Salud sin fronteras

Pacientes y médicos hoy

El paciente experto no siempre es bien aceptado por los profesionales

En la relación médico-paciente se establece el marco de actuación en el que el profesional y la persona enferma interactúan bajo la tutela del médico con el objetivo de mejorar el estado de salud o curar a quien sufre la enfermedad.

Es una relación originariamente asimétrica que cada vez cambia más debido (entre otras razones) a la continua y creciente mayor capacidad que tiene el paciente para obtener información relativa a su patología, generalmente en internet. Así, lo que prácticamente siempre era una relación con una figura experta casi indiscutible (el médico), cambia paulatinamente ante la figura de un paciente cada vez más empoderado y más exigente para recibir una práctica clínica de excelencia.

Está situación no siempre es bien aceptada por aquellos profesionales de la medicina que interpretan que en ese contexto es más difícil ejercer la práctica clínica y conseguir el éxito en las intervenciones. Yo no lo veo así y mucho se podría debatir al respecto; pero lo que es una realidad indiscutible es que el perfil de nuestros pacientes cambia a pasos agigantados.

A mi personalmente me parece positivo que el paciente sea un paciente experto capaz de entender su patología y gestionar el proceso de su enfermedad e implicarse en la relación con el médico y debatir sobre las alternativas de acción y sus bases de evidencia clínica. Un paciente así hace que el médico tenga que argumentar sus diagnósticos, sus terapias o sus recomendaciones. Más allá de que hace más compleja la relación médico-paciente, el paciente experto es un estímulo para la calidad y la aplicación de evidencias en la práctica clínica.

La mayor complejidad que tiene esta relación con el paciente experto es algo para lo que habitualmente no se entrena a los futuros médicos en las facultades de Medicina, ni está suficientemente reconocida en los códigos de comportamiento tradicional, lo que genera tensiones y disconfort en el día a día de muchos profesionales. El paciente experto, aunque añade complejidad al trabajo asistencial, es un estímulo para la excelencia en la práctica clínica. Pero, también es un reto personal y profesional que requiere de un despliegue de habilidades de comunicación y de relación para empatizar y aplicar inteligencia emocional en las situaciones en que ello sea un requisito para el éxito.

La relación médico-paciente que se genera con enfermos expertos es producto y reflejo de la sociedad que nos ha tocado vivir y tengo que decir que a pesar de su complejidad y la dificultad que puede generarse, la experiencia del paciente, sus inquietudes y puntos de vista, pueden ser un magnífico recurso para conseguir el objetivo que nos guía: curar y cuidar haciendo frente a la enfermedad y sus consecuencias. Adaptemos la práctica profesional a la nueva sociedad. Creo que es lo mejor.

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