Ascenso y caída de un político ilustrado

Bayón, Águeda & Saturno | Crítica

Sara Águeda, Cristina Bayón y María Alejandra Saturno en el Espacio Turina / Micaela Galván

La ficha

BAYÓN, ÁGUEDA & SATURNO

***

Música antigua en Turina. Cristina Bayón, soprano; Sara Águeda, arpa; María Alejandra Saturno, violonchelo barroco.

Programa:Amor y odio (Ms Pombalino, historia de las mujeres en la vida del marqués de Pombal)

Capítulo I. ¿Me ama por amor o es pura ambición?: Teresa de Mendonça e Almada y su rapto consentido

André da Costa (?-1722): La Ausencia me condena

Capítulo II. El M. Pombal galantea con Maria Leonor Ernestina Daun: gracias a ello consigue un ascenso en su carrera diplomática y ser padre de cuatro hijos

Anónimo [atribuible a Sebastián Durón]: Amante estrella mía

Anónimo (siglo XVII): Passacalles de primer tono.

Capítulo III. María Ana de Austria, esposa de Juan V y protectora de Sebastião José de Carvalho e Melo

André da Costa: Alba soberana

Capítulo IV. Mas tú, ¿por qué encubres esta traición?: Mariana Vitória de Borbón, esposa de José I, descubre el encubrimiento por parte del marqués de la relación extraconyugal del rey

Francisco José Coutinho (1680-1724): Este desasosiego

Bernardo de Zala (1722-1756): Corrente

Capítulo V. Intento de regicidio de José I: la masacre de los Távora y su cabecilla, Leonora Távora

Sebastián Durón (1660-1716): En el profundo valle

Capítulo VI. La Viradeira: período en el que la reina María I de Portugal se venga del Marqués de Pombal y lo exilia. Fin del Antiguo Régimen y las reformas pombalinas

Pedro Rabassa (1683-1767): Monstruo voraz

[Todas las cantadas son inéditas y han sido transcritas por Raúl Angulo Díaz (Asociación Ars Hispana)]

Lugar: Espacio Turina. Fecha: Viernes 16 de enero. Aforo: Media entrada.

El recital ofrecía seis de las dieciséis cantatas en español conservadas en un manuscrito portugués de hacia 1715-25 recientemente editado en Madrid, procedente de los fondos de la Colección Pombalina, vinculada a la figura del todopoderoso ministro de José I de Portugal, Sebastião José de Carvalho e Mello, I marqués de Pombal. El manuscrito presenta un estado de conservación muy deficiente, lo que ha obligado a un complejo trabajo de reconstrucción y transcripción, del que da cuenta la edición moderna de Raúl Angulo para Ars Hispana. La presencia de cantadas en lengua española no resulta excepcional en el contexto de la corte portuguesa de la época, donde este repertorio se cultivó y circuló con naturalidad a lo largo del siglo XVII y buena parte del XVIII. El programa se organizó en seis capítulos que, con una clara voluntad narrativa, recorrían los vínculos de amor y de odio que jalonaron la trayectoria política y personal de Pombal a través de otras tantas figuras femeninas. Desde el punto de vista musical, el conjunto muestra una acusada uniformidad de procedimientos melódicos y rítmicos, con una escritura muy dependiente del texto, lo que hacía especialmente pertinente la proyección de los textos cantados, algo habitual en el Espacio Turina, y que en esta ocasión, supongo que por elección de los intérpretes, no se ofreció.

Una lástima, pues la en general clara emisión de Cristina Bayón no fue suficiente para captar los matices de unos poemas que léxica y semánticamente están muy lejos de nosotros. La soprano sevillana abordó el desafío con una línea de canto segura, homogénea y, repito, de emisión clara, sosteniendo con solvencia la exigente continuidad del programa. Sin embargo, el fraseo tendió a mantenerse en un plano expresivo bastante uniforme, con escasa diferenciación afectiva entre los números. La dicción, correcta en los pasajes silábicos y declamados, se volvía más problemática en los momentos ornamentados: entre apoyaturas, trinos y cadencias, el sentido del texto se diluía, algo especialmente relevante en un repertorio que demanda precisión retórica y claridad semántica. En este contexto, la cantata final de Pedro Rabassa, Monstruo voraz, dedicada a la envidia, pareció encontrar un mayor ajuste entre música y afecto, con una interpretación más intensa, que favoreció una proyección más definida de las imágenes textuales. Por cierto la cantata de Rabassa fue también posiblemente la más moderna del programa, con un doble díptico recitativo-aria, típicos de este género de obras en el pleno siglo XVIII, mientras que el resto de composiciones conservaba aún rastros de la antigua tradición hispana, con coplas y estribillos alternando también con partes recitadas, líricas, danzadas o fugadas.

El acompañamiento instrumental, una simple línea de bajo (que ya sabemos que es de todo menos simple), era sin duda fundamental para sostener el interés del conjunto. La elección del arpa como instrumento armónico fue coherente con la gran tradición española de todo el Barroco y tener a Sara Águeda es siempre un lujo: la madrileña ofreció un trabajo especialmente refinado, con una paleta amplísima de colores y muy atenta siempre al diálogo con la voz. Su intervención aportó flexibilidad y relieve a unas partituras de estructura algo reiterativa. El bajo lo completó la voz melódica del violonchelo de María Alejandra Saturno, correcto en lo funcional pero más áspero, demasiado fuerte siempre para mi gusto y menos matizado en el plano tímbrico.

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