El Maestranza sucumbe al hechizo de 'El sueño de una noche de verano'
Una producción de la Ópera de Lille recuerda los días 12, 14 y 16 a Benjamin Britten en el 50 aniversario de su muerte.
Benjamin Britten, que amó la belleza
El Maestranza recuerda al compositor británico Benjamin Britten (Lowestoft, 1913 - Aldeburgh, 1976) en el 50 aniversario de su muerte con El sueño de una noche de verano, que se representa por primera vez en el espacio del Paseo Colón los días 12, 14 y 16 de este mes y prolonga así el escaso repertorio lírico de Britten -La violación de Lucrecia y El pequeño deshollinador- que se había interpretado hasta ahora en el teatro sevillano. Este "gran homenaje al amor, la pasión, el deseo" que llega "cerca de San Valentín y con un tiempo poco veraniego", en palabras de Javier Menéndez, director artístico del Maestranza, se plantea como un tributo a un compositor "que volvió a poner la ópera inglesa en su sitio", una "referencia" cuya sonoridad es "absolutamente reconocible". El director de escena Laurent Pelly encabeza esta producción de la Ópera de Lille que tiene a Corrado Rovaris a la batuta y que, adelanta Menéndez, funciona como "una maquinaria de relojería".
Estrenada en 1960 en el Festival de Aldeburgh, una iniciativa de Britten y de su compañero el cantante Peter Pears, El sueño de una noche de verano simboliza para Rovaris la independencia de un creador que fue más allá de las tendencias de su momento, "la vanguardia o una ópera popular pos-Puccini", y que propuso "una música nueva" desde el "respeto a la tradición y el recuerdo al Barroco". Aquí resuena la admiración por Purcell, que adaptó la misma comedia de Shakespeare en The Fairy Queen, y la partitura está pensada para una orquesta de cámara en la que la celesta y el clavicordio contribuyen a la irrealidad del plano "sobrenatural" mientras que la "parte humana" va acompañada de instrumentos de "madera y de cuerda", analizó Rovaris.
Laurent Pelly, por su parte, confesó que desde joven se había sentido subyugado por El sueño de una noche de verano, que en su fantasía encierra "un mundo complejo: cómico y triste, patético y profundo. Cuando la directora de la Ópera de Lille me preguntó qué título quería hacer lo tuve claro. La producción es muy simple, y al mismo tiempo muy sofisticada. Desde el principio quería sumergir al público en la magia y que se preguntara dónde están las paredes, dónde está el suelo".
Xavier Sabata y Rocío Pérez debutan en los papeles de Oberón y Tytania, los reyes de las hadas. El barcelonés considera una suerte "interpretar el primer papel que se pensó para un contratenor en la época moderna" y que en su estreno defendió Alfred Deller. "Es muy bonita la correspondencia entre Britten y él", apunta el cantante, feliz con una función que le permite "volar" por el escenario y agradecido con el equipo que le rodea estos días. "Normalmente, cuando se hace una reposición, tú sueles entrar en una propuesta muy diseñada y adaptarte a lo que hay. Aquí hemos podido llenar el espacio con nuestra propia personalidad", celebra. Rocío Pérez valora entretanto a Tytania como "un caramelo, una mujer poderosa, algo que me interesa mucho", afirma. El sevillano Juan Sancho da vida a Flute, un reparador de fuelles, un encargo "con un significado especial" ya que fue Peter Pears, también libretista de la pieza junto a Britten, quien encarnó este personaje en el estreno.
La actriz y directora suiza Charlotte Dumartheray se mete en la piel del duende Puck. "Yo vengo del teatro y es mágico estar dentro de una ópera", dice una intérprete cuyo rol "es hablado, pero lo hemos trabajado desde un punto de vista musical, para que la palabra tenga también ritmo".
Esta producción de El sueño de una noche de verano –que se programa unos días después de He who loves beauty, el homenaje que dedicó a Britten y Pears el director Rafael R. Villalobos en el Espacio Turina– cuenta con la participación de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) y la Escolanía de Los Palacios, cuyo fundador, Enrique Cabello, señala que esta creación de Britten es la ópera "más difícil" a la que se han enfrentado los niños cantores, "después de La zorrita astuta de Janacek". Javier Menéndez cree que ese enredo entre el mundo de las hadas, unos amantes deseosos de ver correspondidos sus sentimientos y un grupo de artesanos que prepara una representación de teatro causará "una especial impresión en la gente joven": los menores de 30 años dispondrán de hasta un 80% de descuento en la compra de entradas.
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