All La Glory | crítica

Armonías de vidrio metálico

  • La banda sevillana All La Glory presentó oficialmente 'Disco fantasma', una obra que marca un paso adelante en su evolución musical, con un concierto efervescente que entusiasmó a los espectadores que llenaron la sala Malandar.

Pilar G. Angulo y Juano Azagra, voces solistas de All La Glory Pilar G. Angulo y Juano Azagra, voces solistas de All La Glory

Pilar G. Angulo y Juano Azagra, voces solistas de All La Glory / J. M. Carrasco

No todos los seguidores de All La Glory han encajado bien el paso adelante en su evolución que significa Disco Fantasma, cuya presentación llenó la sala Malandar la noche del viernes. Pero si estuvieron ahí saldrían convencidos de que el grupo sigue manteniendo su espíritu de power pop. Privados de la oportunidad de contar con los sintetizadores que en el disco y en conciertos anteriores aportaba Tero Heikkinen, tuvieron que meterle una sexta marcha a las guitarras, que ya de por sí vuelan con la quinta, y consiguieron que canciones como Señales se tele transportasen desde el nuevo disco hasta el anterior. Tras ella lo hicieron Detrás de los cerros, Roma, Magia negra, con tanto entusiasmo y pasión como solo pueden conseguir unos músicos con los niveles de habilidad y dedicación que tienen los de All La Glory.

Comenzaron con una canción llena de referencias al tiempo de sueños coloreados de pop y juventud en el que la mayoría de los presentes  conocieron el amor por la música, Tiempo récord, para seguir con un trío de ases de sus discos anteriores: Misfit love, L.A.M.F. y Runaway girl, con la voz de Pilar comenzando a hacerse notar hasta llegar a la notable interpretación del Baile en la oscuridad que marcó el final del set. Hasta llegar ahí fueron desgranando las canciones nuevas una tras otra, interrumpiendo la hilera solamente con un Looking for a thrill de cristal en el que sus armonías características sonaron altas y claras.

Los bises se iniciaron con una versión del Take me breath away de Berlín que dejó demasiado almíbar derramado por el suelo, rápidamente pisoteado por la impresionante respuesta de los cuerpos moviéndose al ritmo de La noche silenciosa, a la que la guitarra de Álvaro Suite, junto a las de Juano e Isra, quitaron dos décadas, arrebatándola de las manos de los Cure para ponerla en las de Big Star, y Pretty eyes fue un final exuberante para algo que ya se ha convertido en un producto básico de consumo para los amantes del rock de Sevilla: un concierto de All La Glory.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios