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Elecciones Obama 2012: ¿se podrá?

Elecciones Obama 2012: ¿se podrá?

19 de abril 2012 - 09:49

Lourdes Alcañiz

Escritora y periodista en Estados Unidos

El tercer y último discurso Obama sobre el estado de la nación, al menos de este mandato, vino a ser un resumen del mensaje que vamos a estar oyendo sin descanso de aquí a las elecciones de noviembre: "No estamos bien, pero estábamos mucho peor cuando yo llegué". El balance del presidente ante sus conciudadanos llevaba un mensaje electoral implícito. Se trata de elegir entre construir una economía sostenible diseñada a largo plazo o volver a las políticas irresponsables del pasado que nos han traído hasta donde estamos. Una economía en la que, de acuerdo con Obama, los ricos tienen que jugar con las mismas reglas que los ciudadanos comunes y corrientes, poniendo así en primera fila de nuevo a la clase media americana, que será quién lo volverá, o no, a sentar en el despacho oval.

Hechos son amores, y no buenas razones. La clase media no ve el final a la luz del túnel, a pesar de que las cosas sí que están mejor ahora que cuando llegó Obama al poder. Ha habido mejoras, pero la economía no acaba de arrancar, y eso que los indicadores son moderadamente optimistas. El índice de paro ha bajado al 8.5%, el nivel más bajo en los últimos tres años. Durante seis meses consecutivos se han ganado 100.000 puestos de trabajo, que aunque no son suficientes para volver a los niveles de empleo previos a la recesión, sí han restablecido algo la confianza de los consumidores. Las fábricas están aumentando lentamente la producción y las pequeñas empresas están mostrando señales de vida. Alentador, pero no suficiente. La Reserva Federal ha indicado que no está en su agenda el subir los tipos de interés por lo menos en dos o tres años, dejando ver entre líneas que no espera una recuperación económica seria hasta esa fecha o más allá. No hay que olvidar que todavía hay 13 millones de estadounidenses desempleados y de ellos, 5 millones y medio llevan más de un año sin encontrar trabajo. La creación de empleo se está concentrando además en los estratos de salarios más bajos.

Pero en definitiva la parte positiva de la ecuación contiene los argumentos que el presidente Obama tiene para hilar su discurso electoral: "me encontré con un desastre (por culpa de la irresponsabilidad de los gobernantes republicanos) y poco a poco estoy sacando al país del agujero; todavía no estamos donde tenemos que estar, pero si vuelve un gobierno republicano, volveremos al desastre". Dos buenos argumentos en su favor son los tres millones de puestos de trabajo creados desde que llegó, y el rescate de la industria del automóvil. Pocos en su sano juicio dudan de la debacle laboral que hubiera sido poner en práctica el darwinismo económico republicano de "sálvese quien pueda ante la caída de esta industria".

El problema es que todo esto no se ha sabido comunicar desde el Gobierno mientras estaba ocurriendo. Parece increíble que con la maquinaria comunicativa Obama que funcionó de forma tan espectacular durante las pasadas elecciones, no se haya sabido aglutinar y vender un mensaje tan esencial para la relección. Las metas logradas no se han comunicado claramente, la explicación de las mejoras, especialmente en cuanto a las reformas en la Seguridad Social, ha llegado confusa y a menudo en forma de respuestas a la defensiva contra los ataques republicanos. Esto queda ahora reflejado en un grupo del electorado que va a resultar esencial para que Obama siga en la Casa Blanca: los votantes que cambian de partido o swing voters. Dos tercios de este grupo, que ha determinado el resultado de unas cuantas elecciones, no tiene una opinión favorable del presidente, considera que no ha hecho progresos reales para arreglar la economía y además no entiende bien qué es lo que hará si resulta reelegido.

La mayoría de las propuestas de Obama para 2012 tienen que ver con reducciones fiscales para darles oxígeno a las compañías creadoras de puestos de trabajo. Aquellas empresas que generen trabajos en Estados Unidos verán reducciones en sus impuestos, mientras que las que sigan contratando mano de obra al otro lado del océano tendrán que pagar más. Para los millones de americanos que han perdido sus casas y para los que siguen luchando por no perderla, el presidente creará una unidad especial dentro de la oficina del fiscal general para detectar y perseguir a aquellos que realicen préstamos abusivos, "Y poner fin a una era de irresponsabilidad que ha dañado a tantos americanos". Obama no va a desperdiciar ocasión de recordar al electorado que el desastre económico tiene unos claros responsables que ahora quieren volver a liarla si son elegidos.

Aun así, las cifras de los sondeos no le son favorables al presidente. La prioridad número uno para los votantes estadounidenses es la economía, y tan sólo un 44 por ciento del electorado confía en su capacidad para hacerse cargo de ella de nuevo.

Pero el problema es que al otro lado del lado del ring los votantes tampoco ven excesiva esperanza. El partido republicano se ha radicalizado hasta extremos que asustan a los propios republicanos. La integración del discurso enloquecido de los Tea party, la demagogia barata y otras tendencias en la misma línea no le han sumado adeptos al partido. El plan económico conservador: menos impuestos para las clases pudientes que tienen la capacidad de crear empleo, reducción de puestos públicos, reducción de beneficios sociales (y por supuesto cargarse las reformas en la ley sanitaria de Obama), tampoco ofrecen una solución real, especialmente teniendo en cuenta que una versión de lo anterior fue lo que puso al país en ruta hacia esta recesión. Por si fuera poco, el candidato republicano que más posibilidades tiene, Mitt Romney, es mormón. Este hecho no causa mucha simpatía entre los radicales evangélicos de lo que se conoce como el "cinturón bíblico" de los estados del este, una pieza esencial en cualquier elección. En definitiva, un cóctel de ingredientes que plantea muchas interrogantes sobre quién llevará las riendas del país en el siguiente mandato.

Así están las cosas. Mientras tanto, la maquinaria electoral demócrata está calentando motores y este año, parece que va a dejar pálido al 2008. Software de ciencia ficción para controlar el discurso en las plataformas sociales, uso masivo de medios electrónicos, despliegue de personal sin precedentes y otras sorpresas aún no desveladas. Esperemos que el mensaje pueda llenar el medio.

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