Carlitos

07 de mayo 2020 - 22:26

11:11. Canta sevillanas mientras fregotea el suelo sin percatarse de mi presencia. No conozco las canciones. La limpiadora, de Coria o de La Puebla, no me acuerdo, cae en la cuenta de que la estoy observando, ufana ella, con su tarareo. "Buenos días, Juan". Y sigue a lo suyo. Vuelve a dirigirse a mí: "El Sevillanía abre el lunes".¡Cómo! En realidad, mi bar preferido de esa calle, José de Velilla, es La Flor de mi Viña. Allí hemos echado unas cuantas tapas, cervezas, cacharros e incluso postres. La culpa es de Carlitos, un camarero que se gana a los parroquianos con su simpatía y su beticismo irredento. Pilla a un sevillista y le da una turra fabulosa aunque hayan perdido los suyos y ganado los contrarios. ¡Qué tío, ío! Total, me he acordado de él y telefonazo al canto. Hasta julio no prevé volver a la rutina, al trajín que lo tiene para arriba y para abajo (¿cuántos kilómetros haces al día, criatura?). Al menos está aprovechando para pasar tiempo con su niña, a quien lleva tatuada en el muslo. Fuimos a verlo un par de partidos al Castilleja y su zurda, más que su esfuerzo, nos deslumbró.

13:43. Ya habrá tiempo de que Carlitos me engatuse con sus encantos: "¿Otro cafelito con hielo, don Juan?", me pregunta con socarronería, siempre velando por el negocio. "Fekir es buenísimo, no he visto una cosa igual en mi vida". "Ya, ya, pero el Betis ha palmado; ponme un whiskey, pero cortito". Llamo al notario porque no envió la foto que me prometió. Lo regaño un poco y me promete que en un rato me la manda. Falso. Vaya con el notario... Doy fe de que se le olvidan las cosas. Chelo se asoma por la redacción y pregunta quién viene el lunes a currar. "Ni idea, por mí que no viniera nadie porque se está la mar de bien aquí sin gente". Ella sigue piando de mascarillas, geles, guantes... Quizás la fiche Salvador Illa o Jesús Aguirre. Peris se pira, aliteración que se viene repitiendo desde el lunes pasado. Ha sido el primero en arrimarse con continuidad por estos lares, predios diría él. Al rato me voy yo, no hay noticias del notario. Ni las habrá.

16:00-17:30. A las cuatro, mientras discuto por el móvil en la Rioja 14-16, llega Miguel Lasida. No me acordaba de que hoy me iba a hacer compañía. Hora y pico más tarde suena el ascensor: Pablo Jiménez. Vaya lujazo. Como Carlitos no curra hasta julio, tomo café con Miguel en la maquinita de marras (él se toma un chocolate a 28 grados). Me asomo por la ventana a José de Velilla (hoy es el Día de Carlitos) y se erigen los andamios de Alquiansa, igual que en un edificio de la Encarnación esquina con Puente y Pellón, o que en su día en las obras de la Giralda. "Le debe ir bien a esta gente", me digo entre calada y calada. Pablo me sirve de apuntador: Juan, llevas esto, vas a dar lo otro, se te ha olvidado meter no sé qué... Sólo puedo evitar su retahíla de reprochitos con un "¿qué tal le va a Esteban?". Es su hijo y está como Carlitos con su nena. Menudos padrazos. To be continued...

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