La cabalgata de los adultos

La Caja Negra

La ciudad se cita con su mejor versión, con un cortejo con el poder de combinar el presente con la memoria

Emilio Boja: "La calle Asunción me preocupa, es la Parras o Pureza de la cabalgata, pero no podemos dejar de pasar por ella"

La intimidad perdida de Sevilla

Por efecto de la pandemia, los reyes llegaron en globo a Sevilla el 5 de enero de 2021.
Por efecto de la pandemia, los reyes llegaron en globo a Sevilla el 5 de enero de 2021. / M. G.

Enfocada, preparada, concebida y trabajada para los niños. La Cabalgata es de ellos, para ellos y por ellos. Pero ocurre como con El Principito, la gran obra literaria de referencia para varias generaciones. Es literatura infantil... Para adultos. Pasa la vida y nos reafirmamos en que la cabalgata ilusiona a los niños, pero son los adultos los que sacan el máximo partido al gran regalo que el Ateneo deja a los pies del árbol de la ciudad. Son los adultos quienes saben el alcance real de todo cuanto ocurre la tarde del 5 de enero, el valor que tiene cuanto nos es dado en el paso fugaz de un cortejo que seguro genera meditaciones, rescata sensaciones, supone un retorno exprés a días azules y hasta a otros momentos tal vez no tan felices, pero a los que el tiempo ha limado las aristas. Todos somos niños ante la cabalgata, aunque los niños de hoy sean los preferentes, sus bocas abiertas por la impresión sean el mejor retrato, sus manos que atrapan golosinas sean el gesto que resume la tarde. Sin saberlo construyen cada tarde de 5 de enero los niños que nunca dejarán de ser cuando, al fin, se conviertan en adultos. Y la cabalgata conseguirá con los años que sean de nuevo los niños de hoy. No es nostalgia, es ley de vida. La cabalgata concede ese poder, ese blindaje de la inocencia, esa senda que permite el retorno momentáneo a esos días en que todo se veía de otra forma, en que se disfrutaba de la mejor versión de las personas, la ciudad y las cosas porque no estábamos condicionados más que por la ilusión. Por eso la cabalgata es de los acontecimientos más serios que tiene la ciudad, porque nos permite ofrecer nuestra mejor cara como urbe y como vecinos, nos pone de acuerdo a todos, incluso a los que por cualquier motivo no quieren saber de ella, pero son conscientes de su trascendencia.

El paso del tiempo enseña que la cabalgata se paladea más y mejor con el paso de los años. Basta comprobar las caras de quienes miran las carrozas, los mayores que no quieren recibir caramelos, acaso reclaman un mero saludo de los personajes para darse por satisfechos; la fe con la que el público considera que quienes viajan en las carrozas son los reyes y su séquito. Sí, lo creen como niños, es una suerte de fe que brota cada tarde de 5 de enero. Importan poco las identidades de quienes encarnan a Melchor, Gaspar y Baltasar, porque solo interesa que tienen la obligación de encarnarlos, de no restar protagonismo alguno a los magos, de no hacer nada que no sea el papel del personaje. Por eso están fuera de lugar conductas y comportamientos que distorsionen el mensaje principal. El único importante es el personaje, no la persona que lo encarna. La persona ya tiene suficiente recompensa al recibir uno de los más altos honores que la ciudad concede a sus vecinos: un papel principal en el cortejo infantil por antonomasia, infantil en su más amplio sentido, infantil por la edad de la mayoría de sus componentes y por el espíritu que marca absolutamente todo, desde la decoración hasta los discursos que se miden para que nunca se olvide a los protagonistas principales.

Baltasar, en la cabalgata del 4 de enero de 2025, la única que ha salido en una fecha distinta a la tradicional.
Baltasar, en la cabalgata del 4 de enero de 2025, la única que ha salido en una fecha distinta a la tradicional. / M. G.

Todos los niños de la ciudad están convocados a su cabalgata: los de ayer y los de hoy, porque si en las sagradas imágenes están depositadas las oraciones de quienes habitan ya en un mundo libre de miserias, la cabalgata tiene el poder de fundir el presente y la memoria a lo largo de los más de cien años de su organización. En la cabalgata están los sueños de los primeros sevillanos que la hicieron posible en aquellos años de bueyes, flores de papel y materiales sencillos. ¡Cómo no evocar los grandes nombres que impulsaron este cortejo! Nada de cuanto viviremos este lunes sería posible sin aquellos primeros soñadores en una Sevilla muy distinta a la actual, inmersa en un mundo que procuraba salir de la Primera Guerra Mundial y que sufría los efectos de la conocida como gripe española. El sueño de la Exposición Iberoamericana quedaba lejos, nadie podía imaginar el desastre de la Segunda República y la devastadora Guerra Civil. Nunca dejó de salir la Cabalgata, ni con las crisis que azotaron los gobiernos de Alfonso XIII, ni en el contexto de las guerras, ni con un cambio de régimen. La ciudad y su cabalgata sellaron un pacto para siempre. Los reyes magos no dejaron de llegar ni el año de la pandemia, cuando lo hicieron en globo para garantizar que no hubiera grandes concentraciones de público. Ni la lluvia, ni la niebla impidieron nunca la salida del cortejo, de hecho hay fotografías célebres y crónicas históricas del cortejo en tardes de invierno cerrado que acaso generaron una belleza más misteriosa. En una ocasión, en 2025, salió la cabalgata el 4 de enero para evitar los fuertes vientos anunciados para la tarde del 5 en un contexto fuertemente condicionado por la DANA de Valencia. Fue la excepción que confirma que Sevilla no es inmovilista, ni se aferra irracionalmente a sus tradiciones. Mañana, un siglo de ciudad se cita con su cabalgata. Todos son llamados: los niños de hoy y los que viven en el interior de los adultos, los de manos de piel suave metidos en abrigos gordos y los que tienen la piel cuarteada y gafas de cristal grueso, los que brincan en el firme de adoquines y los que saltan en el pavimento de la memoria, los que en su día llevaron de la mano a los niños que hoy son adultos y hasta los que creyeron perder alguna vez la ilusión, pero se reencontraron con ella. Mañana la ciudad tiene una cita con su mejor versión, la que trata a todos como niños, seres inocentes que abren las manos y los corazones como nunca.

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