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Sevillanos en la Cartuja

El Femàs, el ciclo de Jóvenes Intérpretes de Cajasol, la OBS o el Conservatorio Superior de Sevilla han fortalecido notablemente el tejido profesional de los conjuntos locales dedicados a la música antigua

La agrupación hispalense Folengo, dirigida por el vihuelista Aníbal Soriano.

21 de marzo 2009 - 05:00

LAS 26 ediciones del Festival de Música Antigua, las 10 que lleva ya el Ciclo de Jóvenes Intérpretes de Cajasol, la temporada más o menos regularizada de la OBS o el hecho de que el Conservatorio Superior de Sevilla fuera pionero en España en la oferta de instrumentos históricos dejan bien claro que la música antigua ha encontrado en los últimos 30 años importante asiento en la capital andaluza, lo que se ha venido reflejando tanto en el incremento del nivel de desempeño artístico de los músicos sevillanos como en la llegada a la ciudad de intérpretes foráneos que han reforzado el tejido profesional de las formaciones dedicadas a la interpretación de la música antigua con criterios históricos.

Conjuntos como la Orquesta Barroca de Sevilla, el Coro Barroco de Andalucía, Accademia del Piacere o el flautista Vicente Parrilla están representados en el programa del Festival y son habituales de otros certámenes y de programaciones nacionales e internacionales, pero, además, desde la dirección de la muestra se ha querido apostar este año por la promoción de otros grupos locales creados más recientemente o con menos difusión en el exterior. Se ha configurado así un ciclo que, con el título de Matinales. Sevilla y sus músicos, se desarrollará en un espacio no especialmente bien dotado para la música, el Monasterio de la Cartuja, usado ya en otras ediciones del Festival, en las que ha permanecido casi siempre semivacío. La ubicación de los conciertos en las mañanas de los sábados no es nueva, pero sí que dos de ellos se celebren seguidos el mismo día, una solución cuando menos controvertida.

De los tres conjuntos que participan en el ciclo, Folengo es el más conocido, pues lleva varios años de actividad y ha actuado ya en algunos festivales de prestigio. Dirigido por el vihuelista Aníbal Soriano, al Femàs se presenta con una amplia formación de cuatro voces y siete instrumentistas para ofrecer un bonito programa, si acaso no demasiado novedoso, con música profana del Renacimiento español, lo que se antoja una auténtica necesidad en un año en el que el dominio del Barroco es casi absoluto en la muestra.

Inmediatamente después del concierto de Folengo, un conjunto más bisoño, Avla degli Orfei, se presenta en una formación bastante peculiar, pues la voz del contratenor sevillano José Carrión se apoyará en un traverso y un clave, que tocará Javier Núñez, un viejo conocido de grupos locales al que hacía tiempo que no se le veía por su ciudad natal. El programa contiene un recorrido por el virtuosismo vocal de la música italiana barroca, con dos cantatas de Haendel (por lo que el grupo se une al homenaje por el 250 aniversario de la muerte del compositor), otra del siciliano Alessandro Scarlatti, sin duda el más prolífico autor del género, y un aria del Orlando furioso de Vivaldi, todo ello en alternancia con música instrumental de la época, que se acercará a otro sector de la obra de Haendel, el de la música para teclado (Chacona HWV 435).

Muy original la propuesta del tercero de los grupos, el Ensemble Tomás Luis de Victoria, conjunto que dirigen Vicente Gavira y José Manuel Gil y ha surgido por aluvión, con aportes de otras formaciones, entre ellas la singular proyectoeLe que ya participara hace un par de años en el Festival. Su contribución es un intento de reconstrucción de una masque inglesa del Renacimiento, lo que supone reunir música, poesía, teatro, escenografía, vestuario y danza en torno a un argumento que aún no se conoce. El espectáculo lleva por título Ganimedes (or The masque of ilussions).

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