ACCIDENTE
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Sardinas autoriales por el monte europeo

Crítica 'Ellas'

Juliette Binoche, un gran talento en un filme menor.
Carlos Colón

25 de junio 2012 - 05:00

Ellas. Drama, Francia-Polonia-Alemania, 2012, 99 min. Dirección: Malgorzata Szumowska. Guión: Tine Byrckel, M. Szumowska. Fotografía: Michal Englert. Intérpretes: Juliette Binoche, Anaïs Demoustier, Joanna Kulig, Louis-Do de Lencquesaing.

Por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas… Una de las características del falso cine de autor es cultivar la originalidad forzada. La originalidad se encuentra, no se busca; es un resultado, no una aspiración. Malgorzata Szumowska la busca, aspira a ella con ansiedad. Esta realizadora es uno de esos europroductos recientes que se pasean con éxito por los festivales y crecen como hierbajos sobre la casi olvidada tumba del gran cine de autor europeo.

En este caso propone una película de tesis feminista que pretende demostrar que las profesionales burguesas acomodadas son mujeres frustradas e insatisfechas, sumisas a las que se les ha hecho creer que son mujeres libres, mientras que las jóvenes estudiantes que se prostituyen son luchadoras, independientes, dueñas de su cuerpo y de su destino. Juliette Binoche es la colaboradora de una revista femenina que hace un reportaje sobre la prostitución entre las jóvenes universitarias. Su encuentro con las dos desprejuiciadas fulanas a tiempo parcial, que ejercen la prostitución de lujo sin ser empujadas a ella por la necesidad, la sumirá en una crisis familiar, sexual y profesional: el marido no la ve ni la entiende, los hijos son petardos que imponen pesadas obligaciones, su escasa porción sexual se ha convertido en rutina insatisfactoria… Mucho mejor ser una joven puta que se acuesta con hombres maduros, y tiene que soportar sus monsergas o sufrir humillaciones y violencias, para comprarse un piso de lujo, llenar los armarios de prendas de marca o librarse del infierno de la estrechez para entrar en el paraíso consumista.

Así corren las liebres por los mares y las sardinas por los montes en esta película. Prostituirse es una manifestación de independencia; tener una familia y trabajar lo es de sumisión. Añádanse escenas de sexo lo suficientemente explícito y retorcido como para hacer creer a cierto público en el fondo bienpensante que participa de una trasgresión, y se tendrá la supuesta obra inconformista de autor que labora fatigosamente para parecer original, profunda y desgarrada.

Inútil esfuerzo. Hace unos años todavía podía escandalizarse al público a base de teta, pipí, culo, caca. Pero ahora es imposible. La misma noche del estreno de esta película se daban en prime time, en el programa estelar de la telebasura, escabrosos detalles sobre una turbulenta y publicitada relación homosexual con expresiones que no voy a repetir aquí. Será que el exquisito público hispánico de cierto cine europeo no ve estos programas (ni va al fútbol: tal vez por eso la han lanzado en un fin de semana de Eurocopa pobretón en estrenos) y aún puede considerar fuerte lo que se muestra en ellas.

La presencia de Juliette Binoche, gran actriz casi siempre, poderosa y seductora presencia siempre, puede justificar el precio de la entrada. Anaïs Demoustiers y Joanna Kulig están muy bien como las jóvenes fulanas. Repártanse entre las tres las dos estrellas. Pero el feminismo tardío y sesentón de Malgorzata Szumowska -realizadora polaca que escribe con la danesa Tine Birckel el guión de este europudding franco-germano-polaco- lo estropea todo. La cuidada fotografía de Michal Englert sella un cuidadísimo acabado que desvela la engañifa de luxe.

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