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Glaucoma

Esta patología afecta al 3% de la población y la edad es el mayor factor de riesgo

El glaucoma suele pasar desapercibido porque en sus fases iniciales es silencioso y no muestra síntomas. Al tiempo, aparecen los síntomas más habituales, que según la Clínica Universidad de Navarra (CUN) son la pérdida de agudeza visual, la pérdida de visión central, los halos de luz o colores alrededor de las luces brillantes, dolor de cabeza o dolor ocular y náuseas o vómitos. En cuanto al momento en el que se deben realizar las pruebas de detección del glaucoma, la CUN afirma que deberían hacerse antes de los 40 años, cada dos a cuatro años; desde los 40 años hasta los 64 años, cada uno o dos años; y después de los 65 años, cada seis a 12 meses.

Se acaba de celebrar el Día Mundial del Glaucoma (12 de marzo), cuyo objetivo es concienciar a la población sobre la necesidad de prevenir esta enfermedad, principal causa evitable de ceguera en España, junto a la diabetes. Según la Sociedad Española de Glaucoma (SEG), este problema ocular afecta a más de un 3% de la población, principalmente a los mayores de 60 años.

El doctor Julio Maset, médico de Cinfa, detalla que “la retina de los ojos es la lámina que recibe la luz y genera la imagen. Ésta es transmitida por millones de células nerviosas, que transforman la luz en un impulso eléctrico y envían el estímulo visual al cerebro a través del nervio óptico. En el interior del ojo existe líquido que sirve para mantener una determinada presión ocular. Cuando esta presión aumenta (hipertensión ocular) y si esta situación se mantiene en el tiempo, las células nerviosas mueren y la visión se va deteriorando, lo que deriva en el conocido como glaucoma”.

Se considera que la edad es el factor de riesgo más importante, si bien también presentan mayor probabilidad de padecerlo quienes tienen antecedentes familiares. Hay una serie de consejos contrastados por los expertos que indican que hay que revisar la vista con regularidad y seguir una dieta rica en antioxidantes y vitaminas (tomar frutas y verduras diariamente y consultar con el médico o farmacéutico la posibilidad de tomar complementos alimenticios de arándanos y vitaminas, minerales y antioxidantes).

También es necesario beber agua de manera abundante, practicar ejercicio físico moderado y regular. Es evidente que no se debe fumar y es bueno controlar el estrés (puede anular o reducir el efecto de los medicamentos). Se debe cuidar la postura al dormir (es recomendable elevar algunos centímetros la cabecera de la cama y que evitar dormir boca abajo), moderar el consumo de café (no consumir más de tres a cuatro tazas de café al día) y adecuar el entorno a las necesidades, ajustando la iluminación. Por último, es importante seguir fielmente la medicación indicada por el especialista, teniendo en cuenta que las personas con tensión ocular alta deben evitar los corticoides –incluyendo los tópicos- y los fármacos vasoconstrictores. Aunque lo mejor siempre es un oftalmólogo de confianza. Es lo que hay. Seguro

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