida a cuerpo de rey, que son dos obras de arte de la selección hecha por el hombre. Uno es el caballo de carreras, otro el toro de lidia. Éste tiene una vida pletórica con un mal cuarto de hora. Pero alguna vez he dicho que le dan la oportunidad de morir luchando, no intubado.
–¿También hay en este terreno una infancia recuperada?
–La percepción del toro y de la tauromaquia está distorsionada por una visión waltdisneyana, los niños están habituados a que los animales hablen. No estaría de más que los colegios organizaran excursiones para que vieran cómo vive el toro de lidia, cómo lo cuidan. Ése es el problema de esta sociedad. Que hay gente que no ha visto una gallina en su vida.
–¿La ética para Amador tiene un apartado taurino?
–La titulé Tauroética, un libro que presenté en la Maestranza.
–¿Un torero?
–Por afinidad y amistad, Antonio Ordóñez. Me invitó a su casa de Ronda. Hicimos juntos algún viaje a Francia para hablar de estas cosas.
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