Análisis

Gumersindo Ruiz

Economía circular, una oportunidad para la empresa

La economía circular marca la transición hacia un sistema de producción y consumo con cuatro características: evitar residuos y contaminación ya desde el diseño; reutilizar y reciclar los productos en lo posible; regenerar sistemas naturales que se utilizan para la producción; y abrir posibilidades a nuevas empresas y empleos. Por ejemplo, el reciclaje inteligente de la ropa y volver a manufacturarla se estima que podría llegar a tener casi tanto valor como la producción de ropa nueva.

La Fundación Ellen MacArthur calcula que sólo en cinco sectores clave como son el acero, aluminio, cemento, plástico y alimentos se ahorrarían hasta 9,3 mil millones de toneladas CO2 para el año 2050, a lo que habría que añadir la aplicación de circularidad a la movilidad y la edificación. Otra perspectiva es la reducción de costes por las empresas, y se cita cómo Philips ha aumentado sus ingresos en un año un 13% mediante soluciones circulares. Una vertiente más es cómo la circularidad mejora la gestión del riesgo ambiental que suponen los desechos. Hay una tendencia clara en los tres últimos años a financiar estos proyectos, tanto en financiación bancaria como no bancaria, privada y pública; por ejemplo, el Banco Europeo de Inversiones encabeza iniciativas que ofrecen hasta 10.000 millones de euros para la economía circular.

Uno de los aspectos más interesantes es el empaquetado; una encuesta de McKinsey busca conocer las actitudes de los consumidores sobre el impacto de los envoltorios en el medio ambiente, así como el desperdicio de materiales. Para los consumidores la sostenibilidad en sí de un producto no es lo principal en las decisiones de compra, pues pesa más el precio, marca, calidad, facilidad de compra, y presentación, que el impacto medioambiental. Hay matices importantes según productos, de manera que, si bien las bebidas siguen el orden anterior, empezando por el precio y terminando con el impacto medioambiental, en los alimentos frescos la calidad es lo primero, seguido por el precio y la facilidad de compra, y luego van el empaquetamiento y el impacto medioambiental. En los productos tipo “fast food” son también importantes precio y calidad, y el empaquetado, impacto medioambiental y social, son prácticamente iguales en el orden de decisión del consumidor; hay que mencionar que la mayor preocupación ambiental se da en los productos de limpieza del hogar.

Hay varias ideas de interés para la empresa. Una es la regulación pública, que desde hace tiempo trata de evitar los envases y bolsas de un solo uso. La segunda es que los factores del empaquetado que preocupan a los consumidores no son los mismos en cada lugar, y la higiene, facilidad de uso, consistencia, información, aspecto, suelen ir por delante del impacto medioambiental, pero no con el mismo orden ni importancia. En tercer lugar, lo que preocupa a los consumidores con relación a la economía circular es muy variado, como la contaminación del agua y el mar, la generación de residuos sólidos, la contaminación indirecta del aire, la desforestación y consumo de recursos naturales. La cuarta idea es que los consumidores quieren más envases reciclados o reciclables, de cristal, metal, papel y cartón, frente al plástico, pero sus actitudes son intuitivas y no está claro qué es lo que esperan de las compañías. Esto nos lleva a que las empresas han de ser proactivas, colaborando desde el inicio con suministradores en la cadena de valor, más que intentar buscar al final una solución de empaquetado; también tienen que proporcionar una buena información, y promover la innovación en diseños y materiales.

La economía circular tiene nuevos retos con la crisis sanitaria y sus exigencias de higiene y seguridad en los productos, el tipo de materiales que se utilizan y la posibilidad de reciclaje; a

ello se añade el fuerte crecimiento del comercio on line y el servicio a domicilio, que hace aumentar la demanda de material para empaquetar. En suma, el conocimiento y análisis de la circularidad se ha convertido en una cuestión de interés actual innegable, donde junto a la regulación pública, la responsabilidad empresarial, el ahorro de costes, minimizar riesgos, y la tecnología, van de la mano.

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