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Las ondas eléctricas de la luz y la tormenta

'Nocturama' reúne hoy en el CAAC a dos de las voces más estimulantes del 'folk-rock' nacional, la vasca Ainara LeGardon y la gaditana Marina Gallardo

Las ondas eléctricas de la luz y la tormenta
Braulio Ortiz Sevilla

14 de agosto 2013 - 05:00

El ciclo Nocturama del Centro Andaluz de Arte Contemporáneoreúne esta noche en el mismo cartel a dos intérpretes que ahondan en los vaivenes de la emoción sin miedo a los efectos colaterales, que conciben la música como un recodo extrañamente íntimo en el que encontrarse con el dolor y la vida, y por eso desprenden una insólita autenticidad ante el público. Ainara LeGardon (Bilbao, 1976) y Marina Gallardo (El Puerto de Santa María, 1984) coinciden en su interés por las verdades que esconde la intuición, en abandonarse al sentimiento y articular desde ahí un repertorio sin artificios.

La primera elabora "discos temáticos, entre comillas" inspirados en su propia biografía, capítulos que acaban tomando forma sonora tras una larga decantación. Le suele pasar, dice, "que algo que se produce en un breve periodo de tiempo me hace estar meses escribiendo sobre ello"; así, LeGardon puede transformar el episodio descorazonador de una ruptura en un cancionero de intensidad descarnada o conformar con lo que le ocurre en sus viajes "no una road movie, sino un road record", bromea. "El nexo de todas las canciones que hago soy yo, y si he ido cambiando mi forma de sentir o mi forma de ser eso se refleja en mis discos. De momento no sé hacerlo de otra manera. No estoy en contra de la gente que se disfraza o que toma un estilo, que se separa así de su obra, pero es algo que yo no sé hacer. Para mí cantar es terapéutico", explica la cantante vasca. Y Gallardo, entretanto, cree más que nunca en el instinto. "No soy nada mecánica a la hora de componer", confiesa. "Todo es una cuestión de feeling, que la canción te diga algo importante o no, que te emocione", defiende la gaditana, que ahora escribe más guiándose por la música, "y trabajo para que la letra se vaya adaptando, aunque me cueste tiempo. Busco que el contenido sea lo más honesto posible; más físico, más corporal".

Las dos llegan a su cita con el público del Monasterio de la Cartuja en pleno dominio de sus recursos. LeGardon confirmó su evolución con su cuarto disco We Once Wished (2011), un álbum que parecía abrir nuevas vías tras sus trabajos anteriores -los de In the Mirror (2003), Each Day a Lie (2005), y Forgive Me if I Don't Come Home to Sleep Tonight (2009)-. Esta mujer que sobre sus preferencias ha expresado que le gustan "las campurrianas y el papel de lija", todo "sequito y áspero", ofrecía de manera coherente un puñado de canciones contundentes y breves, de energía desbordada, que se hacían notar como un puñetazo en la mesa. La cantante, una autora inquieta implicada en los proyectos más inesperados, como el dúo de improvisación Archipiel, el quinteto de música experimental La Criatura o el colectivo maDam, prepara nuevo trabajo, pero advierte que no habrá en él un giro tan radical. "No va a haber ese cambio de registro que sí hubo entre el tercer y cuarto disco. El tercero fue más acústico, más bluesero, y el cuarto fue más rotundo, eléctrico, rockero, con piezas más cortas. Este siguiente... [se detiene un momento y mide sus palabras] Bueno, hasta que no esté grabado una no se puede aventurar mucho, pero parece que seguirá la onda eléctrica del anterior". LeGardon se encuentra tanteando los tracks que compondrán su próximo disco -"algunos los he ido tocando yo sola en directo, otros los hemos podido arreglar con la banda y los estamos incorporando al repertorio, y otros necesitan de varias vueltas para ver por dónde tirar en cuanto a la forma de abordarlos, el sonido con el que se grabarán, la producción adecuada... en ese proceso es en el que estamos ahora", aclara- y, por eso, en el concierto de esta noche, "en el que el repertorio va a estar centrado en el último disco, vamos a incluir algún tema nuevo".

Muy poco tardó Gallardo en colocarse entre las voces más sugerentes del folk-rock español: a la atención que despertaron sus discos Working to Speak y Some Monsters Die and Others Returns le siguió la fascinación de propios y extraños el pasado año con This is The Sound, tercer disco de una intérprete llamada -ahora estaba claro- a sacudirse etiquetas y a exhibir una personalidad madura que compaginaba un criterio firme con la voluntad de experimentar. Después de un álbum "más inmediato en la producción, más pesimista, más oscuro [Some Monsters...], tenía ganas de hacer todo lo contrario: un trabajo muy vitalista, en ciertos aspectos luminoso", analiza. Y mucho más producido: "Es que antes tenía que grabar los discos en cinco días, los grababa y los mezclaba. No quería repetir esa experiencia", reconoce la portuense afincada en Sevilla. El productor Raúl Pérez le ayudó, de forma "magistral" y minuciosa, a dar con el sonido que quería a un material grabado en directo y moldeado luego en el estudio.

Gallardo y LeGardon no tienen pensado coincidir en el escenario. "Nos hubiera gustado hacer algo juntas. Pero con ella en el País Vasco y yo en Sevilla no hemos podido...", apunta la primera, que al principio "no sabía que íbamos a actuar la misma noche, pero descubrirlo ha sido una alegría". La segunda añade que tienen "un público en común" y que el respeto y la amistad las une. "A mí me gusta lo que ella hace, y sé que a ella le ocurre lo mismo con mi música", concluye.

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