La aldaba
Carlos Navarro Antolín
La muy tiesa ciudad de Sevilla
Coppélia | Crítica de danza
Ballet de la Ópera Nacional du Capitole de Toulouse. Dirección artística: Christophe Ghristi. Música: Léo Delibes interpretada en directo por la ROSS dirigida por Nicolas André. Libreto: Charles Nuitter basado en el relato de E.T.A. Hoffmann 'El hombre de arena'. Coreografía: Jean-Guillaume Bart. Intérpretes principales: Nino Gulordava, Natalia de Froberville, Ramiro Gómez Samón, Jérémy Leydier, Alexandre De Oliveira Ferreira, Georgina Giovannoni y bailarines y bailarinas del Bellet du Capitole. Escenografía: Antoine Fontaine. Vestuario: David Belugou. Iluminación: François Menou. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Miércoles 14 de enero. Aforo: Lleno
Estrenado en el Teatro Imperial de la Ópera de París el 25 de mayo de 1870, en presencia del emperador Napoleón III, Coppélia o La muchacha de los ojos de esmalte, inspirado en el cuento El hombre de arena, de E. T. A. Hoffmann, se convirtió muy pronto en uno de los ballets más representativos y representados de la llamada Escuela Francesa.
De las numerosas versiones existentes, firmadas por coreógrafos como Marius Petipa (la más clásica, realizada en San Petersburgo en 1884), Balanchine o Jean Christophe Maillot, España se ha decantado casi siempre por la escuela rusa. De hecho, de los más de 30 años que lleva el Maestranza inaugurando el año con un ballet clásico, solo en una ocasión, en 2003, había programado este título, de la mano del Ballet de la Deutsche Oper de Berlín, con coreografía de Ronald Hynd.
Coppélia nos habla de un enigmático fabricante de juguetes, el Doctor Coppélius, cuyo mayor deseo era crear una muñeca con alma. Su creación es tan perfecta que un muchacho del pueblo, Franz, en vísperas de su boda con Swanilda, queda prendado de ella.
Creado a finales de la revolución industrial, cuando se pensaba que la tecnología podía poner fin a todos los sufrimientos del hombre, Coppélia sigue resonando en nuestros días, cuando la robótica y la IA pretenden satisfacer todas las aspiraciones humanas.
La versión que pudimos ver anoche en el Maestranza es un encargo del Ballet du Capitole de Toulouse a Jean-Guillaume Bart, exbailarín estrella -de la Ópera de París, entre otros- y desde 2023 director de la compañía. Una coreografía muy fiel a la magnífica música de Léo Delibes –muy bien interpretada en el foso por la Ross- y muy exigente técnicamente, que puso a prueba a un joven cuerpo de baile que fue ganando seguridad poco a poco hasta llegar a un tercer acto (el de la boda de Franz y Swanilda) dinámico y espectacular, en consonancia con los variados ritmos –entre ellos la mazurca o el conocido Vals de las Horas- y los colores instrumentales creados para él por Delibes según el gusto de la época.
La historia, truculenta y festiva al mismo tiempo, proporciona numerosas ocasiones para mostrar la expresividad de los intérpretes. Bart se inclina abiertamente aquí por el divertimento y el humor, aprovechando el dominio de la pantomima –nunca excesiva- de los personajes de carácter y, sobre todo, de los magníficos solistas.
Tanto la rusa Natalia de Froberville (Swanilda) como el cubano Ramiro Gómez Samón (Frank), formado en el ballet de Cuba, aúnan una técnica en verdad sobresaliente con una expresividad y una inocencia encantadoras. Gómez Samón demostró una gran solidez y una impresionante precisión en los giros mientras que Froberville, femenina e igualmente virtuosa en los saltos y los fuetés, también nos dejó ver sus dotes líricas y humorísticas.
Tampoco la muñeca Coppélia le anduvo a la zaga, brillando en el segundo acto, especialmente en el siempre lucido bolero.
Bien iluminada, con una escenografía y un vestuario al estilo de los cuentos tradicionales, la pieza cumple con el objetivo de Bart de preservar el estilo de su época dotándola de un dinamismo muy actual.
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