Las nuevas dos Sevillas
La Caja Negra
En Fitur se evidencian la del Ayuntamiento y la de la Diputación, la de la capital y la de la provincia, dos caras de la misma moneda, una separación evitable
La muy tiesa ciudad de Sevilla
Matalascañas, el paraíso amenazado
Las dos Sevillas, como la materia, no desaparecen nunca. Se transforma. Hoy se puede apreciar esa dualidad en la Cruzcampo y el Aperol, los partidarios del proyecto de Altadis o los del Jardín de las Cigarreras, los que despotrican de los excesos de procesiones y los que están encantados al considerar que es una forma de tomar la calle frente a otros movimientos, los que no pueden más con la presión depredadora del turismo y los que quieren más y más visitantes para llenar las arcas y que las calles tengan vida a cualquier precio, los que consideran que el alcalde no se ríe nunca y los que defienden el concepto productivo de la seriedad institucional, los que aman Icónica como el lugar de las horas felices y los que liberan los gatos del vientre contra el festival de la Plaza de España, los nostálgicos de la Expo'92 y su legado de innovación y desarrollo frente a los que aplauden que se permitan más bares y residencias de estudiantes hasta en el Canal, los que defienden su derecho a disfrutar de un centro histórico más allá de los días especiales y los que hacen su vida completamente al margen de la zona monumental de la ciudad, sevillanos que viven felices en su particular diáspora; los que denuncian la conversión del centro en un parque temático y los que recuerdan que nunca se han rehabilitado más edificios y casas como hasta ahora gracias a la necesidad de más alojamiento, los que aplauden las cofradías piratas y los que no quieren saber absolutamente nada de ellas, los que reniegan de la pre-Feria y los que casi que la empiezan el día de la puesta del primer tubo de la portada, los que enaltecen cuanto se monta en la calle Asunción la tarde de la cabalgata y a los que se les estriñe la cara con el denominado balcón de la ilusión, los que ejerceden de agradaores de los "inversores" que aparecen repentinamente en la ciudad (¡cuántos acaban imputados, en la cárcel u olvidados!) y los que desconfían de ellos al primer minuto...
La lista es interminable. Sevilla dual, al menos no polarizada. Hace mucho tiempo que se quedó caduca aquella tan cacareada y tradicional del fútbol (Sevilla y Betis), las dos Esperanzas o la de los clubes sociales (¿Labradores o Mercantil?). En tiempos debió ser una maravilla la Sevilla taurina oficial de la Real Maestranza y la oficiosa de la Monumental levantada por Joselito en San Bernardo. En política también se aprecian dos conceptos de ciudad. Los dos muy interesantes. El alcalde ha admitido esta semana que la movilidad en la ciudad es "muy mejorable". ¡Olé, Oseluí! Así se hace, que estamos hartos de que se defienda lo indefendible. Sin embargo, el alcalde no quiere a ir Fitur de la mano de la Diputación. Javier Fernández, presidente de la Diputación, sí defiende que la administración municipal y la provincial deben acudir con una oferta conjunta a la feria del turismo. ¡Olé este Javier que es el triatleta del PSOE! Alcalde de la Rinconada, secretario general del partido y presidente de la institución a la que acuden los pueblos a la búsqueda de amparo. Fernández ha instado al alcalde a dejarse de "tonterías". A la hora de expresarse no lo mejora ni el mostrenco de Óscar Puente.
¡Qué bien hemos entendido estos días a Sanz y Fernández en asuntos tan diferentes! Constituyen otro ejemplo de las dos Sevillas. La Sevilla del Ayuntamiento y la Sevilla de la Diputación, como en tiempos se miraban de reojo los cabildos municipal y eclesiástico. Sanz y Fernández están condenados a entenderse en materias como el turismo y otras muchas, como están obligados a dejarse de "tonterías" y a admitir que hay muchas cosas "mejorables". Esta semana han dicho dos verdades. Una Sevilla exigente, que huye del conformismo y la autocomplacencia, debe estar siempre alerta y tener actualizada la lista de reivindicaciones y de medidas que permitan que la ciudad funcione. Y una democracia seria y responsable debe promover siempre la cooperación institucional. Las dos Sevillas, como ocurre siempre, no están tan lejos la una de la otra, se parecen mucho y siempre se están mirando de reojo.
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