MARIAN HERRERO & DANIEL DEL PINO | CRÍTICA

Experimentos estivales

Marian Herrero y Daniel del Pino. Marian Herrero y Daniel del Pino.

Marian Herrero y Daniel del Pino. / ACTIDEA

Por las características de su público, por las condiciones del espacio y por la propia naturaleza de un ciclo musical como el de los Jardines del Alcázar, es usual que se convierta en terreno de experimentación para músicos que quieren probar nuevos programas con propuestas más o menos heterodoxas que en otros ámbitos tendrían difícil cabida.Fue el caso de la propuesta de Herrero y del Pino presentando sus versiones para viola moderna y piano de las tres sonatas que para viola da gamba y clave de Johann Sebastian Bach. La idea originaria no deja de presentar problemas conceptuales graves, pues si el paso del clave al piano es habitual desde hace años, entre la viola de gamba y la viola actual hay diferencias considerables en todo tipo de aspectos, desde el tímbrico al articulatorio. Afortunadamente, la belleza de la materia prima musical de Bach está siempre ahí como garantía de una audición siempre satisfactoria, pero el resultado final del concierto fue desde el punto de vista ideológico más que dudoso.Herrero se presento en solitario con el Preludio de la primera suite para violonchelo, con mejor resolución que en el resto del programa, dada la afinidad de la viola con el violonchelo da spalla para el que pudo ser compuesta la obra. Aquí, como en el resto del concierto, limitó al mínimo el uso del vibrato (siempre con intención expresiva puntual) y aligeró la presión del arco para conseguir un sonido por momentos ronco y áspero. Ornamentó con sobriedad y mantuvo siempre la afinación. Del Pino acompañó con el pedal muy controlado y con precisión, si bien en los preludios (BWV 874) hubo algún momento confuso. Fuera de estilo estuvieron algunas dinámicas, como los crescendi y las alternancias piano-forte, así como los ritardandi de los finales.

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