Una voz para el barroco más auténtico

Los Músicos de Su Alteza | Crítica

Olalla Alemán en su actuación del Femás junto a Los Músicos de Su Alteza. / Francisco Roldán

La ficha

Los Músicos de Su Alteza

*** Femás’21. Solista: Olalla Allemán, soprano. Los Músicos de Su Alteza: Víctor Martínez y Marta Fernández Escamilla, violines; Pedro Reula, viola da gamba; Josías Rodríguez, chitarrone y guitarra; Luis Antonio González, clave y órgano. Director: Luis Antonio González.

Programa: Veritas-Vanitas

Maurizio Cazzati (1616-1678): Passacaglio

Claudio Monteverdi (1567-1643): Et è pur dunque vero

Carlos Patiño (1600-1675) / Urbán de Vargas (1606-1656): La muda verdad sagrada

Anónimo (mediados del siglo XVII): Deja el sueño de la vida

Andrea Falconiero (1585-1656) / Jusepe Ximénez (c.1600-1672) / Gaspar Sanz (1640-c.1710): Folías de España

Tarquinio Merula (1595-1665): Canzonetta spirituale sopra la Nanna / Ciaccona

Maurizio Cazzati: La Verità sprezzata

Lugar: Espacio Turina. Fecha: Miércoles 10 de marzo. Aforo: Un tercio.

Luis Antonio González montó un curioso y bien tramado programa en torno a dos conceptos tan barrocos (y tan modernos) como los de la Vanidad y la Verdad, a los que Olalla Alemán dio sentido y autenticidad con su hermosa voz, plena, robusta, cálida, de una extraordinaria homogeneidad, apoyada con solidez en unos graves que más bien parecen los de una mezzo, pero con facilidad para el ascenso al registro agudo, no muy exigidos en este recital, cierto es.

Su canto es además siempre expresivo, sobrio en el aspecto ornamental (la verdad no necesita de afeites), pero muy cuidadoso tanto con la prosodia como con los detalles retóricos. Si el Et è pur dunque vero de Monteverdi la cogió acaso un poco fría para una pieza que cantó con notable dramatismo, pero que pide algo más de intensidad y un uso más decidido de los reguladores, la Canzonetta espiritualde Merula resultó por completo conmovedora, y las muy raras piezas españolas, dichas con absoluta prestancia y efusividad. Y todo ello a pesar del frío que debió de pasar con su traje de generoso escote y sin mangas (alguien debería avisar a los visitantes de las condiciones habituales de la sala).

Acompañamiento irregular, con un par de violines que empezaron algo desajustados en el Passacaglio de Cazzati, sonaron destemplados en el arranque del villancico de Patiño y parecieron centrarse en las Folías y sobre todo en la Chacona de Merula, el momento instrumental más lucido del concierto. En el bajo, la viola de Reula quedó en demasiado segundo plano, tras los estupendos teclados del director y el chitarrone de Rodríguez (algo más soso con la guitarra), que remarcó con intención retórica muchos de los mejores momentos de la solista.

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