La astracanada
Embudo Club Teatro. Dirección y dramaturgia: Pablo L. Escenografía: Javier G. Vidigal. Iluminación: Viviana Crespo. Intérpretes: Sergio Velasco, Cristian Ávila, Ana Saurel, Sara Mata, Jesús Redondo, Manu Jiménez, Nuria Suárez, Patricia López. Fecha: 4 de mayo. Lugar: La Imperdible. Aforo: Dos tercios.
Comedia feroz y estrangulada, Taquilla torera es una obra generosa en la que un puñado de jóvenes actualizan vetas creativas del teatro patrio sin excesivos prejuicios: es la tradición del sainete popular y populachero, del entremés escatológico; también la más noble, la que coquetea con el absurdo y lo tragicómico, la de la melancolía valleinclanesca. Todo está aquí, eso sí, posmodernamente revuelto, como sujeto al capricho de un mando a distancia autónomo preso de la fiebre del zapping. Así, aquí cabe casi de todo, y el espectador no puede imaginar que la situación de partida (varios personajes esperpénticos en codiciosa disputa por un abono de la Maestranza) vaya a mutar y a transformarse como lo hace, con desparpajo suicida.
Este continuo y frenético solapamiento no está exento de problemas, y aunque Pablo L. intente amortiguar el golpe mediante un enfoque reflexivo y distanciado, Taquilla torera peca de autocomplacencia, y es que ni la distorsión ni el frenesí tienen por qué estar reñidos con la economía expresiva y con los valores rítmicos de lo escénico. Es evidente que una poda agilizaría la obra y, sobre todo, haría más contundente su acidez y su asumida vocación de producto epatante y centrífugo. Debe de ser la desmesura propia de la juventud, del talento orgulloso (pero talento al fin y al cabo).
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