Cuaresming

José Ignacio Del Rey Tirado

Cita con la Buena Muerte

17 de marzo 2022 - 01:49

Les relataré un milagro de nuestra ciudad. Una semana al año, en cuaresma, en la capilla universitaria, el Cristo de la Buena Muerte habla. Bueno, realmente es un milagro cotidiano, del que pueden dar cuenta los estudiantes que van a contarle sus cosas. Allí reciben consuelo y fuerza de un Cristo y una Virgen que les hablan de tú a tú, en confianza, como si compartieran confidencias al atardecer, a orillas del Mar de Galilea.

En sus días de quinario, en esta semana, desde su elegante altar que compendia la fuerza de la historia y del ser universitario, la Buena Muerte de Cristo se nos muestra inusualmente locuaz. Nada más atravesar el umbral de la capilla se percibe un ambiente distinto y especial. No hay más que aguzar el oído para escucharle llamarnos, por nuestro nombre, y contarnos aquellas cosas que, a veces, no queremos oír.

Nos habla en una somniloquia milagrosa que nadie sabe explicar. Y nos habla a través de sus predicadores, de la adoración al Santísimo y, sobre todo, a través de las gargantas de estudiantes universitarios, benditos instrumentos de Dios, que rezan ante Él, nos hablan y conmueven. Un Quinario distinto a los demás, en sus formas y en su fondo. Un Quinario especial. Puede resultar un sarcasmo que, con la que está cayendo, unos acomodados ciudadanos del sur de Europa se reúnan para venerar la Buena Muerte. Como decía un gran impulsor de este modelo de quinario, el añorado arzobispo, nuestro Juan del Río, que bien sabía de dar respuestas de fe ante la muerte: "La muerte es el tabú de la modernidad. No es elegante hablar de ella". En unos días en que la muerte de nuestros semejantes es objeto de consumo habitual en nuestras casas, tiene más que nunca sentido unir nuestra fe y nuestra cultura para rezar, en esa divina conjunción que realiza nuestro Cristo de la Buena Muerte. Por eso este crucificado es el mejor y más perfecto compendio de todos los Cristos que hay en Sevilla, porque nos muestra, de manera única, la entrega y el abandono a la infinita misericordia de Dios, hasta el final, sin condiciones, por nosotros. Por eso su muerte es buena, y por eso la veneramos.

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