Nuevo museo en Sevilla Un regalo muy trabajado: Bellver embala por fin su colección

  • Comienza el traslado a la Casa Fabiola de la colección que el empresario ha cedido a la ciudad de Sevilla. El nuevo museo abrirá, según lo previsto, a mediados del próximo octubre

Dolores Mejías, a la izquierda, pasa por el patio repleto de obras listas para el traslado. Dolores Mejías, a la izquierda, pasa por el patio repleto de obras listas para el traslado.

Dolores Mejías, a la izquierda, pasa por el patio repleto de obras listas para el traslado. / Belén Vargas

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Y llegó el día. Casi quince años después, después de muchas trabas y tres corporaciones municipales distintas, pero al cabo de una "lucha importante", llegó el día. Esta mañana, bien temprano, Mariano Bellver se levantó y lo primero que hizo fue recorrer toda su casa, atiborrada de arte del siglo XIX, en la Plaza del Museo, justo enfrente del mismo. "Casi iba hablando con los cuadros. Les decía que a donde van ahora, estarán mejor. Lucirán más. Creo que incluso se me ha caído alguna lágrima", ha confesado el empresario y coleccionista bilbaíno afincado en Sevilla desde 1940, que ha visto cumplido su empeño de cerrar la "cesión total" de su patrimonio artístico a la ciudad de Sevilla.

Mientras hablaba, conteniendo la emoción, en la planta baja, en el precioso y florido patio de la vivienda, dos operarios de la empresa de mudanzas contratada por el Ayuntamiento estaban embalando ya las primeras obras que partirán hacia la Casa Fabiola, el nuevo hogar de esta colección compuesta por 567 pinturas y muchas otras piezas (cerámicas, esculturas, mobiliario...), hasta alcanzar casi el millar. El traslado ha comenzado esta mañana, en torno a las once, y estará completada el próximo 15 de julio.

Un regalo muy trabajado: Bellver embala por fin su colección /

 

"Ese día", ha dicho Bellver sobre la fecha prevista para el final de este traslado, "todo esto estará fuera, y las lágrimas de mi mujer van a ser horribles, también las mías. Han sido 60 años de colaboración, todos estos son los frutos de nuestro trabajo de una vida, y tenemos que estar contentos porque se van a conservar, que es lo que quiere todo coleccionista". A su lado, Dolores Mejías, su compañera, responsable "al 50%" de la generosa colección como ha dicho en alguna ocasión Bellver, se enjugó una lagrimilla.

"Esta mañana iba hablando con los cuadros. Les decía que a donde van ahora, estarán mejor. Incluso se me ha caído alguna lágrima"

La despedida, o más bien la puesta en escena del comienzo de la despedida, no ha sido lo que se dice "íntima", como ha afirmado el alcalde, Juan Espadas, que se ha acercado a la casa del matrimonio para brindarles calor y reconocimiento. Y es que un numeroso grupo de periodistas y representantes del equipo de gobierno local y distintos grupos políticos del Ayuntamiento han acudido este mediodía a la casa de los Bellver. 

Mientras su marido iba saludando y conversando con distintas personas involucradas en las conversaciones durante estos años (el delegado Antonio Muñoz e Isabel Ojeda, directora general de Cultura del Ayuntamiento; la responsable de Cultura en la etapa Zoido, María del Mar Sánchez Estrella; Isabel de León, marquesa de Méritos y presidenta de la Real Academia de Santa Isabel de Hungría...), casi ajena al ajetreo de cámaras, operarios y asesores municipales, Dolores Mejías se paseaba en silencio de un lado a otro, entre el apabullante despliegue de bargueños, relojes, lámparas, frescos, reproducciones de obras de Bernini y lienzos de Cabral Bejarano, Gonzalo Bilbao, Jiménez Aranda o García Ramos, que no dejaban prácticamente un metro cuadrado libre.

El alcalde saluda a Mariano Bellver, en una estancia de su domicilio en la Plaza del Museo El alcalde saluda a Mariano Bellver, en una estancia de su domicilio en la Plaza del Museo

El alcalde saluda a Mariano Bellver, en una estancia de su domicilio en la Plaza del Museo / Belén Vargas

"Respetando el mismo espíritu" que preside el domicilio particular de los Bellver, ciertamente en sí mismo ya una casa-museo, la colección, valorada en unos 15 millones de euros, podrá verse en la Casa Fabiola a partir del próximo 11 de octubre. Esa es, al menos, la última fecha fijada por el alcalde Espadas para la inauguración del nuevo museo municipal, que ha tenido ya dos fechas marcadas en rojo en el calendario (el pasado diciembre y el próximo 30 de junio) que no han podido materializarse. En el último tramo de este año, con las elecciones ya cada vez más próximas, parece que ocurrirá por fin.

