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Tras seis décadas de esfuerzos e inversión de recursos nacionales y europeos, la convergencia económica y social de las regiones españolas es desigual e insuficiente. Muy intensa en las tres primeras décadas de los 60, 80 y 90 y decepcionante en las tres últimas. Paradójicamente a partir del proceso descentralizador de competencias autonómicas. En la última década, 2010 a 2020, la convergencia se ha detenido. Tras seis décadas, la divergencia en PIB por persona en edad de trabajar se ha reducido un 50%, pero los extremos del arco de la divergencia se mantienen inalterables: Extremadura y Andalucía siguen siendo las últimas y Madrid y las regiones del noreste las primeras. Durante estos años la investigación sobre las causas de divergencia regional ha sido muy intensa. Entre las causas podemos citar las disparidades en productividad, modelo productivo, tasas de empleo, capital humano, I+D+I, stock de capital, infraestructuras públicas y dimensión empresarial. Pero existen otras variables explicativas como la calidad de la democracia y sus instituciones, las políticas regionales y de Estado, las migraciones, las políticas de retención de talento y atracción de capital humano y las fuerzas de aglomeración de las regiones desarrolladas.

La investigación está dando gran importancia a la acumulación de capital humano como factor de desarrollo y de convergencia. Capital humano entendido como la suma de educación, salud, habilidades, experiencia, conocimiento y recursos humanos de investigación. El Banco Mundial estima que las disparidades en desarrollo están determinadas en más de un 30% por las distintas dotaciones en cantidad y calidad de capital humano. Un dólar invertido en capital humano genera más de 10 dólares en crecimiento. El espectacular despegue de países como Singapur, Corea del Sur o China sería incomprensible sin su prioridad en la educación interna e internacional, en la investigación y en la atracción y retención de talento docente, profesional y directivo.

Recientemente, Ángel Lafuente y Rafael Doménech han publicado un trabajo que analiza la convergencia en la educación como factor explicativo de la convergencia en el PIBpc. El resultado es que existe una estrecha correlación entre la convergencia educativa medida por el número de años de estudio y la convergencia económica. En las seis últimas décadas el número de años dedicados a la formación ha aumentado un 120%. En el año 1960, el 15% de la población era analfabeta, el 94% sólo tenía educación primaria y sólo el 3% estudios universitarios. En 2020 no hay analfabetos, más del 70% tiene educación secundaria y más del 25% estudios superiores. No obstante, la convergencia en educación, aunque importante, ha sido desigual e incompleta, permaneciendo inalterados los extremos, con Extremadura y Andalucía en la cola, por debajo de la media española, y con Madrid y las regiones del noroeste a la cabeza: tanto en 1960 (Extremadura 3,89 años, Andalucía 3,93 y Madrid 5,76) como en 2020 (Extremadura 9,25 años, Andalucía 9,87 y Madrid 11,65).

Siendo tan evidente la correlación entre educación y desarrollo, los políticos todavía no son conscientes de su prioridad y de la necesidad de un pacto de Estado. El problema es que los efectos de la educación son visibles a partir de los 10 años y las elecciones son cada cuatro.

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