Rompedor Nin
Nazareno y nazarena
Cada Jueves Santo ayudaba a mi hijo de pequeño a revestirse con la túnica del Cristo de los Negritos. Se había apuntado a esa hermandad por devoción al Santísimo Cristo de la Fundación, incluso había ahorrado para pagar su inscripción de hermano, pues le habíamos hecho valorar que el apuntarse a una hermandad era un acto comprometido y no como un deseo más, fácil de conseguir, y llevaba implícito un compromiso y una devoción. Cada Jueves con la túnica del escapulario azul nos íbamos camino de la calle Recaredo, y al llegar al templo, lo primero rezar ante los titulares. Con nervios mi hijo se colocaba en el tramo correspondiente uno de los primeros, pues era pequeño aún. Comenzaban a salir los nazarenos en parejas en una bella armonía y seriedad, una escena que parecía del pasado, de siglos atrás, cuando se fundara el hospital para negros, origen de esta corporación. Al salir el paso de Cristo se oye en la lejanía una bella saeta y después comienzan a salir los nazarenos de Nuestra Señora de los Ángeles. Imagen que pronto será coronada, dentro de un amplio programa de actividades en reconocimiento a la devoción que Sevilla le profesa.
Este breve recuerdo es un pequeño homenaje a tantas madres y padres que están al lado de sus hijos e hijas y hacen posible que ellos hagan su estación de penitencia a la Catedral, al principio un trayecto corto, pero cada vez más largo conforme van creciendo hasta que llega un momento que lo hacen completo y entonces los padres de pronto perciben que ese pequeño nazareno ya no es tan infante, pero, a su vez, se sienten orgullosos de haber educado y formado un penitente. El hermano que camina junto a su titular va proclamando su fe. En este aspecto la estación de penitencia tiene una connotación, no sólo de la Pasión de Jesús, sino también de conversión y reconciliación, de participación fraternal. Por eso, vestirse de nazareno debería ser como "revestirse espiritualmente" del mismo Jesús de Nazaret.
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