Acabará entonces definitivamente -o no del todo: Bellver ha indicado que desea hacer "una segunda e incluso una tercera donación", sendas ampliaciones de esta primera que es la central- una historia que comenzó hace casi tres lustros y que, por momentos, ha sido tortuosa. "Parece mentira lo mucho que se complican a veces las cosas...", ha reconocido el alcalde. El proyecto ha estado a punto de irse al traste en varios momentos, a veces por el desinterés de las administraciones o por trabas burocráticas, lo que provocó acusaciones cruzadas entre los distintos grupos políticos, y en ocasiones por las exigencias difíciles de satisfacer del coleccionista.

El proyecto, que acumula ya dos retrasos, ha estado a punto de irse a pique varias veces en los últimos 15 años

Bellver ponía como condiciones para la "cesión total" de su colección que ésta se mostrara íntegramente (por ello, en la Casa Fabiola no se exhibirán los 567 cuadros simultáneamente por razones de espacio, pero irán rotando para que "cada visita sea distinta", ha explicado Carlos Cano, asistente técnico de la operación de traslado de las obras); además de la rehabilitación del monumento levantado en el parque de María Luisa para la Exposición Iberoamericana de 1929, una reforma valorada en unos millones de euros. La firma del contrato de donación llegó finalmente en mayo de 2015, bajo el mandato de Juan Ignacio Zoido, y se remata la operación ahora, en la era Espadas, aunque comenzó en los tiempos de Monteseirín. Tres alcaldes, ya es inmune a la resignación este bilbaíno de nacimiento y sevillano de adopción, ahora de 91 años, que sin embargo llegó a temer seriamente no poder ver culminado su sueño, y que por ello llegó a entablar conversaciones con las ciudades de Málaga y Bilbao. Incluso con una institución de Azerbaián. También se interesaron por la colección las casas de subastas Christie's y Sotheby's.

Tras los proyectos frustrados de convertir el Palacio de Monsalves o el Pabellón Real en sedes de la colección Bellver, y descartada la opción de que el museo fuera su propia casa en la Plaza del Museo, que también se barajó, la compra de la Casa Fabiola por parte del Ayuntamiento, en diciembre de 2016 por un importe de 4,5 millones, desatascó definitivamente la operación, cuyo proyecto museográfico ha sido diseñado por Ignacio Cano, conservador del Museo de Bellas Artes de Sevilla.  

Mariano Bellver, nacido en Bilbao en 1926 y llegado a Sevilla en 1940, de donde ya no se movió, hizo su fortuna como profesor mercantil y actuario de seguros, pero sobre todo vendiendo y comprando inmuebles. Es también el propietario del colegio San Juan Bosco, en la calle Venecia. Y sobre todo ha sido el orgulloso dueño de una colección que comenzó con San José dando de comer a los pobres del pintor sevillano José Gutiérrez de la Vega, adquirido en su momento por "cerca de 300.000 pesetas de la época". Casados desde 1960, Bellver y su mujer no tuvieron hijos y, casi a todos los efectos, eso son para ellos sus cuadros. 

A los dos les gustó siempre esa pintura "que no necesita explicaciones y que cualquier persona puede entender", de modo que pronto se centraron en los pintores del costumbrismo (sobre todo sevillano), la Escuela de Alcalá y el regionalismo andaluz, que constituyen el grueso (y el inequívoco fuerte) de su colección. El proyecto de la Casa Fabiola así lo reconoce, pues se dedicará, según estableció el ICAS en su momento, a "mostrar un aspecto de la identidad cultural de la ciudad en el siglo XIX, sus manifestaciones artísticas y su ambiente cultural”. Será un museo, de acuerdo con el proyecto redactado por Ignacio Cano, "para el máximo número de personas, para un amplio espectro". Y es el sueño de toda una vida de Mariano y Dolores, devotos coleccionistas. Ya casi lo tocan con los dedos.

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