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Águilas de El Cairo | Crítica
*** 'Águilas de El Cairo'. Thriller, Suecia-Francia, 2025, 127 min. Dirección y guion: Tarek Saleh. Fotografía: Pierre Aïm. Música: Alexandre Desplat. Intérpretes: Fares Fares, Lyna Khoudri, Zineb Triki, Amr Waked, Cherien Dabis.
Desde Suecia y la co-producción europea, Tarik Saleh se ha convertido en una suerte de cronista, siempre a través del cine de género, de la deriva política y social de su país de origen, un Egipto que no termina de estabilizarse democráticamente después de las primaveras revolucionarias y el gobierno de los Hermanos Musulmanes.
El Cairo confidencial, Conspiración en El Cairo y esta Águilas de El Cairo (aplauso a los distribuidores españoles) se mueven entre el retrato realista y las alambicadas tramas de acción o suspense que nos adentran en el sustrato de la realidad donde la corrupción del poder o los vínculos entre el ejército, la iglesia y sociedad civil están bien apretados en una red de relaciones marcadas por la censura, la vigilancia y el chantaje.
Esta nueva película pone su foco en un actor, la gran estrella del cine patrio como un día lo fuera Omar Sharif, un tipo que parece ir por libre en su burbuja de privilegios, lujo y popularidad, y que empieza a caer por la pendiente cuando acepta a regañadientes protagonizar una película hagiográfica sobre el presidente del país, el mariscal Abdelfatah El-Sisi.
Fares Fares vuelve a poner su imponente percha y un leve gesto autoparódico a un personaje que intenta sortear sus contradicciones al tiempo en que experimenta las disfunciones propias de su edad, sigue persiguiendo el amor y lidia con un hijo y una ex-mujer, un tipo al que aún le quedan ciertos valores, sentido de la amistad y la responsabilidad en un contexto corrompido. Saleh lo acompaña en su descenso y en sus malas decisiones, retratando junto a él las miserias endémicas de un sistema acechado por las conspiraciones y el espionaje cruzado. Nuestra estrella termina siendo el peón para un plan secreto que lo pone en el disparadero y lo empuja a la traición para salvar el pellejo dorado.
Tal vez demasiado convencida de su eficacia narrativa, Las Águilas de El Cairo va dejándose huecos de guion por el camino o simplifica en exceso a algunos personajes (especialmente los femeninos) en aras de hacer avanzar su intriga cada vez más asfixiante. Estambul da el pego como el bullicioso y nocturno El Cairo y el suspense está servido con solvencia y alguna que otra dosis de acción inesperada. Alexandre Desplat firma una banda sonora de intervenciones precisas que insufla el tono conspiranoide necesario para un filme tan atractivo como irregular.
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