A diestro y siniestro

Izquierda unida, derecha desangrada

Había una tradición en la política española: la izquierda, muy ideologizada y tiquismiquis, es incapaz de superar su división, mientras que la derecha, más pragmática, siempre afronta los grandes desafíos sólidamente unida por sus intereses comunes.

Había, digo. En estas elecciones la tradición se ha invertido. La izquierda se presenta completamente unida y la derecha se desangra un poco más cada día que pasa. La explicación está en que la hegemonía del PSOE no la discute Podemos, que acepta su posición subalterna, en tanto que en el bloque de centroderecha PP y Cs disputan la primacía a cara de perro. Por si fuera poco, Vox no admite ser un convidado de piedra, sino un tercer comensal en el ámbito conservador, casi al mismo nivel que los otros, no dispuesto en absoluto a apoyar desde fuera una hipotética coalición derechista. Se ha visto en los debates. Iglesias ha dado pellizcos de monja a Sánchez, tan sólo para pedirle un hueco en su gobierno futuro. En cambio Casado y Rivera se han combatido sin piedad. El gran objetivo de cada uno es sacar más votos que el otro. Están resultando ser los grandes enemigos de la campaña. Mientras, Vox llena sus mítines con más gente que nadie.

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