Análisis

ANTONIO ojeda avilés Foro Heliópolis

Centro comercial lagoh: paulistas versus arimateístas

Camino de Damasco, el caballo de San Pablo tropezó en una piedra, el apóstol salió despedido y se descalabró contra el suelo. Entonces vio el paraíso, la perfección en una nube, el no va más del ensueño, y juró defender a capa y espada aquella visión sublime, incluso después de haber salido del marasmo del golpe. Además afirmó que su caída había sido debida a una visión, y no a una piedra. Por la misma época, San José de Arimatea fue a la tienda a comprar provisiones, y como siempre en su natural prudencia caminaba con un ojo en el magnífico bazar y el otro en los altibajos del camino, de manera que pudo ver a tiempo el agujero y lo saltó limpiamente, llegando sin problemas a la puerta del negocio. El primer santo era un utópico, un soñador; el segundo, un pragmático, como demostró al pedir enterrar el cadáver del sagrado.

En el primer debate producido en la ciudad sobre el impacto del Centro Comercial Lagoh sobre los barrios que le rodean, las asociaciones paulistas han defendido a capa y espada las virtudes del moll, mientras que las arimateístas han puesto de relieve que no todo son ventajas, y que habría de estar alerta ante la parálisis del tráfico y la probable polución que se acerca con su inauguración el próximo setiembre. Frente al purismo utópico de unos, se avanza una visión pragmática que busca resolver los problemas planteados sin negar, por supuesto, las indudables ventajas que Lagoh trae al espacio circundante.

En ese debate, celebrado en un centro docente de Heliópolis y donde intervinieron el director de Lagoh, el director del puerto de Sevilla, el director del Urbanismo municipal y el presidente de Parque Vivo del Guadaíra, el representante de Lagoh perdió los nervios al escuchar las críticas, acostumbrado a las alabanzas desmesuradas de los paulistas, y no fue capaz de ver que esas críticas no iban dirigidas contra él como persona, ni contra el centro comercial al que representaba, sino más bien hacia los organismos de los que depende la mejora del trazado viario principal y de los medios de transporte: tanto el Puerto como el Ayuntamiento como el Ministerio de Fomento y la Junta de Andalucía, tienen diseñados planes de mejora del entorno viario, pero han quedado desbordados por el nuevo fenómeno surgido justo en el cruce endemoniado de autopistas (SE-30 y A-4) y ríos (Guadalquivir y Guadaíra) cuya incorporación -así lo han indicado ellos- puede poner en aprietos a toda la zona, igual que una sola gota puede desbordar el vaso ya lleno hasta el borde.

El verdadero problema, que los paulistas no están dispuestos a reconocer, sería que Lagoh se atrincherara en las obras de aproximación que actualmente desarrolla, embriagado por el efluvio de las alabanzas, y no se alineara hombro con hombro con los arimateístas para urgir a las administraciones a una mayor celeridad para que el puerto habilitara la Avenida de Guadalhorce, que el Ayuntamiento acometiera de inmediato la línea 3 sur del Metro, y que Fomento culminara la construcción de la SE-40 con sus túneles, al menos en esa parte. Todas esas obras, hasta ahora costosas, se impregnan de sentido con esos 14 millones de vehículos que añade Lagoh, y los otros tantos que aportan la nueva barriada detrás suya que va a construir Metrovacesa, junto a la Ciudad de la Justicia que se proyecta también en Palmas Altas.

El de los arimateístas es un pragmatismo ambicioso, casi utópico, pero que mira a los ojos a los problemas urgentes y a quienes pueden resolverlo.

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