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Análisis

rogelio rodríguez

PSOE y PP comparten la misma esperanza

Quieren recuperar el bipartidismo y necesitan agudizar el desgaste de sus más fronterizos

Pedrosánchez toma aire en Doñana mientras, según fuentes oficiosas, reconstruye, en contacto permanente con sus más directos colaboradores, una propuesta programática que incluya las principales conclusiones obtenidas en su maratón de encuentros con casi doscientos colectivos. Al presidente no le ocupa el desplome del Íbex 35, ni los panderos que ensordecen la economía de Alemania y amenazan con gripar de nuevo los motores de la Unión Europea. Sería lo propio en una situación de estabilidad política, como lo sería el inmediato abordaje de otras cuestiones internas que precisan medidas urgentes, muchas de ellas necesariamente consensuadas entre las formaciones constitucionalistas.

Pero no es el caso. Ni es factible. Sánchez es el presidente en funciones de un Gobierno desvaído y el candidato víctima de la polarización izquierda-derecha que él mismo ha alentado desde su rocambolesca llegada a La Moncloa. Progresistas y liberales -como prefieren denominarse ahora- conforman dos monolitos berroqueños, trufados de discordia entre ellos mismos, ocupados en la destrucción del adversario e incapacitados, por tanto, para restaurar la salud del sistema. Las coaliciones entre partidos que se disputan el mismo espacio están determinadas por la erótica del poder, son producto de una coyuntura, no una convicción, y sus lealtades se diluyen conforme avanza la legislatura.

PSOE y PP lo ocultan, pero los dos comparten la misma esperanza: recuperar el bipartidismo, para lo que necesitan agudizar el desgaste de sus más fronterizos. Urge a los populares, antes de que los tribunales dicten sentencias sobre la maraña de corrupción que arruinó su crédito, y apremia a los socialistas, convencidos, en su mayoría, de que la única salida al paroxismo es la convocatoria de elecciones. No porque tengan plenas garantías de obtener en las urnas una victoria suficiente, sino porque, descartado -de forma harto insensata por ambas partes- un acuerdo entre el PSOE y Cs, cuya mayor factura correrá a cargo del partido naranja, el resto de alternativas verosímiles conducen al mismo destino y, muy probablemente, por caminos mucho más accidentados.

La dirección socialista no excluye todavía la eventualidad de un pacto in extremis, sin hipotecas impagables, con Unidas Podemos, respaldado por nacionalistas y secesionistas -siquiera como señal de humo al electorado de izquierdas-, pero, de producirse, también es consciente de que deberá caducar a corto plazo, el tiempo suficiente para ganar titulares compensatorios y demostrar que con esos socios es imposible gobernar. Otro Gobierno débil, al pairo de los espurios intereses de populistas y soberanistas, aumentaría sobremanera las expectativas del centroderecha.

Iván Redondo, el gurú de la estrategia política que marca el rumbo de Pedro Sánchez, ha diseñado una contundente ofensiva con dos grandes objetivos: 1) La rendición incondicional de Unidas Podemos, lo que supuestamente conllevaría el funeral político de Pablo Iglesias, o conducirlos a las urnas en su peor momento de popularidad. Y 2) Invadir también el espacio que Ciudadanos ha abandonado en su desmesurado afán por hurtar al PP el liderazgo de la derecha.

Falta saber si en noviembre la gente seguirá pensando como Tezanos dice que piensa ahora.

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